sábado, 22 de noviembre de 2014


 
ÉSTE ES EL LUGAR

Éste es el lugar donde el cielo encuentra la tierra, y aquellas  fronteras que lo delimitan se difuminan en el lejano horizonte. Donde los sueños  obtienen alas para volar alto y sienten alcanzar el azul esmeralda del cielo. En éste lugar, el tiempo se detiene y uno se olvida de su existencia, del espacio, y de si mismo, ante la inmensidad y la calma de sus quietas aguas que despiden ligeras ondas a través del océano.  Éste es el lugar donde uno camina un largo sendero  tan maravilloso y lleno de vida como su  mismo destino final, al otro extremo del camino;  donde uno pretende que estudia y  la naturaleza se impone y te recuerda que ella es más interesante y que a veces, es necesario  observarla detenidamente;  donde  las mañanas resplandecen porque el sol embellece sus rayos con mascara  y los atardeceres toman tonos rosáceos por el rubor de sus mejillas. Es el lugar donde  los mosquitos cobran cuota de admisión y de salida que uno desearía pagar con tarjeta de crédito, pero que se paga sabiendo que el espectáculo valdrá la pena.  Es el lugar donde se recobra la esperanza que no se sabía pérdida; donde se recupera calma que inexorablemente se pierde cuando tu psicoterapeuta decide terminar contigo porque irá en busca de nuevos horizontes y también, de clientes que paguen a tiempo (es broma, N. Fleitas, eres la mejor del planeta ); donde el universo y la voz de Deepak Chopra invitan a la meditación y conspiran para que uno se sienta en paz consigo mismo. Es el lugar donde las oraciones toman atajos para llegar a quien las escucha;  donde uno encuentra a Dios sin proponérselo.

THIS IS THE PLACE

This is the place where the sky meets the earth, and its borders fade away into the distant horizon. Where dreams get wings to fly high and they feel like reaching the beautiful blue sky. In this place, time stands still and is easy to forget about everything, about the space, even about oneself; especially when observing the immensity and the calm of its still waters and their light waves making gentle ripples across the ocean. This is the place where you walk a long path as wonderful and full of life as the same final destination at the other end of the road; where one can just pretend to study because the imposing nature reminds you that she is more attractive than anything else and, that, sometimes  it is necessary to observe her carefully. This is the place where mornings shine because the sun embellishes its rays with mascara and the sunsets take pinkish tones because of the blush of its cheeks. It’s the place where mosquitoes charge an admission fee and a payment before leaving; a payment one would wish to pay with credit card, but that is happily paid because you know the view is totally worth it. It's a magical place where hope, a hope that no one knew lost, is recovered; where one can restore the calm that is inevitable lost when your psychotherapist announces termination against your own will because she needs to search for new horizons and also, customers who pay on time (just kidding N. Fleitas, you rock!). This is the place where the universe and Deepak Chopra’s voice invite you to meditate and they both conspire to make you feel profoundly at peace. It's the place where prayers take shortcuts to reach its Listener; where one finds God without really mean it.
 

#biscaynenationalpark #blackpointmarina #Ineedanewshrink #mayIpaywithcreditcardplease #seriouslyIneedashrink

 

viernes, 4 de julio de 2014

Para k. koosh, la extraordinaria “pulga” que se ha robado mi corazón y no me lo quiere devolver


 



Para k. koosh, la extraordinaria “pulga” que se ha robado mi corazón y no me lo quiere devolver

Me parece que a ti no te importó mucho mi presencia el primer día que nos conocimos. Yo nunca olvido esos “primeros días”: Tú estabas medio dormida,  mientras Mayte, la señora que te cuida,  te vestía y te peinaba con dos colitas de caballo, una en cada lado. Tal vez no habían grandes expectativas acerca de nada, incluso me atrevo a decir, que habían realmente muy pocas expectativas acerca  de lo que mi presencia podía traerle a tu vida. Pero a mí me ese sentir no me incomodó.

Yo tenía muy claro mi propósito contigo; vine a hacer lo mejor posible, a dar lo mejor de mí. Pero porfita, no malinterpretes esta frase porque ese primer día, yo estaba muy lejos de ser esa maestra perfecta que ya sabía todo lo que venía a enseñarte. De hecho, estoy demasiado lejos de esa perfección, mi niña: yo soy un aprendiz como lo es usted, señorita K. Créeme cuando te digo que yo estoy aprendiendo contigo: todos somos aprendices en esta aventura llamada vida. Pero quiero que sepas que vine a ti con la sóla idea de hacer todo lo que en mi estuviera posible para ayudarte. Vine a ti, inspirada por otros niños que como tu tienen autismo. Vine a darte lo mejor de mí, teniendo a Dios como motivo y motor: “Dios mueve montanas” y también, me mueve a mí. Hago este trabajo con amor y paciencia (tanta paciencia que Él me regala cada día). ¿Quieres saber mi secreto? Mi único secreto es que guardo a Dios en mi corazón. 

Yo no me espanté fácilmente con esos llantos tuyos (me reúso a llamarlos berrinches porque la palabra “berrinche” me suena a malcriadez y yo entiendo la función tan importante que esos llantos tenían para ti: eran el único  medio de comunicación a tu alcance), pero vaya que podías tener algunos de esos llantos verdaderamente grandes. Sin embargo, yo no me dejé intimidar por ellos. ¡De ninguna manera! Estábamos en esta  aventura  juntas las dos, todavía lo estamos. Quiero que sepas que yo guardar é en mi corazón los momentos que han sido difícil entre nosotras; cada llanto que has tenido, cada momento de frustración, enojo, irritación, cada ocasión en la que hiciste volar tus juguetes al otro lado del cuarto o jugaste nerviosamente con tus manos porque rebasé tus limites o te exigí demasiado. Todos y cada uno de ellos los guardo porque son sutiles recordatorios de la razón por la cual yo trabajo contigo y también, grandes recordatorios de qué tan lejos has llegado desde que empecé a trabajar contigo hace ya un poco más de un año atrás.

¡Cuánto has avanzado, K! Yo nunca voy a olvidar la primera vez que tú dijiste: ¡Bye, mamá! Y mami empezó a llorar (y seguro sintió como no querer irse nunca) y a Mayte se le llenaron los ojos de lágrimas y ¿a mí?, a mí tú por dentro me hiciste llorar también porque todas nos sentimos tan emocionadas de escuchar tu hermosa vocecita. O aquella vez que llamaste  a Mayte a través de la ventada como cien veces, repitiendo su nombre incansablemente porque tú querías estar con ella, porque querías estar en el chisme y ella, ella no te llevó consigo. Ese día cuando te escuche llamándola, no te reconocí, al principio, no podía creer que eras tú la que la hablaba…ese día yo grabé  tu hermosa voz en mi corazón y aprendí a reconocerla también.  Tampoco olvidaré aquel día en el que me atraganté  mientras tomaba agua y  empecé a toser y  tú te acercaste a mí y de manera espontanea, me preguntaste en tu particular y divino modo: “¿Tú bien?” Mientras me dabas dóciles palmaditas en la rodilla (porque no te había caído “el veinte” de que las palmadas se dan en la espalda); tú me diste una mirada de sincera preocupación y tu gesto me derritió por completo.  Especialmente bello fue el día en el que me pediste un abrazo y me dijiste “te quero, Juana” y me hiciste la terapista más feliz sobre la faz de la tierra cuando escuche tus palabras, TUS palabras que sin duda alguna, no sólo expresaron afecto si no que también, me hicieron sentir que debía estar haciendo algo bien contigo. O uno de esos múltiples días en los que trabajamos tanto y tan duro, en el que recuerdo que trataba de enseñarte a tocar objetos en secuencia y tú hiciste un pequeño error al final; yo te sonreí y te di una mirada expresiva como diciendo “casi lo logras, pequeña” mientras ligeramente negué con mi cabeza. ¿Quieres saber que fue lo que tú hiciste? Me sorprendiste de regreso con una mirada cómplice y una sonrisa que denotaba un “Si, si, ya sé que me salió mal”.  Tú me robaste el corazón en ese momento, ese maravilloso momento que fue tan importante porque te encontré hermosamente despierta y consciente de lo que pasaba a tu alrededor; porque ese día aun que no te encontrabas perdida, yo sentí  que encontré a la K. que desde hace tiempo esperaba hallar. O como ayer, cuando sentada al lado tuyo mientras terminaba de llenar papeleo del trabajo, extendiste tu manita para que yo la sostuviera mientras tú tratabas fallidamente de dormir tu siesta (pero no podías porque estabas demasiado emocionada por tu fiesta de cumpleaños que estaba a unas escazas horas de empezar).  Todos esos bellos momentos y todas esas risas que me has provocado con esas pequeñas y tontas cosas que has hecho o dicho son incontables (no tienes idea de lo graciosa que eres) y han valido la pena todos y cada uno de esos momentos difíciles que hemos tenido y que todavía nos faltan por tener.

Yo sé que todavía tenemos un largo camino por recorrer; tú aun necesitas hablar más y ambas tenemos mucho por aprender.  Pero quería que sepas que estoy orgullosa de ti, mi pequeña pulga, de todos tus logros, de todos esos momentos cuando tratas de decir lo que tienes en la mente y tratas de entender lo que pasa a tu alrededor. Estoy muy orgullosa de esa voz tuya tan entusiasta a la constantemente se le “traba la lengua”  con un lenguaje que pareciera no ser tu lenguaje natal, pero que trata incansablemente de expresarse, hasta llegar al grado de frustrarse. Yo entiendo tu frustración y tu nerviosismo cuando esas palabras no salen bien dichas. Créeme, te entiendo perfectamente porque te enseño en un lenguaje que no es el mío, que tampoco me sale de manera natural (O Dios mío, si hasta ahora tú sigues pronunciando la palabra “tortuga” mal, puedes echarme toda la culpa). Estoy muy complacida con tus logros porque cada palabra nueva que tú dices, cada nueva expresión que eres capaz de leer de nuestras caras, cada pequeño paso que das hacia adelante son mi mejor recompensa, mi mejor refuerzo positivo, la mejor afirmación de que éste es el lugar donde Dios quiere que yo esté. Tú eres parte de la razón por la cual yo amo tanto mi trabajo y estoy extremadamente feliz de dedicar esta parte de mi vida a tu pequeña y maravillosa persona. 

Sé que no leerás esto pronto ya que estas a punto de cumplir sólo cuatro añitos mañana.  Pero yo espero que algún día cuando puedas leer esto, tú te enteres de cuando yo te quiero y de lo importante que tú eres para mí.

Con muchísimo amor,

Johanna
 

 



To k, the extraordinary kiddo that stole my heart and does not want to give it back!


It seems to me that you did not care much about my presence the first day that we met.  I never forget those “first days”. You were half asleep and Mayte was dressing you up and doing your hair in two ponytails. There were no high expectations about anything and I daresay, there were indeed, really low expectations about what my presence could do in your life. But I was fine with it.

I was very clear about my purpose with you and I came to do my best with you. But please, do not misinterpret this phrase, because that first day I was far away to be the perfect teacher that knew it all.  Actually I am still very distant from that perfection my little girl; I am just a learner as you are, Miss K., believe me when I say that I am learning with you, we all are learners in this journey called life.  But please, know that I came to you with the idea of doing whatever it was in my hands to help you, I came inspired by other children like you that have autism, but I would do my best because I came to you, moved by God.  I do this job with love and patience (so much patience that God grants me every day). Do you want to know my secret? My only secret is kind of simple… I keep God in my heart!

I did not get scared easily by your meltdowns: oh boy! You could have big ones!  But I was not getting intimidated by them. No way!  We were in this together, we still are…Know that I will keep every hard moment we have gone through in my heart;  every cry, every moment when you got irritated, mad, frustrated, every occasion when you made toys flew over the other side of the room or when your hands fidgeted because maybe, I pushed your limits too much. I will keep them because they are friendly reminders of the reason why I am here with you, and also, of how far you have gone since I started working with you a little bit more than a year ago.

How far have you gone K! I will never forget the first time you said: Bye mama! And mami started crying (and I am quite sure she felt like not leaving anymore), Mayte got teary eyes and inside, you made me cry too, because we were all so excited to hear your beautiful little voice. Or the time when you called Mayte by the window a hundred times because she did not take you with her outside the house and you wanted to be there because you have always been such a  pretty little nosey;  when I first heard that voice of yours I was astonished, I couldn’t believe that was you the one speaking aloud, that day I recorded your voice in my heart forever and I learnt to recognize it too. Or the time when you spontaneously asked me , in your own and unique way, “you okay?” when I started coughing because I swallowed my water the wrong way and you patted my knee (very closed to my back ;) nice going, K! ); you were genuinely worried about me and your gesture melted my heart.  Or when you asked me for a hug and you said: “I loliu, Yuana!” And you made me the happiest therapist on earth with your words, YOUR words that not only expressed affection but also, were conveying that I must have been doing something good with you.  Or one of those multiple days when we worked so hard, I remember I was teaching you to touch objects in sequence and you made a small mistake at the end;  I smiled and looked at you like saying with my eyes “almost, kiddo” while I slightly shook my head. Do you want to know what you did? You surprised me back with this knowing look and that “I am so aware that I did a mistake, oopsy!” smile. That moment you stole my heart, that sole moment  was so important because I found you beautiful awake at what was happening around you; because that day you weren’t lost and yet, I felt awfully excited to found you there.  Or yesterday, when I was sitting down right next to you trying to finish some paperwork and you extended your tiny little hand so I could hold it while you were trying to fall asleep (but you couldn’t because you were so excited about your upcoming birthday party). All those beautiful moments and all laughs I have had by the silly things you have done or said are countless (you have no idea how hilarious you are!!!) and they are worth every single hard moment we have had, and that we will still have.

I know our journey is not over yet, we still have a long path to walk; you still need to talk a lot more and we both have a ton to learn. But I wanted you to know that I am so proud of you, my little one, of all of your accomplishments, of all the times when you try so hard to speak out what you have in your mind and try to make sense of the environment around you. I am proud of that enthusiastic little voice of yours that gets tongue tied so often by a language that is not native to you, but that keeps trying and trying, even to frustration. I understand your frustration and your nervousness when those words do not come out right. Believe me, I do very well as I teach you in a language that it is not mine, that it does not come naturally to me (if by now you are still mispronunciating “turtle, oh Lord, you can blame it on me) . I am pleased about your accomplishments because every new word you say, every new expression you are able to read from our faces, every little step you take forward are my best reward,  my positive reinforcers,  the best affirmation that this is the place where God wants me to be. You are part of the reason why I love my job so much and I am extremely happy of dedicating this part of my life to you.

I know that you won’t read this any time soon as you are just turning four tomorrow. But I hope one day, when you can read this, you can know how much I love you and how much I care for you.

Happy Birthday K. Koosh! With so much love, 

Johanna

 
 

 

martes, 15 de abril de 2014

El lago de Dios



 
El lago de Dios me inspira cuando lo camino cada mañana. En sus alrededores se conjugan dulces melodías, mezclas de la tecnología móvil con la naturaleza, olores frescos de la grama humedecida con aroma a primavera, se conjugan risas, llantos, voluntad y esperanza de la gente que como yo lo visita a diario. Lleva un nombre que yo misma le inventé para poder llamarlo de alguna manera.

Cuando camino a la orilla de sus aguas plácidas, lo miro sin mucho detenimiento, a pesar de ser prueba irrefutable de la presencia de Dios. Es simple para ser un lago y sin embargo, no hace falta contemplarlo largas horas para entender de donde proviene su belleza, ni cómo le transmite a mi alma esa paz inexplicable, especialmente cuando mamá pata nada en él con sus pequeñas crías,  o cuando el silencio de la mañana invade sus aguas con roció y los rayos tenues del sol se reflejan en sus aguas con timidez.

El lago de Dios es tibio y callado como mi alma que en sus mejores momentos agradece el lago, las flores, las nubes y la vida misma y en sus días de ingratitud, sólo agradece el lago por la calma que le comunica.  A mi paso, las flores de sus orillas exhalan a todo pulmón sus perfumes para mi deleite y mis alergias y entonces, confirmo el presentimiento más grande que mi alma pueda tener: Que la presencia de Dios está aquí y siempre lo estará. Mientras camino, pienso que este paisaje debe estar lleno de historias y que este lago las atesora como fiel guardián en su memoria; pienso que en este lago no hay oración, llanto o alegría que no alcance al cielo. Pienso que sin duda alguna, no hay cabida para la simpleza cuando un lago es de Dios.

En la presencia de mi respirar profundo y de ésta tranquilidad que mi alma cristiana añora, la palabra Namasté invade mi pensamiento y mi espíritu y  entonces, deseo  de todo corazón que lo divino en mí, sea capaz de honrar lo divino de cada una de las almas que atraviesan mi camino. Deseo inhalar calma y exhalar paz, deseo respirar a Dios y darle la bienvenida. Estando en el lago de Dios, pienso que todo es posible.

lunes, 8 de julio de 2013

EL VALOR PARA LA ZARIGÜEYA MAMÁ


Ella miraba su cuerpo yerto, tirado quisiera decir en medio de la mar para que sonara romántico, pero era más bien a la orilla de la calle. Lo miraba incrédula, sin saber qué hacer, ni cómo moverlo para que aquel cuerpo ya sin vida no fuera atropellado de nuevo. Cuando yo los encontré, no había mucho que hacer. Miré aquella pata y no tuve consuelo alguno para ella. Era como si ella, con su pequeño cerebro patuno, entendiera que su compañero de vida la había dejado para siempre. Continué viendo la imagen a través del espejo retrovisor con los ojos vidriosos. La tristeza de aquella imagen, digna de publicación del National Geographic, se tomó con la cámara de mi corazón, se guardó en el álbum de mi mente para siempre. Sentí el pesar de la nueva viuda. Lloré camino al trabajo, como si aquel animalito muerto hubiera sido mío. Como si hubiera tenido patos toda mi vida. Aquella imagen me rompió el alma. Un alma que se había resquebrajado ya hacia un mes atrás con la zarigüeya mamá, aunque su historia parecida, tuvo un final muy distinto.

Encontré la zarigüeya mamá oliendo la calle con un caminar errático y lento, con un comportamiento atípico de una zarigüeya mamá. Yo detuve mi andar para observarla. Quizá fue Venus más inteligente que yo para deducir lo sucedido porque se echó a lado de la bicicleta como entendiendo que su paseo recién comenzado, estaba a punto de acabar. Yo observaba preocupada cómo aquel animal olfateaba el piso de aquella avenida, como si estuviera olfateando fruta fresca, en la libertad de una pradera que no ofrece peligro alguno. Fue hasta que alguien me gritó que un carro la había atropellado cuando todo tuvo sentido. Mi corazón palpito con desespero, con ese desespero que me hace sentir el aire falto y poca clara la conciencia. El animalito olfateo un par de veces más y de repente, cayó a media calle dramáticamente, como si entendiera qué parte de la historia se estaba contando. Me armé de valor, dejé un lado la cordura y con mis dotes de policía de bajo sueldo, logré dirigir el tráfico para que no la atropellaran de nuevo. Ya que la tuve fuera del inminente peligro de otro idiota conductor, descubrí la naturaleza de su estado: aparte de mal herida, era mamá; cinco o seis colitas le colgaban la panza y se le movían por dentro de la bolsa, mientras ella seguía en estado de shock. Tuve que empezar a llorar porque no me queda más remedio cuando estas situaciones pasan. Después de un par de llamadas sin éxito, me atreví  a llamarlo a él, quien se apiado de mí y de mi alma atribulada, más que la del animalito aquel, esa mañana de domingo que resultaba más como madrugada para él. Fue más eficiente que yo para encontrar un sitio donde curaran animales salvajes y nos llevó ahí sin reparos, afligido por mis llantos y sollozos y un tanto, motivado por la alegría de saber que si nos llevaba ahí lejos donde Bob, las probabilidades de estar de vuelta a tiempo para ir a la iglesia serían casi nulas.

Si fuera más joven, guapo y delgado, hubiera besado al señor Bob, quien fue el único que respondió a nuestro  desesperado llamado de auxilio: SOS. Revisaron a mamá zarigüeya y nos dieron buenas esperanzas porque su columna vertebral estaba intacta. El animalito y sus crías estaban ya en buenas manos, pero la tristeza se había apoderado de mi alma: ¿Qué podía haber en el alma de aquella persona que atropelló a mama zarigüeya  y no se detuvo a auxiliarla?, ¿acaso no tenía alma?, ¿si lo tenía, por qué no se detuvo a ver si podía hacer algo por aquel animalito?, ¿cómo alguien podía ser tan indiferente hacia el sufrimiento animal?, ¿acaso aquella vida animal y la de sus crías no tienen el mismo valor que la de cualquier otro ser ante los ojos de Dios?, ¿Tenemos derecho los seres humanos a invadir los espacios naturales y llenar de edificios para luego,  justificar nuestros actos diciendo que los invadidos somos nosotros?, ¿Hasta qué punto nuestros deseos y “necesidades” son suficientes para justificar todos los atropellos que se cometen en contra de los animales y la madre tierra? No, no era nostalgia de nada, era depresión total. Rebatía en mis adentros aquel pensamiento hermoso de la vecinita que un día me dió tratando de infundir ánimos en mí.  ¿Y cómo no iba a deprimirse mi alma si se le presentaba con una realidad tan cruel y dura como la de aquella mañana?

Ojalá mi pequeña sobrina de tres años algún día entienda mis razones para no celebrarle la foto de aquellos pescaditos que con  sorprendentes destrezas físicas atrapó en un vaso de plástico a la orilla del mar. Ojalá mi hermano haya devuelto, como prometió, a esos pescaditos a su lugar de origen, antes que amanecieran flotando en el vaso.  Ojalá mi sobrina no piense que su tía está loca por cruzar intempestivamente tres carriles para salvar al iguano que iba pegado en el parabrisas de su carro, antes de que volara como Superman por la carretera de alta velocidad. Ojalá no piense que su tía se deprime por nimiedades.

Si tan sólo entendiéramos, si tan sólo. Amar la naturaleza significa respetarla. Respetar la vida de cualquier ser viviente, no importa lo insignificante que pueda parecer, es una enseñanza de compasión que deberíamos transmitir a nuestros hijos. Respetar la vida tiene un gran valor, no sólo para el ser humano, sino también para aquel animal a quien se le ha permitido seguir viviendo.  ¡Respeta la vida animal y recuerda la compasión se enseña con ejemplo!

Johanna Ku-Britton

lunes, 22 de abril de 2013

EL SILENCIO DE EMILY


   Emily era en el fondo de su alma introvertida, tímida, un tanto temerosa. Frecuentemente, sufría de verborrea crónica por eso, nadie lo notaba. A veces, hablaba con su gente; a veces, con desconocidos. Algunas otras,  hablaba con su mascota favorita como si le hablara a un niño de cinco años. También hablaba con sus plantas, especialmente si su mascota favorita había sido descortés y las había maltratado y mordisqueado sin reparos. Si encontraba una flor nueva, le daba piropos y le mentía diciendo que no había visto ejemplar más hermoso; las respiraba una y otra vez hasta sentir que se acababa sus aromas.  La hacía muy feliz deleitarse con la naturaleza. Muchas veces, cuando no había nadie alrededor, Emily hablaba consigo misma. Algunas veces,  se recriminaba por perder el tiempo pensando en nimiedades de la vida que tontamente le causaban estrés, sobre todo si el monologo interno ocurría mientras hacía quehaceres que los adultos llamaban importantes. Otras, examinaba a profundidad la condición de su alma, sobre todo desde que aprendió que  la boca hablaba de lo que le sobraba al alma. A veces, hablaba con Dios y le pedía que no la dejara decir idioteces. Le daba miedo ser como aquellas jóvenes que sólo sabían hablar de boberías como maquillaje y zapatos de tacón. Y no es que tuviera nada en contra de los zapatos de tacón que le hacían lucir sus hermosas piernas más largas y torneadas de lo normal, aunque le dieran dolor en los dedos, los tobillos y las rodillas. Pero por si acaso, le pedía a Dios el don del silencio, especialmente cuando algún comentario malicioso o demasiado simple pasaba por su mente. Emily  no era siempre buena, pero Dios escuchaba sus súplicas; por eso, de repente callaba. Y cuando lo hacía con intención, se sentía inteligente; otras veces, no había intención alguna, simplemente callaba con aspecto distraído. Y cómo no hacerlo, con ese pensamiento suyo tan intruso que no la dejaba nunca en paz, que la distraía a cada rato. Y vaya que la distraía, especialmente cuando hablaba con él y en su mente imaginaba que le recitaba todos los poemas de amor que había escrito pensándole. No sentía nervios, ni se le olvidaban los poemas que sabía de memoria y había practicado en su mente una y otra vez, esperando el día que por fin, los recitara. Imaginaba que él llegaba con las flores más coloridas y  más hermosas que jamás hubieran existido, como si alguien les hubiera hablado afablemente desde su nacimiento y las hubieran cuidado con el mayor amor que podía existir. No entendía como podía haber gente que fuera indiferente ante las flores siendo tan delicadas y calladas, pero a la vez expresivas; tal como a veces lo era Ella. Emily hablaba con él y todos los días se juraba que se armaría de valor para gritarle que lo amaba, para robarle un beso y todo lo que él le permitiera. En su distracción total, ella soltaba un par de risitas al aire que luego tapaba con sus manos con la sola idea de este pensamiento. Le contaría que lo había estado esperando toda su vida, aunque esta fuera corta y las primaveras floridas vividas no fueran muchas. Sonaba romántico y eso le gusta a Emily.  Le haría reír, le contaría sus historias y le susurraría al oído un par de te amos y uno que otro poema más. Sabía que nunca se le acabarían, al igual que el resto de sus palabras. Emily sufría de una verborrea crónica que era difícil de parar una vez que la empezaba. Podía hablar largas horas de manera desinhibida con la gente, sus animales, sus plantas y consigo misma. Podía hacerlo excepto cuando lo veía a él en la realidad, que la hacía callar sin ayuda de Dios, la hacía olvidarse de sus poemas y la hacía sentirse especialmente introvertida, tímida y un tanto temerosa de hablar…

viernes, 22 de marzo de 2013


Nunca hay un buen pretexto para el abandono, especialmente si lo que se abandona,se ama tanto. Pero ya estoy de regreso. Con las buenas intenciones de seguir subiendo todos los viejos escritos que no han salido a la luz y todos aquellos de inspiración reciente. Espero queridos blog y lectores no abandonarlos otra vez. Eso espero, aunque saben que yo soy mentirosa, que quizá lo vuelva hacer…mientras tanto dos actualizaciones literías y una de estado…Paz
 

EL SILENCIO HABLA


 
Hoy el silencio me habla. Me habla de ti y yo le mento la madre. Porque a mí no me parece gracioso tener que recordarte.  Resultas inoportuno.  Porque recordarte es perder el tiempo, la risa, las ganas. Es recordar que el tiempo se hizo fragmentos cuando deseé  quedarme entre tus brazos y  nada quedo en los míos cuando quise abrazarte por siempre. Es recordar de nuevo que tus besos de terrón de azúcar terminaron por amargar mis labios y mi vida y que  el único recuerdo de ti que quedó en ellos fue un maldito fuego labial. Es la cruda inevitable de una borrachera de besos amargos que terminó a deshoras de una madrugada fría y desolada. Es querer cobrarle  intencionalmente a la vida y sin descanso todo el déficit de amor que a tu lado se creó en mi vida para poder estar a mano. Es morir un poco en el silencio y detestarlo. El silencio se muere y a mí me da gusto: eso le pasa por no seguir las reglas, por romper la etiqueta, por  bocón.  Mientras muere, yo le subo a lo que da a la música  deseando que esta sea la última vez que me hable de ti…

Anoche tuve un sueño…

















Anoche tuve un sueño: Soñé que yo te amaba
y que tú me amabas.
Que ante la insistencia y la provocación de tus labios
quería besarte, pero no quería y al final, cedí.
Que la cercanía de tu cuerpo me provocaba al amor
por eso dejé que tus labios hicieran su trabajo
y reconocieran mi piel y la amaran de nuevo.
Que llevaba un vestido entallado
que hacia lucir el contorno de mi cuerpo,
como si pidiera amor
y cuando sentí tu cuerpo sobre el mío
supe que era el tuyo el indicado para amarme.
Me soñé rendida ante ti:
que no me opuse cuando ataste
mis muñecas con tus manos
 y me llenaste  de besos,
y tu boca siguió un camino errante
desde  mi cuello hacia el sur.  
Soñé que traspasaste mis límites y mi piel.
Que en el amor agitaste mi cuerpo
y mi alma también.
Soñé que luego, no sabía qué hacer con ella,
ni cómo apaciguarla de nuevo.
Mi alma sólo tenía ansias de ti y
deseaba seguir siendo tuya por siempre.
Sólo tuya.
Anoche tuve un sueño: Soñé que yo te amaba
y que tú me amabas también…
 

lunes, 12 de noviembre de 2012

Diario de una chica enamorada de un vampiro Salvatore

 

El silencio no es un buen consejero. Tampoco mi conciencia que incansablemente me repetía tu nombre al punto de convertirse en obsesión. Deseaba con todas mis ansias verte hoy, mañana, todos los días de mi vida. Me gusta tu mirada.  Es perversa,  cautivadora. Sin ni siquiera pedírmelo, me ha convencido a pecar, a perderme por los caminos erróneos de la lujuria y del placer  mundano. Si la eternidad existiera, a tu lado, no habría salvación para mí, pero valdría la pena. Me gustan los chicos malos, eso lo sé desde tiempo atrás.  Contigo, me olvidé de él… Y del otro también. Pensar lo fácil que fue. Con tu maliciosa sonrisa borre de mi mente todas  las noches en que, como Bella, me debatí entre el amor de Edward y de Jacob.  Ahora todo era claro, ninguno de los dos. Le dije a mi amiga Wendy que podría quedarse con ambos. Incluso, tuve la osadía de regalarle a tu querido hermano Stefan. Ya no pelearíamos por los mismos hombres, nunca más.  Sólo te quería a ti.

El circo que llegó al pueblo era un circo de vampiros, se instalaron en la bahía de Bayside. No fue la idea de ser inmortal  lo que me llevo hacia la taquilla sin pensarlo dos veces aunque, te confieso, me atraía. Ni siquiera recuerdo haber caminado hacia ahí: fue automático, había como un imán que me jalaba sin voluntad hacia lo desconocido, lo enigmático… hacia ti. ¡Vampiros malabaristas! Dijo con poco entusiasmo, como obligado, el vendedor de aspecto cansino y ojeroso. Era joven, pero no era nada agraciado, por eso, descarte la idea de que pudiera ser vampiro. Eso me desanimo: lucía tan humano… Por un momento al verlo, hasta dudé de la existencia de seres como tú, pero yo me aferraba a ti, a tu belleza eterna, a la franqueza de tu alma con sus intenciones un tanto malévolas. Le pregunté al vendedor sonriendo,  si el costo de mi ticket incluía una mordida en mi cuello hacia la eternidad, pero mi chiste pareció  no le hacerle la misma gracia que  a mí. Pensé en ti de nuevo, pero resultaba poco probable encontrarte ahí.  Buscarte sería en vano, no había indicio de que en ese circo los vampiros fueran de verdad. El vendedor pareció sorprendido, pero se alegro de que no comprara ningún boleto para la función de aquella noche.

Esta mañana pensé estar a punto de encontrar la verdad; aquel automóvil llevaba en sus placas la respuesta. Mi vista miope sólo me permitió ver las letras grandes que en rojo decían “AMOR ES”.  Por un momento, pensé que diría tu nombre y me sentí estúpida. De pronto, me pregunté si no sería en vano tener tantas fotos tuyas en mi celular. Tuve una urgencia de verte, me encontraba capturada por tu belleza, hipnotizada por tu mirada, sin voluntad propia para volver a mi realidad. Me gustaba estar así, pensando el día entero en ti. Me sacó de mi ensimismamiento la velocidad con  la que pasó a mi lado el automóvil emisario y me temí del mensaje que dicha analogía me pintaba: el amor es…fugaz.  ¡Nooo! Sacudí mi cabeza intempestivamente. Me negué a pensar que ese mensaje era para mí,  que  lo nuestro (lo que sea que lo nuestro fuera) era efímero, caduco, pasajero. Yo más bien, contigo, pensaba en la eternidad. No dudaba de la existencia de tu alma, pero estaba dispuesta a entregarte la mía por si acaso te faltara una.  Mi alma sólo tenía avidez de ti.  Por eso aceleré.  Si acaso algo era el amor, era locura y yo estaba dispuesta a demostrarlo. Por eso, decidí perseguir al amor de manera desquiciada por una de las arterias principales de Miami: el Turnpike. Por muy sesgada que fuera, tenía que hallar una respuesta  al amor,  una que no arruinara mis fantasías contigo, que no hiciera polvo al viento mis ilusiones de ti. Quise alcanzarlo, entenderlo o por lo  menos, leerlo completo. Sería como alcanzarte, entenderte o leerte a ti.  Alcanzar al amor me pareció una causa intensa, pero noble. No fue justo que el carro patrulla me haya detenido sólo a mí. El amor resultó una incógnita… y una multa de 179.00 dólares por andar a alta velocidad. Mientras esperaba a que el policía me dejara ir, sentada en mi carro con las manos y la cabeza apoyadas al volante, suspiré pensando en  nuestro próximo encuentro nocturno. La cita era cada jueves, misma hora, mismo canal. No fue mi alma, si no mi espera la que se volvió eterna. Una espera que ahora aguardaba  por ti y no por Edward. A veces, cuando cierro mis ojos, pienso ver vislumbres de ti. Yo mientras tanto te busco sin cansancio, Damon,  pero sigo sin hallarte aquí en mi realidad…

EN EL SILENCIO DE MIS DIAS



 
En el silencio de mis días, Señor, te busco.

En mi ajetreado camino te recuerdo y me aferro a ti.

Oh Señor, en ti confío, me repito una y otra vez.

En estos días confusos en que preciso Tú calma, 

trato a toda fuerza  de atenerme a ti.

Ten mi nombre siempre presente. 

No me abandones, te lo ruego, no te alejes de mí.

Si me piensas, envíame una mañana bella

para recordarme que estas aquí.

Si sonríes, invítame a sonreír igual.

Déjame respirarte profundamente.  

Si estoy perdida, encuéntrame.

En tus sutiles formas, háblame, Señor

e indícame los pasos que me lleven hacia ti.

No dejes que me pierda las maravillas de ti.

Cuéntame los secretos de tu mundo

aunque no los entienda, yo te creeré.

Oh Señor, en ti confío, me repito.

Háblame quedito… yo te escucharé.  

 
  

 

 
 

miércoles, 5 de septiembre de 2012

LA GRANDEZA DEL ALMA RADICA EN EL AMOR QUE PROCURAMOS A LAS CRIATURAS DE DIOS.

martes, 8 de mayo de 2012

EL CUMPLEAÑOS



Esta mañana me miré en el espejo detenidamente. Vislumbré un par de arrugas que no había antes debajo de mis ojos; deslicé mis dedos una y otra vez para ver si lograba aplanarlas, pero no tuve éxito alguno. Me atiborré el semblante de crema anti-edad y deseé que nadie me viera hasta que mi piel hubiera absorbido toda la crema y mis arrugas hubieran desaparecido. No me hizo ninguna gracia que mi marido me llamara su “Cougar” cuando me miró parada frente al espejo; mi humor se amargó. Luego miré mis ojos castaños y me pregunté si realmente son ellos el reflejo de mi alma; igual sí con el paso de los años el alma se arruga también. Me levanté dubitante y reflexiva. 

Me canté las mañanitas yo misma porque nadie me las había cantado aún. Cuando bajé, abrí la ventana del patio y le pedí a Chente que me cantara con su hermosa voz, porque no hay nadie que entone las mañanitas mejor que él. Lo puse en repeat-mode y a todo volumen, hasta que me harté de él; por lo menos me canto unas diez veces. Después, puse a La Original Banda el limón en Pandora para que me consintiera por el resto del día. Mis vecinos debieron odiarme, pero fue mi manera sutil de vengarme de ellos por hacer sus fiestecitas a deshoras constantemente o por dejar que el reggaetón que escuchan sus hijos adolescentes (los vecinos de un lado)  o su música de negros (los vecinos del otro) retumbe en mis paredes esos días en los que trato de concentrarme y estudiar para mis exámenes.

Me recosté en el sofá y observé los rayos de sol que traspasaban el ventanal de mi pequeño patio. No todos los días se cumplen tres décadas, me pensé, sintiéndome un poco nostálgica y triste por la inminente perdida de mis veintes. Pensé en el gemelo y lo extrañé; lo imagine soplando las velitas de su pastel sin mí y a mí, soplando las velitas de mi pastel sin él. Recordé aquellos días en los que competíamos para ver quien apagaba el mayor número de velitas. Extrañé a mi familia y deseé que nos canten las mañanitas; extrañé también los pasteles de Bety Casellas de tres leches o de fresas hechos con merengue real y no con chantillí.

Después de un rato echada sin hacer más nada que mirar el techo y pensar en las diferentes posibilidades para convertirme en cangrejo o vampiro y así lograr la inmortalidad, resolví no pasar la mañana de mi treintavo cumpleaños pensando pendejadas y sintiéndome aislada del mundo cual monje ermitaño. Por eso me armé de valor para hacer mi aparición mágica por el mundo cibernético y enchufé mi vida al ordenador y al celular: me conecte al Facebook, al Messenger y al WhatsApp. Socialicé cuan largo fue el día; contesté todas las llamadas y mensajes con prontitud. Me pareció que era más divertido perder el tiempo en el ciberespacio. Aproveché la falta de responsabilidades y el exceso de tiempo este viernes para reanudar mi escritura que por meses había estado en el olvido. Mi humor cambió, aunque las arrugas de mi cara no desaparecieron.

Me deseé un feliz cumpleaños. Decidí que ya no cumpliría 25 años más, que ya era justo subir dignamente el escalón. Pensé que tal vez era mejor no luchar contra el tiempo, que tal vez, había que abrazarlo y dejarse llevar por él. No podía ser tan malo llegar a ese tercer nivel. Después de todo siempre es mejor acumular años y arrugarse como pasitas, a no llegar a viejo jamás.

Subiendo los peldaños juntos: ¡Feliz cumpleaños a ti, querido hermano, y también feliz cumpleaños a mí!

lunes, 20 de febrero de 2012

¿PODRÁS ENTENDER ESTE QUERER?

¿Cómo traspasar los límites de mi intimidad para desnudar mi alma ante ti y contarte sus secretos? ¿Cómo decirte que te quiero una y otra vez sin que mi cuerpo se pierda en el tuyo? ¿Cómo te cuento que quiero ser yo quien emocione a tu corazón y también quien lo apacigüe en sus días malos? ¿Cómo confieso que quiero hundirme eternamente en tu piel sin tocar fondo nunca; que quiero encallar en ti para siempre porque no hay otro sitio mejor donde yo quiera estar que contigo? ¿Cómo te explico que deseo anidar en tus protectores brazos que cobijan y suavemente acarician mi alma y la hacen feliz y le dan los motivos necesarios para vencer cualquier obstáculo que esta vida me presente? ¿Cómo hacerte saber que cuando aterrizo en tu cuerpo, no deseo despegar de él; que si acaso es necesario alzar el vuelo, que sólo lo haría si volamos juntos? ¡Qué no son tus labios, ni tu cuerpo, si no tu alma lo que me hace perderme en el abismo de tu mirada! ¿Cómo te digo que te amo? ¿Si te lo digo quedito en el oído o por un mensaje al celular o si lo subo a mi blog por Internet o lo publico en tu Facebook…podrás de algún modo entonces entender este querer?

miércoles, 11 de enero de 2012

EL MAYOR


Probablemente, seas tú el más curioso y el más atento al preguntarme por qué he llegado con las manos y la ropa llenas de manchas azules y después de que te cuente, te rías con esa risa burlona que sueles tener. Te respondo incluso antes de que nos veamos porque hay algo que quiero contarte y tarde o temprano, sé que estas letras llegarán a ti.

La voz poco entendible de una aeromoza a través de las bocinas del avión me obligó a apagar todo artículo electrónico porque el aterrizaje ya estaba próximo. No dudé en sacar un pedazo de papel y una pluma que robé de un mostrador de la aerolínea para contarte lo que había estado pensando acerca de ti. Sorpresa fue la mía cuando, no sé si por la desesperación o la emoción de las ideas que últimamente habían escaseado, la tinta salió intempestivamente, como una eyaculación precoz, antes de que me dé tiempo de plasmarla en palabras y con algo de coherencia en mi papel. Es así como me vi amarrada a una silla de avión, con un cinturón de seguridad que resultaría inútil en dado caso de necesitarse y quepoco podría hacer por mí si el avión llegase a estrellarse, y con tinta azul por todos lados; en las manos, la ropa y la mesita del avión. En todos lados menos en las hojas donde aquella tinta estaba destinada a escribir de ti.

Durante aquel siniestro aterrizaje, medité acerca de dos cosas importantes de esta vida que quiero compartirte y una anotación de la que más adelante encontrarás relación con todo esto que quiero decirte. Punto número uno: en este mundo, ya no se puede confiar en nada ni en nadie. ¡No es posible que hasta las cosas robadas vengan malas! Punto número dos: cuando viajes en un avión a 35 000 pies de altura, evita usar de esas plumas “baratonas”, se estallan. Mi fatídica anotación es que soy un desastre total o al menos, ejerzo una atracción fatal hacia el desastre, aunque eso no resulta ser un gran descubrimiento, y creo que especialmente tú siempre lo has sabido bien.

Volviendo al tema del que se trata todo este asunto: tu. Partamos del hecho que tú de niño fuiste medio bribón, bandido y pillo. Nunca fuiste buscapleitos pero sin duda alguna, no fuiste tampoco mediador y mucho menos, pacifista. No le tenías miedo a los pleitos, sigues sin tenerlo. Siempre elevaste con orgullo tu puño derecho a quien te provocaba, aunque algunas veces por tu corta estatura llevaras las de perder. Aún así, no recuerdo haberte visto nunca mal herido por un pleito callejero o estudiantil.

No está bien que lo diga, pero debo confesar que tu carácter peleonero, aunque hizo que en muchas ocasiones tú y yo peleáramos, me satisfizo en algunas otras, me dio calma, seguridad. Nunca te he dicho que resultó fascinantemente conveniente tener un hermano mayor con esas características, en las épocas de adolescencia cuando, probablemente y precisamente por la edad, el imán para meterme en problemas ejercía su mayor atracción. Yo era atrevida, imprudente, impulsiva, irrespetuosa; una muy mala combinación con el kilo de hormonas inquietas que la pubertad trajo consigo.

Yo me sentía orgullosa de tener un hermano mayor que estaba ahí para protegerme, de saberme segura que nadie me haría nada porque tú estabas ahí. Siempre que estoy contigo me siento así. Mis queridos amigos Andrés Broca y Janer Cobián, los chicos más altos de la escuela a los que recuerdo con tanto cariño fraternal, fueron la altura que a ti te hacía falta para encargarte de que
tu hermana, la revoltosa, estuviera siempre a salvo.Dios sabe bien y yo fui testigo que aquel instinto protector que ustedes tuvieron conmigo fue un perro rabioso que muchas veces ladró, pero que nunca tuvo que morder, o por lo menos morder fuerte, para mantenerme integra.

Quizá he madurado lo justo porque ahora no espero, ni deseo que le rompas a nadie la cara, ni amenaces en mi nombre, ni tenerte como guardaespaldas cada que esté en problemas, al menos…que fuera realmente y extremadamente necesario.

Necesario, como el otro día que me metí en aprietos por gritarle a unos niños negritos y decirles que les rompería la madre si no dejaban de patear a los patos del lago y de pegarles con un palo. Quiero que sepas que ese día cuando la imprudencia reinó de nuevo en mí como antaño, día del que quizá te cuente con más detalles en otro escrito, en otro tiempo, en otras circunstancias o en otro vuelo menos adverso, deseé que hubieras estado ahí conmigo, que todavía viviéramos en la misma ciudad, que vivieras cerca de mí para haber podido llamarte y que fueras a salvarme. Ese día descubrí que, sin importar cuántos años pasen o el grado de mi madurez, siempre seguiré metiéndome en problemas (¡Es mi naturaleza!) y cuando este en ellos, pensare en ti y añoraré al hermano mayor de aquellos tiempos cuando éramos chamacos, que siempre acudió a mi rescate y que estuvo ahí para defenderme a capa y espada de lo que fuera, sin dudarlo tan siquiera un solo instante.

Finalmente, después de dos largos vuelos (el segundo menos desastroso y más prolífero que el primero) estoy de nuevo aquí. Espero que se te haya quitado ese mal vicio de llegar tarde a todos
lados porque a mí no se me ha quitado el mío de meterme en problemas cuando no tengo nada que hacer. Te veo pronto.

Con amor,

Tú hermana la revoltosa.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

CORAZON DE POLLO

El aguacate esta de promoción. Esa es una razón suficiente y poderosa para que yo parase en el Subway que está camino a casa. Pedí un sandwichito de atún, con mucho aguacate. ¡Uno grande, por favor, one foot long!, le dije. Extrañamente ese día no tenía prisa alguna, por eso lo saboreé lentamente, mientras miraba sentada el tráfico amenazante que me esperaba al salir de ahí. Es tan fácil ser feliz cuando uno come: ¡Barriga llena, corazón super contento!



Alcancé a comer la mitad de aquel emparedado, lo que me obligo a permanecer más tiempo sentada de lo que había planeado. Había un misterio que yo no conocía, un misterio estaba a punto de develarse. Un hombre de mediana edad, de aspecto enfermizo y ojos desorbitados cruzo la puerta. Pregunto si alguien hablaba español, pero el dependiente de la tienda, de acento árabe, dijo que no. Yo, no dude en entrometerme, por lo que le ofrecí mi ayuda para que pudiera ordenar.



En dos minutos me contó su historia: que acababa de salir del hospital, que llevaba rato caminado, que tenía mucha hambre y sed y no tenía dinero para pagar. Toda la felicidad de mi corazón se vio ennegrecida y opacada cuando lo vi llorar. Brotaron lágrimas de sus ojos que lucieron aún más desorbitados que al principio. Me hablaba con desespero y angustia. Mi corazón se compungió, me sentía llorar junto con él: ¿Cómo podía yo estar tan feliz y tan llena, mientras alguien era tan miserable por tener el estómago vacío? Por momentos mientras me hablaba, sentí un ligero aliento alcohólico. Pero eso no me detuvo a ordenar otro sándwich grande para él. Me partió el alma verlo beber la soda con tanta rapidez. Presiento que aquél hombre mintió en parte de su historia, pero de una cosa pude estar segura: el pobre tenía hambre y estaba desesperado, su llanto le salió del alma. Y yo tengo el corazón de suficientemente de pollo, para que no me importe si su historia era inventada o no. 



Sentí que no sólo era hambre en el estomago lo que él tenía,  sino también hambre en el corazón. Recordé el versículo cuatro, del capítulo cuatro de Mateo: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". Por eso le conté un poquito de Dios cuando me preguntó porque hacía todo eso por él;  le pedí que nunca desconfiara de la providencia del Señor.  Deseó que sus hijas fueran como yo y el corazón se me hizo mierda un poco más. Sentí pena por él y por sus hijas. Nunca nadie debería de penar así, mucho menos sí se tiene hijos. Pensé en mis padres y pedí porque ellos nunca tuvieran que pasar por una situación así. No es tan difícil lo que Dios espera de nosotros, creo yo. El cuarto mandamiento es claro: “Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar” (Ex 20, 12). El hombre nunca debería abandonar a sus padres.



“Ser hombre, significa ser con los demás” y de acuerdo a Joseph Gevaert “en su significado más profundo y genuino, significa que el hombre no está nunca solo”. Es verdad que la definición del hombre debe basarse en cuanto a su relación con otros hombres, pero no en el sentido físico de estar acompañado o no, si no en cuanto a su capacidad de darse a los demás para dar y recibir amor. Dar amor nos dignifica como seres humanos y al mismo tiempo nos hace dignificar a los que nos rodean al recibir recíprocamente de ellos el amor que nosotros mismos les entregamos.



Aquél hombre zigzagueante siguió su camino con su sándwich en la mano. Yo seguí el mío, mientras lo veía hacerse chiquito por el espejo retrovisor. Yo sabía que tal vez al día siguiente él no se acordaría de mí, aun así yo esa noche recé por él. Lloré un poco su tristeza. Esperé que al menos se acordara del mensaje de Dios y se aferrara a Él. Al día siguiente me comí el sándwich con aguacate que me había sobrado el día anterior. Me supo mucho mejor.  Poco después decidí contar la historia que me hizo aceptar que soy una buena samaritana con corazón de pollo y confirmar la frase con la que firmo todos mis e-mails: La grandeza del alma radica en el amor que procuramos a las criaturas de Dios. Decidí contar la historia  de aquel hombre de ojos desorbitados y tristeza en el alma que me permitió entender lo que significa ser con los demás.

martes, 12 de julio de 2011

ALABANZAS AL SEÑOR

Breath es la nueva serie de Christ Fellowship. Yo me emociono, por eso comparto.

Presta un minuto atención a tu respirar. ¡Respira profundo! Llena tu cuerpo de oxigeno. ¡Exhala! Repite la operación.

Ahora piensa en un momento en tu alma. ¿El alma necesita respirar? ¿Cómo se le mantiene en buen estado? Las alabanzas a Dios oxigenan tu espíritu, como el aire a tu cuerpo. Respira profundo de nuevo e inhala las bendiciones que Dios tiene para ti. Exhala alabanzas en su nombre. Oxigena tu espíritu con su amor y demuestra todo este amor de regreso. Las alabanzas son una expresión de amor hacia Dios, es como lanzarle besos. No dejes que tu alma se llene de apatía.

¿Tienes dos minutos más para cantar conmigo? Cántale y contagia a alguien más.

http://www.youtube.com/watch?v=rGgX_oqdib4



PD: Déjalo entrar en tu corazón, Él es pequeño como brisa suave, sencillo como una sonrisa, niña...

lunes, 13 de junio de 2011

LA OCIOSIDAD ES LA MADRE DE TODOS LOS VICIOS…



¿Cómo no se me ocurrió eso a mí? Creo que a todos, alguna vez nos ha pasado ese pensamiento por la mente, mientras odiamos al maldito o maldita que se le ocurrió fascinante idea antes que a nosotros. Suele pasar. Es indiscutible, que hay gente con una tendencia mayor que otros a generar ideas brillantes. Pero ¿A qué se debe esto?

Hablemos un poco acerca de la creatividad. Ser creativo significa ser original, hacer las cosas de manera diferente, novedosa, única y yo diría que hasta cierto punto, un poco atrevida. Creatividad es la capacidad de dar origen a cosas nuevas y valiosas y la capacidad de encontrar nuevos y mejores modos de hacer las cosas, de acuerdo a la definición de Mauro Rodríguez Estrada.

Cierto es que la creatividad no debe ser exclusiva de artistas o inventores; por el contrario, aprendiendo a ser creativos podemos resolver, no sólo los grandes problemas y enigmas de nuestras vidas, sino también los pequeños (pero que a veces dan tantos dolores de cabeza como los grandes) problemas del día a día.

Mucha gente piensa que la creatividad es algo innato o heredado que algunas personas traen consigo al nacer y otras no; que es cuestión de suerte tenerla; que sólo se tiene cuando las musas y las hadas de la inspiración te visitan.

Mi maestro preferido de la universidad, el maestro de creatividad Germán León Lara no se cansaba de repetirnos las palabras sabias de Tomás Alba Edison: “El genio es un uno por ciento de inspiración y un noventa y nueve por ciento de sudor”. Es verdad que no hay hadas, ni musas (más que en los cuentos de fantasías) que traigan la respuesta perfecta o la fórmula mágica solucionadora de problemas. Tampoco es cuestión de suerte o echarse un volado la respuesta para ser creativos. Es cuestión de sudor, de trabajo duro y constante.

Pero es necesario mencionar otro factor en la fórmula: el refuerzo a la creatividad. Haciendo un análisis de la creatividad en términos de aprendizaje operante, resulta más sencillo entender la relación que hay entre el refuerzo y el aumento de la creatividad. El trabajo duro, per se, no va a crear soluciones creativas. La creatividad, como cualquier otro comportamiento que se desea que ocurra y repita, necesita reforzarse. Si lo que se quiere es aumentar la creatividad en la gente, es importante que lo que se refuerce sean los comportamientos creativos y no en sí la mera realización del trabajo o actividad. Es necesario crear una contingencia o dependencia entre las recompensas y el comportamiento creativo; entendiéndose que no hay “premio o alabanza”, si los resultados, tareas, comportamientos, etc. resultan ser convencionales, poco innovadores, faltos de ingenio, etc.

El pensamiento divergente, suave, lateral no es difícil de alcanzar; pero hay que procurarlo, hasta llegar al punto de hacerlo vicio. La creatividad puede ser un vicio, cuando la usamos frecuentemente y en exceso, sobre todo, si ofrece recompensas positivas. No hay nada de malo en volverse un vicioso, si entendemos que vicio, de acuerdo a la RAE, es todo gusto especial o demasiado apetito de algo, que incita a usarlo frecuentemente y con exceso. La ociosidad es la madre de todos los vicios, dice el dicho popular. Pero siendo un poquito viciosos y divergentes en pensamiento, podríamos decir que la ociosidad es la madre de todos los vicios, incluida la creatividad. Aplicando las técnicas de reforzamiento recién adquiridas (Nunca pensé que yo diría esto) me atrevo a decir: ¡Viva los vicios y los viciosos! y corrigiéndome un poquito para que esto no suene tan mal, ¡Viva la creatividad y los viciosos creativos!

miércoles, 25 de mayo de 2011

VIRGEN MORENA



Ella es pequeña y delicada de porte. Con algunos rasgos indios: Su cabellera es tan oscura como su piel morena, aunque su semblante luce dulce, fresco, suave. Su cabello está lleno de estrellas y constelaciones, brilla tanto que su resplandor se refleja en su manto de cielo. Un color de cielo nunca antes visto; un poco azul, un poco verde, un poco aguamarina. Su túnica color de tierra cela un precioso secreto que para las reglas sociales de la época sólo puede revelarse con la cinta morada oscura amarrada al vientre: está embarazada, “en cinta”. Ella es la luna y el fruto de su vientre, es el sol que destella rayos luminosos para ella, formando un halo a su alrededor.

Se llama Coatlaxopeuh (se pronuncia Quatlasupe). En español significa: “la que aplasta la serpiente” (Coa significando serpiente, tla el artículo "la", mientras xopeuh significa aplastar). De nombre náhuatl como su lengua, como su piel. Aunque su nombre más conocido en la actualidad, se debe precisamente a los frailes españoles de la época prehispánica, quienes a sus oídos escucharon en el vocablo Náhuatl Coatlaxopeuh (Quatlasupe), el nombre de la virgen española de Extremadura: Guadalupe.

Esta es su historia: Ella se le aparece a Juan Diego varias veces y le habla en Náhuatl con palabras amables y bondadosas.

1) Desea un templo en ese cerro por lo que lo manda con el obispo de México: "Juanito, el más pequeño de mis hijos, ¿a dónde vas?... sabe y ten entendido, tú el más pequeño de mis hijos, que yo soy la siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive; del Creador cabe quien está todo; Señor del cielo y de la tierra. Deseo vivamente que se me erija aquí un templo, para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa pues yo soy vuestra piadosa madre.”

2) El obispo no le cree a Juanito. Él siente que es demasiado poco para ser escuchado (“Yo soy un hombrecillo, soy un cordel, soy una escalerilla de tablas, soy cola, soy hoja, soy gente menuda”). La virgen se le aparece de nuevo.

"Oye, hijo mío el más pequeño, ten entendido que son muchos mis servidores y mensajeros, a quienes puedo encargar que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad; pero es de todo punto preciso que tú mismo solicites y ayudes y que con tu mediación se cumpla mi voluntad. Mucho te ruego, hijo mío el más pequeño, y con rigor te mando, que otra vez vayas mañana a ver al obispo. Dale parte en mi nombre y hazle saber por enero mi voluntad, que tiene que poner por obra el templo que le pido."
3) Por segunda vez, el Obispo no le cree a Juan y le pide una señal. Juan Diego se entera que su tío Bernardino está muy grave y le pide le lleve un sacerdote para confesarse. Al día siguiente, Juan Diego toma otro camino para que no lo detuviera la virgen. Pero ella, se le aparece en el camino.

“Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige, no se turbe tu corazón, no temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad y angustia. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo? ¿Qué más has menester? No te apene ni te inquiete otra cosa; no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella: está seguro que ya sanó... Sube, hijo mío el más pequeño, a la cumbre del cerrillo, allí donde me viste y te di órdenes, hallarás que hay diferentes flores; córtalas, júntalas, recógelas; en seguida baja y tráelas a mi presencia.”
“Hijo mío el más pequeño, esta diversidad de rosas es la prueba y señal que llevarás al obispo.”

El resto de la historia es bien conocida; al desenvolver Juan Diego su manta, se esparcieron por el suelo todas las diferentes rosas de Castilla y apareció dibujada en la manta la imagen de la Virgen de Guadalupe como la conocemos en la actualidad.

En algún momento de mi vida, la historia fue contada de manera diferente. En un salón de clases de psicología del mexicano, se nos hizo creer a muchos que la virgen de Guadalupe era un ejemplo de antropomorfismo y un buen invento para ayudar a los misioneros españoles en la evangelización del nuevo continente.

Quizá es un poco tarde y quizá el medio el incorrecto para externarle a la maestra Paty Ancona algunos de mis pensamientos contradictorios acerca de sus enseñanzas. Quizá, a este punto, ni siquiera le interese saber lo que una de sus ex-alumnas piensa. Aún así, creo después de todo, que no estoy tan tarde para defender los dogmas de mi fe.

En principio, entendiendo que una enseñanza laica, como la de las escuelas públicas (incluida la de la Facultad De Contaduría y Administración de la UADY), debe no sólo mantener una independencia con respecto a cualquier creencia o práctica religiosas, lo que incluye opiniones a favor o en contra de ciertos íconos e ideas religiosos, sino que además debe procurar y mantener un respeto para dichas creencias y prácticas religiosas. La laicidad de la educación no debe crear hostilidad o indiferencia contra ninguna religión o iglesia.

En segundo, aunque creo que la mayoría de las ideas pueden ser evaluadas bajo las reglas de la lógica, evidencia y el método científico, también creo, que muy pocas son aquellas ideas que no necesitan una prueba empírica tales como son las creencias religiosas y los valores personales que, se sostienen en la fe.

Basada en mis ideas refutables por el método científico, creo en Dios. Creo que Él nos habla de distintas maneras, en distintas formas, lenguas y en distintos tiempos y lugares para que le entendamos. Que sus maneras de manifestarse son incontables. Creo que Dios no tiene color de piel, ni lengua oficial alguna más que la lengua del amor. También creo que a Dios no le interesa ser aprobado en una hipótesis, ni convertirse en teoría porque hace falta no inteligencia sino, mucha humildad en el corazón para escucharle y entenderle cuando nos habla. Creo que nunca es tarde para encontrar a Dios. Creo también, en la Virgen María de Guadalupe. Que el mensaje que nos trae, viene de parte de Dios. Creo que como cualquier madre, ella intercede, ayuda y defiende a cualquiera de sus hijos. También creo que la primavera es un buen pretexto para creer en ella y así, celebrarla junto a sus rosas de Castilla que hizo aparecer en el cerro de Tepeyac.

AMEN.

jueves, 14 de abril de 2011

DEL AMOR Y SUS FACETAS

“El amor es un arte que nunca se aprende y siempre se sabe” Benito Pérez Galdós

Nunca ha sido fácil hablar del amor. Hacerlo implicaría entenderlo, por lo menos un poco. Yo no lo entiendo nada, pero me lo imagino como un poliedro; sí de esas figuritas geométricas que tienen muchas caras. Así es el amor, con muchas facetas.

Quizá todos debiéramos saber que el amor es un niño caprichoso y desnudo que corre armado y apunta aquí y apunta allá y dispara al azar. Que venda tus ojos y te gira mil veces y te marea porque siente ganas de jugar a ponerle la cola al burro.

A veces, el amor es un monstruillo que atrapa con sus garras tentadoras y una vez que te tiene, no libera. Hace la finta una y otra vez porque le entretiene, pero no quiere dejarte ir. Nunca lo hará. Es en ocasiones, un joven lanza piedritas de la ventana sin balcón. Quiere entrar y cuando lo hace, canta una canción romántica al oído y te hace bailar y así, caer y caer en sus redes llenas de deseos seductores y ganas impropias de hacer el amor.

El amor es un loco que ríe a carcajadas, que brinca y baila y contagia y te hace creer que no hay, ni habrá espacio nunca para la tristeza: ¡qué se vaya al diablo!, te dice en secreto y toma tu mano y te hace reír y creer que todo es verdad; que la felicidad es para siempre y que eres tú el personaje protagónico del cuento que no es de hadas.

Es acaso, un ladrón que al pasar junto a ti, roba tu alma y juega con ella, la tira al aire repetidas veces, la vuela como papalote, la enamora y le hace caricias suaves, la besa hasta el cansancio. Luego, la guarda en su bolsillo para mantenerla a salvo. ¡Devuélveme mi alma, por favor! Yo le grito, pero se niega rotundamente.

Me sonríe. Le parece divertido tenerme así: en ascuas, desalmada, sin aliento. El amor te roba el aliento y si puede, mil suspiros. Nunca pregunta, ni pide permiso, es maleducado.

Es un brujo, un hechicero que hace conjuros y embelesos y un poco de brujería cuando es necesario. Los amarres son sus preferidos y cuando los hace, te deja sin voluntad alguna, más que para amalo; hace que sólo tengas ojos para él. En uno de sus embelesos te obliga a cambiarle revuelcos por tickets al cielo. ¡Garantizado o le devolveremos el revuelco!, se ufana el desgraciado.

El amor es también un mal que da mucha calentura y ganas de quedarse en cama. De nada han servido los trapitos húmedos, ni las aspirinas. Es como un cáncer en el alma: crece de manera exponencial y sin control. ¿Cómo se cura uno de estar enamorado? No se cura, tampoco mata, dice el especialista. El amor es un mal, es un mal necesario.

Así es el amor: un niño juguetón, un monstruo que atrapa, un joven seductor, un loco sin razón, un ladrón de almas, un brujo hechicero, un mal deseable e incurable. De múltiples facetas, difícil de entender. Pero a veces es mejor así…