martes, 8 de mayo de 2012

EL CUMPLEAÑOS



Esta mañana me miré en el espejo detenidamente. Vislumbré un par de arrugas que no había antes debajo de mis ojos; deslicé mis dedos una y otra vez para ver si lograba aplanarlas, pero no tuve éxito alguno. Me atiborré el semblante de crema anti-edad y deseé que nadie me viera hasta que mi piel hubiera absorbido toda la crema y mis arrugas hubieran desaparecido. No me hizo ninguna gracia que mi marido me llamara su “Cougar” cuando me miró parada frente al espejo; mi humor se amargó. Luego miré mis ojos castaños y me pregunté si realmente son ellos el reflejo de mi alma; igual sí con el paso de los años el alma se arruga también. Me levanté dubitante y reflexiva. 

Me canté las mañanitas yo misma porque nadie me las había cantado aún. Cuando bajé, abrí la ventana del patio y le pedí a Chente que me cantara con su hermosa voz, porque no hay nadie que entone las mañanitas mejor que él. Lo puse en repeat-mode y a todo volumen, hasta que me harté de él; por lo menos me canto unas diez veces. Después, puse a La Original Banda el limón en Pandora para que me consintiera por el resto del día. Mis vecinos debieron odiarme, pero fue mi manera sutil de vengarme de ellos por hacer sus fiestecitas a deshoras constantemente o por dejar que el reggaetón que escuchan sus hijos adolescentes (los vecinos de un lado)  o su música de negros (los vecinos del otro) retumbe en mis paredes esos días en los que trato de concentrarme y estudiar para mis exámenes.

Me recosté en el sofá y observé los rayos de sol que traspasaban el ventanal de mi pequeño patio. No todos los días se cumplen tres décadas, me pensé, sintiéndome un poco nostálgica y triste por la inminente perdida de mis veintes. Pensé en el gemelo y lo extrañé; lo imagine soplando las velitas de su pastel sin mí y a mí, soplando las velitas de mi pastel sin él. Recordé aquellos días en los que competíamos para ver quien apagaba el mayor número de velitas. Extrañé a mi familia y deseé que nos canten las mañanitas; extrañé también los pasteles de Bety Casellas de tres leches o de fresas hechos con merengue real y no con chantillí.

Después de un rato echada sin hacer más nada que mirar el techo y pensar en las diferentes posibilidades para convertirme en cangrejo o vampiro y así lograr la inmortalidad, resolví no pasar la mañana de mi treintavo cumpleaños pensando pendejadas y sintiéndome aislada del mundo cual monje ermitaño. Por eso me armé de valor para hacer mi aparición mágica por el mundo cibernético y enchufé mi vida al ordenador y al celular: me conecte al Facebook, al Messenger y al WhatsApp. Socialicé cuan largo fue el día; contesté todas las llamadas y mensajes con prontitud. Me pareció que era más divertido perder el tiempo en el ciberespacio. Aproveché la falta de responsabilidades y el exceso de tiempo este viernes para reanudar mi escritura que por meses había estado en el olvido. Mi humor cambió, aunque las arrugas de mi cara no desaparecieron.

Me deseé un feliz cumpleaños. Decidí que ya no cumpliría 25 años más, que ya era justo subir dignamente el escalón. Pensé que tal vez era mejor no luchar contra el tiempo, que tal vez, había que abrazarlo y dejarse llevar por él. No podía ser tan malo llegar a ese tercer nivel. Después de todo siempre es mejor acumular años y arrugarse como pasitas, a no llegar a viejo jamás.

Subiendo los peldaños juntos: ¡Feliz cumpleaños a ti, querido hermano, y también feliz cumpleaños a mí!

lunes, 20 de febrero de 2012

¿PODRÁS ENTENDER ESTE QUERER?

¿Cómo traspasar los límites de mi intimidad para desnudar mi alma ante ti y contarte sus secretos? ¿Cómo decirte que te quiero una y otra vez sin que mi cuerpo se pierda en el tuyo? ¿Cómo te cuento que quiero ser yo quien emocione a tu corazón y también quien lo apacigüe en sus días malos? ¿Cómo confieso que quiero hundirme eternamente en tu piel sin tocar fondo nunca; que quiero encallar en ti para siempre porque no hay otro sitio mejor donde yo quiera estar que contigo? ¿Cómo te explico que deseo anidar en tus protectores brazos que cobijan y suavemente acarician mi alma y la hacen feliz y le dan los motivos necesarios para vencer cualquier obstáculo que esta vida me presente? ¿Cómo hacerte saber que cuando aterrizo en tu cuerpo, no deseo despegar de él; que si acaso es necesario alzar el vuelo, que sólo lo haría si volamos juntos? ¡Qué no son tus labios, ni tu cuerpo, si no tu alma lo que me hace perderme en el abismo de tu mirada! ¿Cómo te digo que te amo? ¿Si te lo digo quedito en el oído o por un mensaje al celular o si lo subo a mi blog por Internet o lo publico en tu Facebook…podrás de algún modo entonces entender este querer?

miércoles, 11 de enero de 2012

EL MAYOR


Probablemente, seas tú el más curioso y el más atento al preguntarme por qué he llegado con las manos y la ropa llenas de manchas azules y después de que te cuente, te rías con esa risa burlona que sueles tener. Te respondo incluso antes de que nos veamos porque hay algo que quiero contarte y tarde o temprano, sé que estas letras llegarán a ti.

La voz poco entendible de una aeromoza a través de las bocinas del avión me obligó a apagar todo artículo electrónico porque el aterrizaje ya estaba próximo. No dudé en sacar un pedazo de papel y una pluma que robé de un mostrador de la aerolínea para contarte lo que había estado pensando acerca de ti. Sorpresa fue la mía cuando, no sé si por la desesperación o la emoción de las ideas que últimamente habían escaseado, la tinta salió intempestivamente, como una eyaculación precoz, antes de que me dé tiempo de plasmarla en palabras y con algo de coherencia en mi papel. Es así como me vi amarrada a una silla de avión, con un cinturón de seguridad que resultaría inútil en dado caso de necesitarse y quepoco podría hacer por mí si el avión llegase a estrellarse, y con tinta azul por todos lados; en las manos, la ropa y la mesita del avión. En todos lados menos en las hojas donde aquella tinta estaba destinada a escribir de ti.

Durante aquel siniestro aterrizaje, medité acerca de dos cosas importantes de esta vida que quiero compartirte y una anotación de la que más adelante encontrarás relación con todo esto que quiero decirte. Punto número uno: en este mundo, ya no se puede confiar en nada ni en nadie. ¡No es posible que hasta las cosas robadas vengan malas! Punto número dos: cuando viajes en un avión a 35 000 pies de altura, evita usar de esas plumas “baratonas”, se estallan. Mi fatídica anotación es que soy un desastre total o al menos, ejerzo una atracción fatal hacia el desastre, aunque eso no resulta ser un gran descubrimiento, y creo que especialmente tú siempre lo has sabido bien.

Volviendo al tema del que se trata todo este asunto: tu. Partamos del hecho que tú de niño fuiste medio bribón, bandido y pillo. Nunca fuiste buscapleitos pero sin duda alguna, no fuiste tampoco mediador y mucho menos, pacifista. No le tenías miedo a los pleitos, sigues sin tenerlo. Siempre elevaste con orgullo tu puño derecho a quien te provocaba, aunque algunas veces por tu corta estatura llevaras las de perder. Aún así, no recuerdo haberte visto nunca mal herido por un pleito callejero o estudiantil.

No está bien que lo diga, pero debo confesar que tu carácter peleonero, aunque hizo que en muchas ocasiones tú y yo peleáramos, me satisfizo en algunas otras, me dio calma, seguridad. Nunca te he dicho que resultó fascinantemente conveniente tener un hermano mayor con esas características, en las épocas de adolescencia cuando, probablemente y precisamente por la edad, el imán para meterme en problemas ejercía su mayor atracción. Yo era atrevida, imprudente, impulsiva, irrespetuosa; una muy mala combinación con el kilo de hormonas inquietas que la pubertad trajo consigo.

Yo me sentía orgullosa de tener un hermano mayor que estaba ahí para protegerme, de saberme segura que nadie me haría nada porque tú estabas ahí. Siempre que estoy contigo me siento así. Mis queridos amigos Andrés Broca y Janer Cobián, los chicos más altos de la escuela a los que recuerdo con tanto cariño fraternal, fueron la altura que a ti te hacía falta para encargarte de que
tu hermana, la revoltosa, estuviera siempre a salvo.Dios sabe bien y yo fui testigo que aquel instinto protector que ustedes tuvieron conmigo fue un perro rabioso que muchas veces ladró, pero que nunca tuvo que morder, o por lo menos morder fuerte, para mantenerme integra.

Quizá he madurado lo justo porque ahora no espero, ni deseo que le rompas a nadie la cara, ni amenaces en mi nombre, ni tenerte como guardaespaldas cada que esté en problemas, al menos…que fuera realmente y extremadamente necesario.

Necesario, como el otro día que me metí en aprietos por gritarle a unos niños negritos y decirles que les rompería la madre si no dejaban de patear a los patos del lago y de pegarles con un palo. Quiero que sepas que ese día cuando la imprudencia reinó de nuevo en mí como antaño, día del que quizá te cuente con más detalles en otro escrito, en otro tiempo, en otras circunstancias o en otro vuelo menos adverso, deseé que hubieras estado ahí conmigo, que todavía viviéramos en la misma ciudad, que vivieras cerca de mí para haber podido llamarte y que fueras a salvarme. Ese día descubrí que, sin importar cuántos años pasen o el grado de mi madurez, siempre seguiré metiéndome en problemas (¡Es mi naturaleza!) y cuando este en ellos, pensare en ti y añoraré al hermano mayor de aquellos tiempos cuando éramos chamacos, que siempre acudió a mi rescate y que estuvo ahí para defenderme a capa y espada de lo que fuera, sin dudarlo tan siquiera un solo instante.

Finalmente, después de dos largos vuelos (el segundo menos desastroso y más prolífero que el primero) estoy de nuevo aquí. Espero que se te haya quitado ese mal vicio de llegar tarde a todos
lados porque a mí no se me ha quitado el mío de meterme en problemas cuando no tengo nada que hacer. Te veo pronto.

Con amor,

Tú hermana la revoltosa.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

CORAZON DE POLLO

El aguacate esta de promoción. Esa es una razón suficiente y poderosa para que yo parase en el Subway que está camino a casa. Pedí un sandwichito de atún, con mucho aguacate. ¡Uno grande, por favor, one foot long!, le dije. Extrañamente ese día no tenía prisa alguna, por eso lo saboreé lentamente, mientras miraba sentada el tráfico amenazante que me esperaba al salir de ahí. Es tan fácil ser feliz cuando uno come: ¡Barriga llena, corazón super contento!



Alcancé a comer la mitad de aquel emparedado, lo que me obligo a permanecer más tiempo sentada de lo que había planeado. Había un misterio que yo no conocía, un misterio estaba a punto de develarse. Un hombre de mediana edad, de aspecto enfermizo y ojos desorbitados cruzo la puerta. Pregunto si alguien hablaba español, pero el dependiente de la tienda, de acento árabe, dijo que no. Yo, no dude en entrometerme, por lo que le ofrecí mi ayuda para que pudiera ordenar.



En dos minutos me contó su historia: que acababa de salir del hospital, que llevaba rato caminado, que tenía mucha hambre y sed y no tenía dinero para pagar. Toda la felicidad de mi corazón se vio ennegrecida y opacada cuando lo vi llorar. Brotaron lágrimas de sus ojos que lucieron aún más desorbitados que al principio. Me hablaba con desespero y angustia. Mi corazón se compungió, me sentía llorar junto con él: ¿Cómo podía yo estar tan feliz y tan llena, mientras alguien era tan miserable por tener el estómago vacío? Por momentos mientras me hablaba, sentí un ligero aliento alcohólico. Pero eso no me detuvo a ordenar otro sándwich grande para él. Me partió el alma verlo beber la soda con tanta rapidez. Presiento que aquél hombre mintió en parte de su historia, pero de una cosa pude estar segura: el pobre tenía hambre y estaba desesperado, su llanto le salió del alma. Y yo tengo el corazón de suficientemente de pollo, para que no me importe si su historia era inventada o no. 



Sentí que no sólo era hambre en el estomago lo que él tenía,  sino también hambre en el corazón. Recordé el versículo cuatro, del capítulo cuatro de Mateo: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". Por eso le conté un poquito de Dios cuando me preguntó porque hacía todo eso por él;  le pedí que nunca desconfiara de la providencia del Señor.  Deseó que sus hijas fueran como yo y el corazón se me hizo mierda un poco más. Sentí pena por él y por sus hijas. Nunca nadie debería de penar así, mucho menos sí se tiene hijos. Pensé en mis padres y pedí porque ellos nunca tuvieran que pasar por una situación así. No es tan difícil lo que Dios espera de nosotros, creo yo. El cuarto mandamiento es claro: “Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar” (Ex 20, 12). El hombre nunca debería abandonar a sus padres.



“Ser hombre, significa ser con los demás” y de acuerdo a Joseph Gevaert “en su significado más profundo y genuino, significa que el hombre no está nunca solo”. Es verdad que la definición del hombre debe basarse en cuanto a su relación con otros hombres, pero no en el sentido físico de estar acompañado o no, si no en cuanto a su capacidad de darse a los demás para dar y recibir amor. Dar amor nos dignifica como seres humanos y al mismo tiempo nos hace dignificar a los que nos rodean al recibir recíprocamente de ellos el amor que nosotros mismos les entregamos.



Aquél hombre zigzagueante siguió su camino con su sándwich en la mano. Yo seguí el mío, mientras lo veía hacerse chiquito por el espejo retrovisor. Yo sabía que tal vez al día siguiente él no se acordaría de mí, aun así yo esa noche recé por él. Lloré un poco su tristeza. Esperé que al menos se acordara del mensaje de Dios y se aferrara a Él. Al día siguiente me comí el sándwich con aguacate que me había sobrado el día anterior. Me supo mucho mejor.  Poco después decidí contar la historia que me hizo aceptar que soy una buena samaritana con corazón de pollo y confirmar la frase con la que firmo todos mis e-mails: La grandeza del alma radica en el amor que procuramos a las criaturas de Dios. Decidí contar la historia  de aquel hombre de ojos desorbitados y tristeza en el alma que me permitió entender lo que significa ser con los demás.

martes, 12 de julio de 2011

ALABANZAS AL SEÑOR

Breath es la nueva serie de Christ Fellowship. Yo me emociono, por eso comparto.

Presta un minuto atención a tu respirar. ¡Respira profundo! Llena tu cuerpo de oxigeno. ¡Exhala! Repite la operación.

Ahora piensa en un momento en tu alma. ¿El alma necesita respirar? ¿Cómo se le mantiene en buen estado? Las alabanzas a Dios oxigenan tu espíritu, como el aire a tu cuerpo. Respira profundo de nuevo e inhala las bendiciones que Dios tiene para ti. Exhala alabanzas en su nombre. Oxigena tu espíritu con su amor y demuestra todo este amor de regreso. Las alabanzas son una expresión de amor hacia Dios, es como lanzarle besos. No dejes que tu alma se llene de apatía.

¿Tienes dos minutos más para cantar conmigo? Cántale y contagia a alguien más.

http://www.youtube.com/watch?v=rGgX_oqdib4



PD: Déjalo entrar en tu corazón, Él es pequeño como brisa suave, sencillo como una sonrisa, niña...

lunes, 13 de junio de 2011

LA OCIOSIDAD ES LA MADRE DE TODOS LOS VICIOS…



¿Cómo no se me ocurrió eso a mí? Creo que a todos, alguna vez nos ha pasado ese pensamiento por la mente, mientras odiamos al maldito o maldita que se le ocurrió fascinante idea antes que a nosotros. Suele pasar. Es indiscutible, que hay gente con una tendencia mayor que otros a generar ideas brillantes. Pero ¿A qué se debe esto?

Hablemos un poco acerca de la creatividad. Ser creativo significa ser original, hacer las cosas de manera diferente, novedosa, única y yo diría que hasta cierto punto, un poco atrevida. Creatividad es la capacidad de dar origen a cosas nuevas y valiosas y la capacidad de encontrar nuevos y mejores modos de hacer las cosas, de acuerdo a la definición de Mauro Rodríguez Estrada.

Cierto es que la creatividad no debe ser exclusiva de artistas o inventores; por el contrario, aprendiendo a ser creativos podemos resolver, no sólo los grandes problemas y enigmas de nuestras vidas, sino también los pequeños (pero que a veces dan tantos dolores de cabeza como los grandes) problemas del día a día.

Mucha gente piensa que la creatividad es algo innato o heredado que algunas personas traen consigo al nacer y otras no; que es cuestión de suerte tenerla; que sólo se tiene cuando las musas y las hadas de la inspiración te visitan.

Mi maestro preferido de la universidad, el maestro de creatividad Germán León Lara no se cansaba de repetirnos las palabras sabias de Tomás Alba Edison: “El genio es un uno por ciento de inspiración y un noventa y nueve por ciento de sudor”. Es verdad que no hay hadas, ni musas (más que en los cuentos de fantasías) que traigan la respuesta perfecta o la fórmula mágica solucionadora de problemas. Tampoco es cuestión de suerte o echarse un volado la respuesta para ser creativos. Es cuestión de sudor, de trabajo duro y constante.

Pero es necesario mencionar otro factor en la fórmula: el refuerzo a la creatividad. Haciendo un análisis de la creatividad en términos de aprendizaje operante, resulta más sencillo entender la relación que hay entre el refuerzo y el aumento de la creatividad. El trabajo duro, per se, no va a crear soluciones creativas. La creatividad, como cualquier otro comportamiento que se desea que ocurra y repita, necesita reforzarse. Si lo que se quiere es aumentar la creatividad en la gente, es importante que lo que se refuerce sean los comportamientos creativos y no en sí la mera realización del trabajo o actividad. Es necesario crear una contingencia o dependencia entre las recompensas y el comportamiento creativo; entendiéndose que no hay “premio o alabanza”, si los resultados, tareas, comportamientos, etc. resultan ser convencionales, poco innovadores, faltos de ingenio, etc.

El pensamiento divergente, suave, lateral no es difícil de alcanzar; pero hay que procurarlo, hasta llegar al punto de hacerlo vicio. La creatividad puede ser un vicio, cuando la usamos frecuentemente y en exceso, sobre todo, si ofrece recompensas positivas. No hay nada de malo en volverse un vicioso, si entendemos que vicio, de acuerdo a la RAE, es todo gusto especial o demasiado apetito de algo, que incita a usarlo frecuentemente y con exceso. La ociosidad es la madre de todos los vicios, dice el dicho popular. Pero siendo un poquito viciosos y divergentes en pensamiento, podríamos decir que la ociosidad es la madre de todos los vicios, incluida la creatividad. Aplicando las técnicas de reforzamiento recién adquiridas (Nunca pensé que yo diría esto) me atrevo a decir: ¡Viva los vicios y los viciosos! y corrigiéndome un poquito para que esto no suene tan mal, ¡Viva la creatividad y los viciosos creativos!

miércoles, 25 de mayo de 2011

VIRGEN MORENA



Ella es pequeña y delicada de porte. Con algunos rasgos indios: Su cabellera es tan oscura como su piel morena, aunque su semblante luce dulce, fresco, suave. Su cabello está lleno de estrellas y constelaciones, brilla tanto que su resplandor se refleja en su manto de cielo. Un color de cielo nunca antes visto; un poco azul, un poco verde, un poco aguamarina. Su túnica color de tierra cela un precioso secreto que para las reglas sociales de la época sólo puede revelarse con la cinta morada oscura amarrada al vientre: está embarazada, “en cinta”. Ella es la luna y el fruto de su vientre, es el sol que destella rayos luminosos para ella, formando un halo a su alrededor.

Se llama Coatlaxopeuh (se pronuncia Quatlasupe). En español significa: “la que aplasta la serpiente” (Coa significando serpiente, tla el artículo "la", mientras xopeuh significa aplastar). De nombre náhuatl como su lengua, como su piel. Aunque su nombre más conocido en la actualidad, se debe precisamente a los frailes españoles de la época prehispánica, quienes a sus oídos escucharon en el vocablo Náhuatl Coatlaxopeuh (Quatlasupe), el nombre de la virgen española de Extremadura: Guadalupe.

Esta es su historia: Ella se le aparece a Juan Diego varias veces y le habla en Náhuatl con palabras amables y bondadosas.

1) Desea un templo en ese cerro por lo que lo manda con el obispo de México: "Juanito, el más pequeño de mis hijos, ¿a dónde vas?... sabe y ten entendido, tú el más pequeño de mis hijos, que yo soy la siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive; del Creador cabe quien está todo; Señor del cielo y de la tierra. Deseo vivamente que se me erija aquí un templo, para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa pues yo soy vuestra piadosa madre.”

2) El obispo no le cree a Juanito. Él siente que es demasiado poco para ser escuchado (“Yo soy un hombrecillo, soy un cordel, soy una escalerilla de tablas, soy cola, soy hoja, soy gente menuda”). La virgen se le aparece de nuevo.

"Oye, hijo mío el más pequeño, ten entendido que son muchos mis servidores y mensajeros, a quienes puedo encargar que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad; pero es de todo punto preciso que tú mismo solicites y ayudes y que con tu mediación se cumpla mi voluntad. Mucho te ruego, hijo mío el más pequeño, y con rigor te mando, que otra vez vayas mañana a ver al obispo. Dale parte en mi nombre y hazle saber por enero mi voluntad, que tiene que poner por obra el templo que le pido."
3) Por segunda vez, el Obispo no le cree a Juan y le pide una señal. Juan Diego se entera que su tío Bernardino está muy grave y le pide le lleve un sacerdote para confesarse. Al día siguiente, Juan Diego toma otro camino para que no lo detuviera la virgen. Pero ella, se le aparece en el camino.

“Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige, no se turbe tu corazón, no temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad y angustia. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo? ¿Qué más has menester? No te apene ni te inquiete otra cosa; no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella: está seguro que ya sanó... Sube, hijo mío el más pequeño, a la cumbre del cerrillo, allí donde me viste y te di órdenes, hallarás que hay diferentes flores; córtalas, júntalas, recógelas; en seguida baja y tráelas a mi presencia.”
“Hijo mío el más pequeño, esta diversidad de rosas es la prueba y señal que llevarás al obispo.”

El resto de la historia es bien conocida; al desenvolver Juan Diego su manta, se esparcieron por el suelo todas las diferentes rosas de Castilla y apareció dibujada en la manta la imagen de la Virgen de Guadalupe como la conocemos en la actualidad.

En algún momento de mi vida, la historia fue contada de manera diferente. En un salón de clases de psicología del mexicano, se nos hizo creer a muchos que la virgen de Guadalupe era un ejemplo de antropomorfismo y un buen invento para ayudar a los misioneros españoles en la evangelización del nuevo continente.

Quizá es un poco tarde y quizá el medio el incorrecto para externarle a la maestra Paty Ancona algunos de mis pensamientos contradictorios acerca de sus enseñanzas. Quizá, a este punto, ni siquiera le interese saber lo que una de sus ex-alumnas piensa. Aún así, creo después de todo, que no estoy tan tarde para defender los dogmas de mi fe.

En principio, entendiendo que una enseñanza laica, como la de las escuelas públicas (incluida la de la Facultad De Contaduría y Administración de la UADY), debe no sólo mantener una independencia con respecto a cualquier creencia o práctica religiosas, lo que incluye opiniones a favor o en contra de ciertos íconos e ideas religiosos, sino que además debe procurar y mantener un respeto para dichas creencias y prácticas religiosas. La laicidad de la educación no debe crear hostilidad o indiferencia contra ninguna religión o iglesia.

En segundo, aunque creo que la mayoría de las ideas pueden ser evaluadas bajo las reglas de la lógica, evidencia y el método científico, también creo, que muy pocas son aquellas ideas que no necesitan una prueba empírica tales como son las creencias religiosas y los valores personales que, se sostienen en la fe.

Basada en mis ideas refutables por el método científico, creo en Dios. Creo que Él nos habla de distintas maneras, en distintas formas, lenguas y en distintos tiempos y lugares para que le entendamos. Que sus maneras de manifestarse son incontables. Creo que Dios no tiene color de piel, ni lengua oficial alguna más que la lengua del amor. También creo que a Dios no le interesa ser aprobado en una hipótesis, ni convertirse en teoría porque hace falta no inteligencia sino, mucha humildad en el corazón para escucharle y entenderle cuando nos habla. Creo que nunca es tarde para encontrar a Dios. Creo también, en la Virgen María de Guadalupe. Que el mensaje que nos trae, viene de parte de Dios. Creo que como cualquier madre, ella intercede, ayuda y defiende a cualquiera de sus hijos. También creo que la primavera es un buen pretexto para creer en ella y así, celebrarla junto a sus rosas de Castilla que hizo aparecer en el cerro de Tepeyac.

AMEN.

jueves, 14 de abril de 2011

DEL AMOR Y SUS FACETAS

“El amor es un arte que nunca se aprende y siempre se sabe” Benito Pérez Galdós

Nunca ha sido fácil hablar del amor. Hacerlo implicaría entenderlo, por lo menos un poco. Yo no lo entiendo nada, pero me lo imagino como un poliedro; sí de esas figuritas geométricas que tienen muchas caras. Así es el amor, con muchas facetas.

Quizá todos debiéramos saber que el amor es un niño caprichoso y desnudo que corre armado y apunta aquí y apunta allá y dispara al azar. Que venda tus ojos y te gira mil veces y te marea porque siente ganas de jugar a ponerle la cola al burro.

A veces, el amor es un monstruillo que atrapa con sus garras tentadoras y una vez que te tiene, no libera. Hace la finta una y otra vez porque le entretiene, pero no quiere dejarte ir. Nunca lo hará. Es en ocasiones, un joven lanza piedritas de la ventana sin balcón. Quiere entrar y cuando lo hace, canta una canción romántica al oído y te hace bailar y así, caer y caer en sus redes llenas de deseos seductores y ganas impropias de hacer el amor.

El amor es un loco que ríe a carcajadas, que brinca y baila y contagia y te hace creer que no hay, ni habrá espacio nunca para la tristeza: ¡qué se vaya al diablo!, te dice en secreto y toma tu mano y te hace reír y creer que todo es verdad; que la felicidad es para siempre y que eres tú el personaje protagónico del cuento que no es de hadas.

Es acaso, un ladrón que al pasar junto a ti, roba tu alma y juega con ella, la tira al aire repetidas veces, la vuela como papalote, la enamora y le hace caricias suaves, la besa hasta el cansancio. Luego, la guarda en su bolsillo para mantenerla a salvo. ¡Devuélveme mi alma, por favor! Yo le grito, pero se niega rotundamente.

Me sonríe. Le parece divertido tenerme así: en ascuas, desalmada, sin aliento. El amor te roba el aliento y si puede, mil suspiros. Nunca pregunta, ni pide permiso, es maleducado.

Es un brujo, un hechicero que hace conjuros y embelesos y un poco de brujería cuando es necesario. Los amarres son sus preferidos y cuando los hace, te deja sin voluntad alguna, más que para amalo; hace que sólo tengas ojos para él. En uno de sus embelesos te obliga a cambiarle revuelcos por tickets al cielo. ¡Garantizado o le devolveremos el revuelco!, se ufana el desgraciado.

El amor es también un mal que da mucha calentura y ganas de quedarse en cama. De nada han servido los trapitos húmedos, ni las aspirinas. Es como un cáncer en el alma: crece de manera exponencial y sin control. ¿Cómo se cura uno de estar enamorado? No se cura, tampoco mata, dice el especialista. El amor es un mal, es un mal necesario.

Así es el amor: un niño juguetón, un monstruo que atrapa, un joven seductor, un loco sin razón, un ladrón de almas, un brujo hechicero, un mal deseable e incurable. De múltiples facetas, difícil de entender. Pero a veces es mejor así…

domingo, 23 de enero de 2011

LOS TRES HOMBRES SABIOS: LOS REYES MAGOS



Este año traicioné a Santa. No hubo carta para el botijón, ni si quiera pasa saludarlo. Aunque dejé por si acaso un par de galletas simplonas; sin azúcar, ni chispas de chocolate, y un vaso de leche de soya sabor vainilla. Me tomé esa libertad porque me preocupa su sobrepeso y sobre todo, aquí entre nos, porque no quería a nadie pedorreandose en mi casa. A los renos les dejé un poco de hierba de gato seca, esperando que pierdan cordura y sean felices como los son mis mininos cuando les doy.

El día de la víspera de navidad, manejando de regreso del trabajo, una luz brillante apareció en el cielo; parecía una estrella fugaz, sólo que se movía lentamente. Me pregunté si pudiera haber sido un helicóptero policiaco buscando a un niño perdido, pero entonces, me di cuenta que Él no estaba perdido, sólo no había nacido. Esperábamos por Él. Pensé que en vez de reyes magos, agentes del FBI lo buscarían. Yo no seguí esa luz de mi camino, nunca he sido sabia y mucho menos, atenta de las señales

En la bolsa de mi última compra navideña, en su empaque original y a mitad de precio, un pequeño de ojos hermosos llenos de esperanza y amor, aguardaba su momento de brillar. Fue bienvenido a mi hogar con la mayor alegría. La almohada (incluida) de tela fina y detalles dorados no lograba representar la verdadera realidad de un nacimiento que fue en extrema pobreza y humildad, en un pesebre sobre una cama de paja improvisada. Empero, representaba grandeza, era la almohada digna de un rey: el rey de los judíos, el hijo de Dios, por eso se la dejé.

Alguien me dijo que los reyes magos llegan en enero a conocer al niño Jesús. Que también vienen a traer regalos. Yo planeo la mejor forma de congraciarme con ellos. Melchor, Gaspar y Baltasar. Tres son multitud, pero bienvenidos a mi hogar. ¿Me pregunto si traerán más regalos que Santa? ¿Si les gustarán las galletitas con chispas de chocolate? ¿Qué comerán sus camellos?

El chocolate caliente hace espuma y se reboza de la lechera de estaño. Una rosca de reyes espera en la mesa de la cocina. Quien saque muñequito (niño Dios) será su padrino para presentarlo a la iglesia el día de la candelaria (2 de febrero), luego dará los tamales. Deseo que sean estilo México; también, no ser yo la que tenga que pagar por ellos. De ser necesario me comeré el muñequito.

Mientras doy grandes bocados de pan, recojo poco a poco los adornos navideños con forma de santa, renos, muñecos de nieve. Cuando recojo el nacimiento, miro a la sagrada familia y luego con detenimiento, a los reyes magos. Bebo un poco más de chocolate y brindo por esos hombres que en realidad no fueron ni reyes, ni magos, si no más bien sacerdotes de la casta medo-persa. Brindo por ellos porque fueron, por sobre todo, hombres sabios (three wise man) capaces de reconocer que en una tierra lejana, en condiciones económicas muy distintas a las de ellos y en una religión diferente a la suya, el mesías había por fin llegado y supieron aceptar sin dudas, ni escepticismos a Jesucristo como el hijo Dios.

APARTADO DE LA AZAÑA PARA CONSEGUIR ROSCA DE REYES

El año comienza con un par de libras de más por los excesos navideños. Un par de libras que ignoro porque espero pronto regresar a mi rutina de correr. También porque la rosca de reyes traída de Homestead (una ciudad cerca de Miami, donde se presume viven muchos Mexicanos) me invita a saborear sin penas aquel tesoro que con tanto trabajo y penas conseguí. Con cada milla que recorría al sur, el sol se escondía más en el horizonte. El barrio no era el más fino. No hubiera llegado nunca sin el GPS. Yo, como algunas otras veces, imprudente, ignorante, atrevida.

La panadería era un lugar pequeño y no muy iluminado, pero estaba llena de panes diferentes y roscas de varios tamaños que me emocionaban. Olía a México. Por eso tome mi bandeja y la llene de panes (conchitas, orejas, polvorones) que me recordaron a los de “La Perlita”. La panadería estaba llena de mexicanitos: tuve que hacer cola para pagar. Cuando llegó mi turno, el muchacho que atendía se sorprendió al ver el tumulto de mi bandeja, pero respondió amablemente a mi sonrisa dándome la rosca más grande que había. ¡Dos!, señalé con mis deditos, pero él ya no parecía sorprendido. Mucho menos después de mirar de soslayo mi panza prominente.

Al salir, también me sentí como en México. Caminaba hacia mi carro como un pavo de doble pechuga, y no era precisamente mi sostén nuevo de Victoria’s Secrete que a duras penas alcanza una talla “B” lo que me hacía sentirme así. Eran las dos cajas y la bolsa llena de carbohidratos y azúcar que mis cortos brazos apenas podían cargar y me hacían sentir, no sólo que si no me apuraba a llegar al carro algo caería al suelo, sino también, orgullosa de mi compra y especialmente, de mi misma por haber llegado hasta ese lujar lejano sin ninguna compañía. Fue cerca del carro cuando pasó lo inesperado: El “naquete” de la camioneta me echó un silbido y su compañero “sombrerudo”, un par de besitos. No me atreví a mentarles la madre: me sentí en terrenos peligrosos, pero les hice mueca de asco y me metí rápidamente a mi carro, lanzando las roscas y el pan en el asiento del copiloto y deseando que prendiera mi cacharro a la primera, por si tenía que salir huyendo como alma que lleva el diablo. Puse los seguros al instante. Debí pasarle mi adrenalina porque encendió sin contratiempos. Al prender las luces, vislumbre a un par de hombres que caminaban erráticamente hacia mí. Coño, deseé no haber ido sola a ese lugar. Casi me los llevo al retroceder. Uno de ellos en un inglés mal hablado se disculpó por haberse atravesado así. Yo ignoré sus disculpas. Juré no volver más a ese lugar feo y lleno de…Paisanos. Me fui de ahí con un acelerón que me hizo pensar que si algún borracho más se me cruzaba, no sería tan prudente de frenar. Total, la prudencia nunca ha sido mi mejor aliada y yo sentía que debía huir, correr, no mirar atrás; me sentía como un animal salvaje que acababa de liberarse, por algún hecho favorable del destino, de su presa cazadora.

En el camino de regreso comí un pan y luego, otro. Luego robé parte de los adornos de la rosca de reyes sin importar las represalias futuras. El pan todavía calientito, me supo a gloria y el olor que emanó en mi carro me hizo olvidar lo sucedido. Pensé: tal vez vuelva pronto a ese lugar después de todo.

viernes, 31 de diciembre de 2010

MIS MEJORES DESEOS PARA TI

Que no falte nada importante. Que si sobra, sea amor. Que pocas sean las pruebas de Dios para ti y muchas sus bendiciones. Que entiendas que Dios da, pero también quita: que aprendas a decir gracias y amén. Que en tus mejores y peores momentos te des cuenta que lo único que necesitas es a Dios. Que tu corazón nunca sea indiferente a las injusticias. Que mi amor por los animales te contagie un poquito, tan sólo un poquito. Que te deje de gustar la carne. Que alguien siempre rece y pida por ti. Que te enteres que la oración es la debilidad de Dios (si puedes reza por mí). Que descubras que la felicidad es más fácil de alcanzar de lo que creías. Que no olvides que te llevo siempre en mi corazón.

Esos son mis mejores deseos para ti. Con mucho cariño.

Jo

jueves, 11 de noviembre de 2010

AL VOLANTE


Espinoza-Paz empieza a hablarme con voz queda, con un dejo de enfado, con lentitud; cuando la música comienza, me manda al diablo con la calma que no amerita el caso, dice que ya no soy su otra mitad. Luego, El chapo de Sinaloa, con esa voz extraña que lo caracteriza, canta en mis oídos palabras lascivas e impropias que en un momento dado me hubieren hecho sonrojar. Yo hago coro con el volumen al máximo para que mi voz se funda, o debo decir más bien se confunda, entre esas voces masculinas que pienso, me cantan a mí. Llevo las ventanas abiertas para que mis berridos se pierdan al aire y porque en cierto modo malicioso, disfruto mostrarle al mundo que me importa un bledo si mi música les parece displicente. Mi pie, sobre el acelerador, lleva la batuta al ritmo de las canciones norteñas.

Me considero una buena persona, excepto cuando manejo. De algo tengo la certeza en este mundo: Si cuando muera voy al infierno, será por mi manera de conducir. Es impensable, no hay cabida para la bondad en mí mientras conduzco. Cómo sería eso posible si todos los días hay algún idiota al que se le ocurre chocar y alentar el tráfico para los que venimos detrás o hay algún zopenco que por estar “chateando” en su celular o distraído con alguna otra cosa, nos hace perder la luz verde, o peor aún, cambia de carril sin intención. Cómo imponer la inalterabilidad de las emociones, si nunca falta el imbécil que decide manejar despacio en la vía de alta velocidad o que decide doblar, sin avisar. “El problema de los pendejos es que son muchos”, me decía confiadamente el maestro Germán, sin pensar que algún día citaría sus sabias palabras entre comillas y a él como el autor.

No es paciencia lo que falta en la vía que considero mi pista de carreras, es que sobra la estupidez en sus calles; es que el tiempo resulta invariablemente medido, por no decir exacto, mientras manejo a una velocidad constante que necesita ser rápida para llegar a tiempo. Es el demonio que pareciera apoderarse de mí al momento que mis manos se posan en el precioso y brillante volante del automóvil: un demonio que no me deja ceder nunca el paso; que me obliga a rebasar con zigzagueos constantes; que me hace recordar la vasta lista de palabrotas ordinarias, impúdicas y pendencieras que me sé; que me hace olvidar a la buena cristiana, que cuando estoy fuera del automóvil, intento ser. Un demonio que la colgante crucecita de San Benedicto de mi moderno celular bebería exorcizar, a como dé lugar.

Creo que Bart Simpson, aunque de filosofía poco profunda, siempre resultó un personaje sensato: “La última esperanza de un bribón, es la fe”. Puede que Bart tuviera razón. Por eso, pienso que debería tomar algunas precauciones como usar un escapulario ya que promete al devoto mariano corta estadía en el purgatorio después de morir; pienso que debería encomendarme a San Cristóbal porque aunque no soy camionera, manejo como tal; sobre todo, pienso que debería no sólo rezar de vez en vez el rosario que cuelga en mi espejo retrovisor, si no entender que no está ahí nada más para adornar.

No soy una buena persona mientras manejo, excepto en los meses de noviembre. Noviembre con su clima benévolo que no da ni frío, ni calor si no sólo una brisa suave y apacible que relaja y acaricia hasta mi alma, me hace sentir una mujer diferente; me hace sentir que puedo ser una buena ciudadana, ejemplo de una conductora modelo. No es el oficial con su pistola de radar, si no el céfiro de noviembre lo que me hace bajar la velocidad, lo que me hace no sentir esa prisa por llegar de primero o de estar tarde. Es el mes de noviembre cuando me lleno de calma que le doy un respiro a mis pobres compañeros de ruta; cuando deseo que todos los meses fueran como éste para no ser más un producto del ímpetu y la adicción a la adrenalina y la velocidad.

En noviembre cuando manejo sin prisas, cuando canto desentonada y mi pie no sigue el ritmo acelerado de las bandas musicales norteñas, agradezco a mi ángel de la guarda que siempre vuela a mi paso presuroso y se excede, junto conmigo, los límites de velocidad para no desampararme. Toco madera tres veces y doy gracias de estar siempre protegida sea el mes que fuera, sin importar lo atrevido de mis actos al volante y sobre todo, sin importar que a veces resulto no ser siempre la buena persona que debiera.

domingo, 12 de septiembre de 2010

COME, REZA, AMA...DUERME



Yo a ella le creo siempre, como si todo lo que me dice fuera verdad. No sé si es la elocuencia de sus palabras o simplemente su carcajada sincera que me invita a reír tanto cuando la escucho. No sé si dice la verdad o no. Aunque eso no importa: yo me lo trago todo. La autora del libro, Elizabeth Gilbert, no se equivoco con sus inteligentes y profundas palabras. Los productores de la película, Brad Pitt y Dede Gardner, tampoco lo hicieron con la actriz que escogieron para hacer el papel de Liz: Julia Roberts. Hoy, en esta película, ella me habla con filosofía: come, reza, ama. Le creo cuando me muestra que un lugar placentero para comer y tener una relación amorosa con tu comida, sin duda es Italia. Que la oración es poderosa y la India es un lugar propicio para hablar con Dios. También, que en Bali se puede no sólo encontrar paz interior, sino que también se puede encontrar de ese amor verdadero, puro y ciego, aunque sea feo…muy feo.

Para mí uno de los grandes placeres de la vida es comer. Por lo general, suelo ser bastante compasiva con los animales. Por eso, cuando de alimentación se trata, resulto ser irritablemente meticulosa: trato de evitar las carnes lo mayor posible y cuando las compro, me aseguro que sean orgánicas. Pero creo que las carnes no son la única fuente de placer alimenticia. A mí, me causa placer morder una pera dulce y sentir sus aromas mientras se hace agua en mi boca, me fascina el sabor de las moras azules y las cerezas congeladas mientras se descongelan en mi lengua. Tomar leche de soya con guayaba (¡Ese olor enervante de la guayaba!) o licuado de mamey. Comer queso con ajo horneado y pan. Calabaza entomatada con frijoles refritos o la variedad de tubérculos en sus diferentes tamaños y formas. ¡Uy, creo que ya me emocioné! ¿A quién no se le antoja un cheescake con mermelada de naranja o zarzamora encima o una barra de chocolate con almendras, pasas y arándano? No se diga nada de los camarones a la plancha o de empanizado con coco. Con estos últimos, no puedo negar que al comerlos, me siento como Ursula (el personaje malévolo y perverso de la Sirenita) comiéndome esas almas en desgracia: sin remordimientos, ni culpas y a montón. Claro, la frase que viene a mi mente en ningún caso podría aplicar sin consecuencias catastróficas: come como si fuera el último día de tu vida. En la película se sugiere la idea de comer sin culpas, ni preocupaciones. Yo creo que la clave del placer de la comida sin que la báscula vaya en aumento en cifras galopantes reside en alimentarse sin culpas, con variedad y sobretodo, con moderación.

Pero sin duda el mensaje importante de la autora no radica en que te debatas entre embutirte de comida o no. Es el vacío existencial que acongoja a nuestra sociedad moderna, el detalle más apremiante. ¿Qué puede llevar a una mujer que aparentemente no le hace falta nada (tiene marido que la ama, casa, carrera exitosa) a tirar todo por la borda? Ejemplos de este tipo hay de sobra: el esposo que se aburre de su mujer y su familia aparentemente perfectas y se busca una amante 20 años menor, el estudiante “modelo” de la escuela privada que decide drogarse, la ama de casa millonaria que cree que comprando y operándose el cuerpo para estar más bella va a encontrar la felicidad y cuando llega a casa llena de bolsas y con la cara restirada, se da cuenta que sigue tan vacía o peor…etc. Es la falta de Dios, la falta de contacto con él. Es tener el alma hueca. En realidad lo que nos diferencia de los animales no es la inteligencia (¡Me consta! Yo he conocido seres humanos que actúan como bestias y animales mucho más inteligentes que ellos). Lo es la capacidad de alabanza a Dios. Ningún animal tiene conciencia de Dios y mucho menos, de su alabanza. Hace falta acercarse más a Él. Hablarle, rezar. Pero hacerlo no como tarados canta-comerciales o loros que repiten sin tener idea de lo que se dice, incapaces de hallarle sentido alguno a la oración. El poder de la oración es fuerte, pero hay que tener a Dios en la conciencia y en el corazón para poder hablarle con verdadera intención. Dios no entra a la fuerza: Él todos los días, de mil maneras distintas nos habla, nos toca la puerta; nosotros somos los que lo ignoramos o peor aún, los que nos huimos de Él. Como bien se dice: no hay que correr de Dios, hay que correr hacia Él. Hace falta abrir las puertas de nuestra alma para dejarlo entrar. Con Él, el vacío se llena y se halla el sentido existencial que se nos ha perdido.

Por último y no de menor importancia esta amar. Si Dios cura el alma; un buen amor, es capaz de curar y dejar como nuevo el corazón. Hay amar sin medidas, sin reservas, ni avaricias. Sin reproches, ni quejas. Sin condiciones. Como si fuera la primera y la última vez. Amar como si nunca te hubieran lastimado, entregando el corazón en las manos del ser amado, sin pensar que este pueda dañarlo o peor aún, romperlo en añicos. Combínalo con un poco de placer mundano (que a nadie le cae mal) y la formula está casi lista. Yo creo que la autora olvido en la sección de amar, añadir el amor de familia y de amigos. No sólo hay que demostrar amor a la pareja, hay que hacerlo también con los hijos, con los padres, con los hermanos, con el prójimo. Todo esto crea un equilibrio perfecto en el apartado amar. Una de las cosas más maravillosas de este mundo es amar. No hay porque reprimir este sentimiento tan sublime bajo ninguna circunstancia o razón.

Yo incluiría una coma y un verbo más al título sin mayor explicación: dormir. Tengo la teoría de que la gente que duerme bien es más feliz. Por lo menos, yo lo soy.

Yo no creo que Julia, ni Elizabeth mientan. Hay que estar en paz con el cuerpo, en paz con tu alma y en paz con tu corazón. Ahí radica el secreto de la verdadera felicidad.

sábado, 10 de julio de 2010

LA FUSIÓN DE MUNDOS



¡Soy un peligro para las criaturas de Dios!

Yo creo que de las diferentes perspectivas que hay para conocer el alma humana, los actos de bondad no resultan ser tan definitorios como lo son los actos y las reacciones provocados por situaciones de alto estrés, donde el alma se queda sin defensas y afloran, de manera genuina, los verdaderos colores del alma.

Aquella noche, la lluvia azotaba fuerte mis cristales. Parecía tormenta, pero no estaba segura si lo era. Nunca veo el pronóstico del tiempo. Aún si lo viera, el de Miami, resulta siempre incierto, improbable, astuto. Estaba agotada por eso me volé un par de altos antes de la lluvia. Mi único fin era llegar a casa lo más pronto posible, a como diera lugar. La lluvia no sería impedimento. Mi visibilidad era nula, pero no detuve el carro. Debí. Todo pasó como en cámara lenta. ¡Qué inconsciente, el pobre!, ¡salirse así! Lo vi a lo lejos cruzarse en mi camino. Bueno, en realidad, no era tan lejos. El carro patinó, con cierto encanto yo bien diría, como una patinadora profesional de hielo. Viéndolo desde ese punto, el chillido de las llantas fue como un fondo musical aterrador. El incidente fue inevitable. El carro lo golpeo, le pasó encima, lo dejó tirado ahí. Yo pegué un grito ahogado, los ojos y el rostro se me llenaron de lágrimas al instante, mi mente quedó en blanco. Pero no detuve el automóvil. Del susto y ya sin intenciones, me volé un alto más. Llegué a casa antes de lo imaginado, hecha un mar de tormentos.

Ella, de niñas, nos llamaba princesas. No nos contaba cuentos, pero nos llenaba de libros, muchos de ellos. Él tampoco nos contaba nada, pero llenaba nuestros anaqueles de caricaturas de Walt-Disney, de todas las que salían. Libros y caricaturas: de princesas, doncellas y damiselas; de dragones furiosos que arrojaban fuego por sus fauces o brujas perversas que hacían maleficios; de príncipes buenmozo o encantados, magos, caballeros valientes, plebeyos o lacayos que pasaban mil aventuras en bosques floridos, desiertos áridos o mares coléricos; de historias de castillos de cristal, hielo o arena, de castillos mágicos que flotaban en el aire o se erguían en la cima de una colina hermosa. Nadie nos dijo que los cuentos aquellos, no eran realidad.

Ella, de niñas, nos llamaba princesas, pero nos crió de manera que supiéramos hacer de todo…no cómo las princesas. Desde muy pequeñas ella nos inculcó a la idea de ser independientes: aprendimos a preparar nuestros propios alimentos; a hacer lo necesario para que siempre tuviéramos ropa limpia (lavar, tender, doblar, planchar); a saber cómo mantener limpio un hogar ( y créanme cuando les digo que con cuatro mascotas nunca fue fácil); a pegar botones o meter dobladillos (que por cierto, odié y hasta la fecha sigo odiando hacer); a mantener un jardín hermoso y en general, yo diría que a trabajar duro para conseguir lo que queríamos y hasta para lo que no. Él nos ensenó actividades un poco más masculinas: a cambiar lámparas fundidas; a arreglar una llave que gotea; a cambiar tanques de gas o a prender el calentador; a cambiar los fusibles cuando se iba la luz; a matar (o sacar) esos animalejos (serpientes, iguanas) que buscaban refugio del maldito sol raja-piedras de nuestra calurosa tierra Yucateca y que se colaban cuando, por error, dejábamos la puerta de nuestro patio frondoso abierta.

Entre libros y caricaturas de fantasías y actividades prontas a nuestra edad, creo,
crecimos con dos realidades paralelas. Y en este mundo real donde, atiborrados de trabajo, no hay tiempo de nada más que correr, las series de libros del mundo de la fantasía como Harry Potter, Narnia, El señor de los anillos y recientemente Crepúsculo (Twilight), no sólo permiten momentos de escape fascinantes y mágicos, sino que, también, se han convertido en grandes obsesiones. Tantísimo como sus películas.

De acuerdo a la concepción freudiana la fantasía representa la realización de un deseo, sea este consciente o inconsciente. El grado de fascinación que me provocan ese mundo de fantasía y de magia es tal, que he llegado a preguntarme si la simpleza con la que se desarrolla el mundo real pueda provocar en mí el deseo inconsciente de vivir en un mundo que no existe más que en la imaginación, los libros y las películas. Viéndolo desde el punto de vista positivo, ignorando por completo cualquier patología psicológica, tomemos como cierta la teoría de que las fantasías son un ingrediente esencial y básico puesto en la mente del ser humano, como una meta a conquistar en su vida real.

La pregunta del millón es sí al hacer de la fantasía (algo que por naturaleza propia es irreal) una meta a seguir, resulta obvio entender que la meta será inalcanzable, al menos en el mundo real. Me pregunto si al involucrarnos por horas en la lectura o en el cine, nuestro subconsciente entiende que siempre el mundo real y el de la fantasía serán mundos paralelos porque los esquemas que definen a cada mundo no sólo no pueden conjugarse y confundirse, sino lo que resulta peor, chocan entre ellos.

Sin duda alguna y con pena ajena reconozco que la imagen del Facebook de mi amiga, donde aparece mi nombre “tagueado” es un ejemplo claro de lo que resultaría una catastrófica fusión de estos mundos tan distintos. En primer plano, en la mesa, Jazmín, Ariel (la sirenita), Cenicienta y Bella fuman y beben en excesos. Mulán duerme sobre la mesa con varias botellas tiradas junto a ella. Las ratoncitas fuman, toman y juegan póker en medio de la mesa. Una princesa, de la cual desconozco su identidad, aparece con una botella empinada en la boca y a su lado, la zapatilla de Cenicienta. En un segundo plano, se alcanza a ver a Pocahontas y Blancanieves aprendiendo a bailar el “tubo”. “Ladies Night” es titulada la sátira de las princesas. Mi amiga Sabrina responde riendo que es nuestro futuro. Yo también me rio al pensar que así serían los cuentos de princesas si la fusión de los mundos llegara a existir. Las princesas modernas, me burlo y me rio más.

Aquella noche de lluvia inquieta, bajo el estrés constante de mi corre-corre habitual conocí la parte oscura de mi alma en el momento que, cuando se requería de valentía, me ganó la cobardía y salí huyendo de la escena del crimen. Dejé aquel cuerpo inválido, inerte. Ni siquiera miré el retrovisor. El peor de mis temores fue que mis mundos se hubieran fusionado. Me aterroricé, ese pensamiento me volvió loca. Destino despiadado y acerbo que al beberlo de golpe me hizo desear que el mundo de la fantasía, que tanto adoraba y en el que había creído toda mi vida, no existiera más. Papá hubiera aplaudido, pero yo sabía que mamá y nené (mi hermana menor) nunca entenderían que el día en el que mi príncipe azul, mi príncipe encantando (en forma de sapo) saltó a mí para besarme y conquistar mi amor, yo lo dejé hecho mierda sobre el asfalto y salí huyendo de él como alma que llevaba el diablo.

La Fusion de los Mundos Paralelos (cont..)
Por Elizabeth Ojeda


Mientra esto sucedia, en la otra dimension, la del mundo paralelo, la lluvia habia arreciado tanto que le impedia totalmente la visibilidad a los conductores de los vehiculos y poco a poco los iba obligando a bajar la velocidad y a avanzar a paso de rueda, hasta llegar el momento de detenerlos totalmente.

De pronto, justo ahi, frente al semaforo cuyas luces difusas apenas se distiguian en el torrencial aguacero, un resplandor ilumino totalmente el area, como si hubiera caido un rayo, y la luz de mil bombillas iridiscentes iluminaron la escena trajica de la pbre criatura que acababa de ser atropellada y barrida sobre el pavimento, ciertamente, la del pobre sapo que se lanzara en salto suicida buscando romper el hechico que sobre el pesaba y le devolviera a su condicion real.

La luz era cegadora y deslumbrante y tintilaba como si miles de diamantes giraran en torbellino y lanzaran destellos de tonos multicolores, por momentos azulados, otros violaceos o carmesi, en ocasiones, dorados y esmaldinos, pero siempre en una danza fantastica que se extendia al universo entero. El silencio era imponente y magestuoso. Hasta las mismas gotas de la lluvia que caian lentamente, tambien habian enmudecido para no profonar la solemnidad de aquel momento y ahora se habian detenido en el aire y quedaron como flotando en una atmosfera congelada en el tiempo.

De pronto, comenzo todo a girar, como en un remolino, en torno a los restos de aquella pobre criatura y las mil chispas de colores iridiscentes comenzaron a tomar la forma de una escencia angelical de belleza indescriptible y unica, en tanto que una voz, mas dulce que cualquier voz que jamas pudiera escucharse, como si fuera el tanido de campanas celestiales, traspasaba el silencio de aquel instante eterno en que los dos universos paralelos, en el infinito, habian tenido un punto de interseccion:

"Criatura de la Luz, tu hechizo se ha roto y has recuperado tu alma por cuanto tu sacrificio ha salvado la vida de una mortal, de una de esas criaturas tan amadas por el Senor que fue capaz de ofrecer por ellas, su propia vida en la Cruz, que si tu no te hubieras lanzado bajo las llantas de su vehiculo, asi como venia manejando, como loca, hubiera sido ella la que hubiera terminado barrida en el asfalto de algun boulevard, y tu sabes Angel guardian, como se hubiera desgarrado de dolor, el Corazon de Nuestro Amado Señor"

Un instante y todo recobro su anterior velocidad, tiempo, espacio, forma y dimension y los mundos paralelos que por un instante se habian unido en un punto del infinito volvieron de nuevo a ser dos mundos paralelos en la inmensidad.

La lluvia siguio cayendo con estruendo, los rayos siguieron hendiendo la voluta celestial, los vehiculos siguieron circulando en el atestado carrefour y los conductores siguieron pisando el pedal del acelerador sin mirar atras.

domingo, 13 de junio de 2010

ES PROBABLE


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En memoria de mi Lisita, mi compañera de vida peluda.
Nadie puede entender este dolor que me oprime el pecho mientras hace correr lágrimas que por momentos, siento que se agotan. Nadie puede entender este dolor, ni siquiera él.

Partiste Lisa, de manera dramática y prematura. Tu ausencia me ahonda de tristezas el alma, me deja sin voluntad, sin ánimos, sin ganas. El tiempo no se detuvo cuando te encontré en mi cuarto tirada sin vida, pero a partir de ahí, empezó a transcurrir lentamente. Muy lentamente. No hay nada que yo pueda hacer para retroceder el tiempo y cambiarlo, nada para borrarlo, nada para volverlo a su ritmo normal. Tampoco, nada para desatar este enredo en el que me siento atrapada y del que, extrañamente, no siento el más mínimo deseo de salir. Todo es caos. Un caos fuera del caos normal, uno que se trama muy despacio sin entender por qué.

Tu plato, Lisita, permanece vacío, en el mismo lugar. Han pasado varios días, pero no sé exactamente cuántos. El mundo continuó su ritmo vertiginoso y apresurado: ya es tarde córrele, trabajo, dormir, otra vez ya es tarde, trabajo, dormir. Creo que en el afán de olvidar la tragedia atiborré mis días de trabajo y prisas un poco más. Pero no funcionó. Algunos de esos días no comí, mi plato igual se quedó vacío: unos porque lo olvidé; otros, la verdad, me dio igual. No sé qué día es hoy, tampoco estoy segura de la hora. Permanezco en casa, sin valor, sin fuerzas, con ganas de dormir para no pensar. Las persianas permanecen cerradas, no siento deseos de mirar a través de la ventana. Lo que hay afuera también, me da igual.

Algo importante ha muerto en mí: parte de mi alma, tal vez. Esa parte que solía hacerme sonreír todos los días, hallar algo bueno en los días malos que insisten en perseguirme y también, hallar vislumbres de bondad en el alma de las personas, que el resto del mundo no es capaz de ver. ¡Al carajo con todo! Hoy no sonreiré porque no se me da la gana, le mentaré la madre a los días malos venideros y acosadores y mandaré a la gente “hijueputa” al lugar que les corresponde: al diablo. O tal vez… no haga nada.

No estoy de humor, no del complaciente y risueño que me caracteriza. Últimamente mi humor es otro, lleno de tristeza, de culpas. Me encuentro taciturna, dubitativa, con aires de introspección. Con mi nueva amante: la soledad. En el reinado de mi tristeza, la verborrea crónica fue amordazada, mandada a callar. Generalmente, no me gusta el silencio. Ahora mucho menos porque los pensamientos me persiguen, me recuerdan, me hacen llorar. He imaginado varías veces que dejaba el baño terminado de lavar, que le ponía seguro a la puerta, que te reprendía Lisita al verte abriendo la manija del baño, que evitaba que lamieras el limpiador, que me daba cuenta que no estabas bien, que intoxicaste, que no era demasiado tarde cuando te encontraba debajo de mi cama y te llevaba al veterinario, que cuando gritaba tu nombre y sacudía tu cuerpo sin vida, sólo había sido un sueño, una horrible pesadilla de la que pronto tu y yo íbamos a despertar. Nada fue un sueño. Tú no despertaste. Salí del veterinario con los ojos nublados de lágrimas y el alma, como tu jaula, vacía, sin ti. Todo ha sido imprudente, estúpido, tarde. Muy tarde.

No me gusta el silencio, ni la soledad, pero por el momento lo prefiero así. Necesito desahogar la tristeza de mi alma, llorarla, dejarla ir. Me pregunto si volverá algún día la alegría natural en mí. Sí mis sonrisas serán de nuevo puras y sinceras. Sí algún día renacerá en mí el deseo genuino de volver a hablar. Sí este dolor será pasajero o vino para quedarse en tu lugar. No he vuelto a cantar a toda voz cuando manejo en mi carro, no desde que te perdí. En este silencio que me acompaña, pienso en ti, Lisita, sólo en ti. En que ya nunca más te tendré a mi lado. En que no sé cómo decirte adiós.

¿Es anormal este apego emocional? ¿Es acaso, este amor a los animales exagerado? ¿Podrá ser pecado tanto amor hacia estos seres? ¿Será en vano toda mi misericordia para con ellos? ¿Es probable que nadie entienda este dolor que me oprime el pecho? ¿Es probable que nadie entienda que si tuviera que elegir entre salvar a mis animales o a un hijueputa, elegiría a mis mascotas, aunque ese sea mi camino al infierno? ¿Es probable? Tal vez lo es, tan probable como que en ese día de Corpus Christi, no sólo te haya perdido a ti Lisita, sino también, haya perdido el deseo de entender el mensaje que Dios, al arrancarte de mi vida, me ha querido decir.

miércoles, 12 de mayo de 2010

¡BÉCQUER DIJO QUE SÍ!


¡Habrá poesía!, murmura en mis oídos Gustavo Adolfo Bécquer en el sosiego de la siesta vespertina, ¡Si la habrá!, se repite para sí mismo. Concerto número uno en Mi mayor: La primavera, anuncia Vivaldi al tiempo que comienza a tocar el violín de manera vigorosa. Restándole importancia a la música, Bécquer insiste en voz baja: ¡Habrá poesía!, al tiempo que hace cosquillas en mi nariz con su pluma antigua de escribir y extiende en la cama una hoja de pergamino. ¡Achú!, ¡Achú! ¡Achú! Concerto número cinque: Alergia en Fa mayor; los estornudos se unen a la música de Vivaldi. ¡Achú!, una vez más. En medio de la somnolencia mi amiga de la secundaria me recuerda: “Dicen que si estornudas siete veces seguidas es como tener un orgasmo”. Le sonrío plácidamente a Gustavo y grito viendo al otro personaje: ¡Música, maestro!, deseando que la primavera de Vivaldi me dé más alergias que la de mi mundo real. Pero en vez de estornudar tanto, el vaivén de la hermosa música provoca efectos adversos en mí: Somnolencia total, caigo de nuevo y sin resistencia en los brazos de Morfeo. Le pido que me deje dormir en las nubes de algodón o por lo menos, comerlas. Pienso: si fuera musa de William Cotton me comería sus escenarios. Antes de que Vivaldi termine de tocar su última estación, una voz familiar me arranca con dulzura de Morfeo y pregunta si terminaré mi escrito. Yo dejo de comerme la sábana y con la cabeza le digo que sí. Por alguna extraña razón, duda si habrá poesía y me cuestiona al respecto. El susurro se escucha aún con mayor entusiasmo: ¡habrá poesía y esta noche! Yo sin pensarlo mucho respondo: Bécquer dijo que sí.

jueves, 22 de abril de 2010

YO CONFIO EN TI



Mamá escribe y cuando lo hace y yo la leo en silencio, pero con prisa, atropelladamente; con ese sentido de urgencia que siempre me hace ir más rápido de lo que yo debiera. Una premura que resulta sin sentido cuando me doy cuenta que al fin y al cabo, no ganaré ninguna carrera, ni siquiera aquella contra el tiempo. “Misioneros de la Divina Misericordia”, leo su título de nuevo y me reprimo a mi misma: Las cosas de Dios no pueden ser así…necesito calma para poder escuchar lo que Dios tiene que decirme.

Yo leo a mamá y me siento pequeña de nuevo cuando descubro lo grande que es ella, especialmente cuando escribe, cuando pienso que nunca lo haré como ella y que plasma sus palabras de manera majestuosa, en un modo que mi mente jamás concibió, ni concebirá. Dios le habla y ella escucha, por eso escribe. Tiene espíritu grande que no encaja con la talla de sus pequeños zapatos y la talla de su ropa petitte, así es mamá: pequeña y al mismo tiempo grande, muy grande. Y pienso que Dios no sólo es maravilloso y que tiene que ser un tipo “cool”, sino que además me quiere mucho porque no importa a qué destino me lleve mi alma errante y viajera, Él siempre rodea mi vida de ángeles protectores y extraordinarios, aunque Él me hable de mil maneras y yo no siempre lo escuche, al menos no como lo hace mamá.

Hoy le hago caso al tipo ‘cool’ después de leer a mamá y pienso que quiere que gritemos juntas lo infinito de su misericordia. Confieso que no se cómo hacerlo. Me vienen a la mente de manera repetida las últimas palabras de Jesucristo antes de entregar su espíritu: Eloí, Eloí, ¿lama sabajtaní? Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado? La oveja misericordiosa invoca a su padre en sus últimos momentos terrenales. La oveja sufre, pero sabe bien que su muerte tiene un propósito magno: nuestra salvación. ¿Quién aguantara tanto dolor? Sólo Él, ese Cristo de amor, ese Cristo de misericordia. Entonces, deseo con tantas ansias que su misericordia llegue a todos los corazones. Pienso que de este modo Él no tendrá que volver a sufrir así. Ni Él, ni nadie.

Busco respuestas. Abro mi biblia y encuentro imágenes del Cristo de la misericordia que no recordaba estuvieran ahí, con varias líneas subrayadas: “Yo soy el Amor y la Misericordia. Cuando un alma se acerca a Mí con confianza, la colmo con tal abundancia de gracia que ella no puede contenerlas en sí misma, sino que las irradia sobre otras almas. Has de saber que cualquier cosa buena que hagas a cualquier alma, la acojo como si la hubieras hecho a Mí Mismo. Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzan la misericordia”.

También encuentro este poema de autor desconocido que, como acto misericordioso, prometo compartir con la colombiana desesperada que parece actuar influenciada por el café (o por algo aun peor) y que cada que visita la tienda compra 30 o 40 rosarios y me hace sentir, con su desespero, que no le ha caído el veinte del verdadero mensaje de Dios.

El poema…

¿Por qué te confundes y te agitas ante los problemas de la vida? Cuando hayas hecho todo lo que esté en tus manos para tratar de solucionarlos, déjame el resto a Mí.

Si te abandonas en Mí, todo se resolverá con tranquilidad según mis designios.

No te desesperes, no me dirijas una oración agitada como si quisieras exigirme el cumplimiento de tu deseo. Cierra los ojos del alma y dime con calma: Jesús, yo confío en Ti

Evita las preocupaciones y angustias, y los pensamientos sobre lo que pueda suceder después.

No estropees mis planes queriéndome imponer tus ideas. Déjame ser Dios y actuar con libertad.

Abandónate confiadamente en Mí. Reposa en Mí y deja en mis manos tu futuro.
Dime frecuentemente: Jesús, yo confío en Ti

Y no seas como el paciente que le pide al médico que lo cure pero le sugiere el modo de hacerlo.

Déjate llevar en mis manos. No tengas miedo…Yo te amo.

Si crees que las cosas empeoraron, o se complican a pesar de tu oración, sigue confiando, cierra los ojos del alma y confía. Continúa diciéndome a todas horas: Jesús, yo confío en Ti

Necesito las manos libres para obrar. No me ates con tus preocupaciones inútiles.
Confía solo en Mí, abandónate en Mí. Así que no te preocupes, echa en Mí todas las angustias y duerme tranquilamente. Dime siempre: Jesús, yo confío en Ti

Y verás grandes milagros, te lo prometo por mi amor.

Después de leer, decido dejar de subastar mi alma por e-Bay y se la encomiendo a Dios, estando segura que es Él el mejor postor. Oprimo en mi pecho la cartera. Más que por el billete, lo hago tratando de abrazar al Cristo que está dentro de ella. Es el de la misericordia, mi favorito. Y sin pensarlo mucho, cierro los ojos y repito en voz baja: Señor, hágase tu voluntad y no la mía. Ilumíname para que en mis palabras lleve tu palabra a aquellos que la necesitan tanto como yo. Jesús, yo confío en ti.

Misioneros de la Divina Misericordia
Por Elizabeth Ojeda Palma

Ayer domingo se celebró un año más la Fiesta del Señor de la Divina Misericordia y como cada año, desde aquel domingo en que se puso la primera piedra en el lugar donde se levantaría lo que es hoy la Iglesia de la Divina Misericordia en el Fraccionamiento de San Ramón Norte, asistí para participar en la Eucaristía del Dios-Amor, Dives in Misericordia, (Rico en Misericordia) como lo llamara el Papa Juan Pablo II en su Encíclica con este mismo nombre, dedicada precisamente a hablar de la Misericordia de Dios, de ese Dios que se nos revela y se nos entrega tan enamorado del ser humano que no sólo se hace a su forma sino que llega hasta la locura de dar la vida por amor a él, de ese Dios que sigue derramando a raudales torrentes de Gracias Celestiales a través del Agua y la Sangre que brotan de su Corazón Sacratísimo, de ese Corazón que ha sufrido inimaginables sufrimientos, como Dios y como Hombre, misteriosa dualidad que el ser humano jamás alcanzará a comprender, de ese Corazón de Dios-Hombre que en la Noche del Calvario sintiera tanta soledad y tristeza como para exclamar “Mi Alma está muy triste hasta la muerte”, de ese Corazón que al sentirse abandonado por su mismo Padre, experimentara un dolor emocional tan profundo que llegara al punto de derramar gotas de sangre a través de su piel, como médicamente se ha demostrado que sucede en casos excepcionales de tensión emocional en que se rebazan los límites de la capacidad física de sufrimiento y los vasos capilares de la piel se rompen y la sangre empieza a brotar por los poros de la piel, de ese Corazón de Dios-Hombre que, comprendiendo las limitaciones de la condición humana, con paciencia infinita sigue revelándose ante el ser humano de mil maneras a fin de abrir sus ojos, sus oídos y sus sentidos todos y mover su corazón que está ciego y sordo y permanece insensible ante Su Misericordia Infinita y Su Amor Incondicional, Eterno y Unico, de ese Corazón Suyo que ahora nos lo muestra, no con las dos manos como en Su Imagen del Sagrado Corazón, sino con una sola, mientras que la otra la levanta en actitud de bendecir en tanto que camina hacia aquel que está lejos, hacia aquel que es pecador y no conoce Su Amor y Su Misericordia, aquel por quien precisamente ha dado su vida y se ha realizado el Milagro de la Redención, justamente por aquel por quien El se vuelve a manifestar ahora, una vez más, en pleno Siglo XX, a su apostol Sor Maria Faustina Kowalska.

Congruente con la Mística de la devoción al Señor de la Divina Misericordia, el Párroco de la Iglesia en su honor, el P. Alfredo Cirerol, ha construído una página electrónica con el nombre “El Señor de la Divina Misericordia” en la dirección electrónica www.jesusmisericordia.com.mx en la que aparece todo género de información, tanto teológica, como de actividades parroquiales, grupos apostólicos etc., con el fin de llevar esta devoción también a tantísima gente que tiene hambre y sed de la Misericordia y el Amor infinito de Dios, pero que viviendo en este mundo actual, tan exigente, tan abrumador y tan estresante, es arrastrado en su vorágine de una manera tal que, en ocasiones, llega al extremo de no tener ni siquiera el tiempo indispensable para satisfacer las necesidades básicas de su condición humana. Y estoy hablando de personas de todas las edades y de todas las clases sociales, sin importar a qué estrato económico productivo pertenezcan o cual sea su estado de vida, ya que independientemente que sean personas en edad productiva o retiradas, niños o ancianos, estudiantes o amas de casa, personas de la vida religiosa o seglares, de una manera u otra, todas las personas están inmersas y forman parte de la misma comunidad, de la misma sociedad, de la misma forma de vida actual y a todas ellas llegan las mismas consecuencias de las crisis económicas, morales y ambientales.

En el Inicio de la Página Electrónica del P. Cirerol, aparece el rubro “Los Discípulos Misioneros y Misioneras de la Divina Misericordia”. Mi curiosidad me mueve a entrar al vínculo y me encuentro con una página en blanco, todavía en construcción, en la que se señala que pronto habrá información. Las páginas en blanco han sido siempre una invitación a escribir para todos aquellas personas que tienen el gusto por las letras y a quienes Dios les ha regalado el don de la escritura. Yo creo que a todos Dios nos ha colmado de bienes, de bendiciones y de dones, aún cuando en ocasiones tal vez no los hayamos descubierto o no nos hayamos dado cuenta de lo que poseemos, pero definitivamente, todos estamos llenos de capacidades sin límites y de dones excepcionales que podemos convertir en Carismas al ponerlos al servicio de nuestros semejantes, mejorando con ello las cosas de nuestro entorno y haciendo nuestro mundo un poquito mejor. Como creo que uno de los dones que Dios me dio es el de la escritura, me dispongo a escribir algo sobre la Divina Misericordia. Lo primero que me viene a la memoria es el hecho de que ayer en la Santa Misa, el padre que la celebraba hizo la pregunta de cuáles eran las Obras de Misericordia. Silencio absoluto fue la respuesta de los fieles. Silencio, hubo en mi corazón también, silencio que confieso, me pesó en el alma y me llenó de tristeza y de vergüenza por no conocerer la respuesta, por no tener ni siquiera el más leve recuerdo de mis estudios del catecismo del P. Ripalda cuando me peparaba para la Primera Comunión. Tal vez por no practicarlas, el tiempo se encargó de hacerme olvidar lo que seguramente en algún lejano ayer aprendí, pero ¿Cómo, me pregunto entonces, cómo puedo decir que soy devota de la Divina Misericordia, cuando ni siquiera puedo recordar lo más básico y elemental que es saber cuáles son las Obras de Misericordia? Y ya no digo saber lo que es la misericordia y más aún, profundizar en lo que es la Misericordia de Dios, que precisamente estábamos celebrando el día de ayer. Lo menos que podía hacer era investigar al respecto y después de haberlas recordado intentar ponerlas en práctica, antes de seguirme considerando devota del Señor de la Misericordia y de intentar informarme de cómo ser un Discípulo Misionero de la Misericordia de Dios.

Afortunadamente vivimos en tiempos de la Internet y como dicen los chicos de ahora, ahí encuentra uno lo que quiera. Encontré como respuesta:

Las Obras de Misericordia son 14: 7 Espirituales y 7 Corporales.

Las Obras de Misericordia Espirituales son: 1.- Enseñar al que no sabe. 2.- Dar buen consejo a quien lo necesita. 3.- Corregir al que se equivoca. 4.- Perdonar las injurias. 5.- Consolar al afligido. 6.- Tolerar los defectos del prójimo y, 7.- Orar por los vivos y los difuntos.

Las Obras de Misericordia Corporales son: 1.- Dar de comer al hambriento. 2.- Dar de beber al sediento. 3.- Vestir al desnudo. 4.- Visitar a los enfermos. 5.- Redimir al cautivo. 6.- Dar posada al peregrino y, 7.- Sepultar a los muertos.

Después de conocer la preciada respuesta y de haber aliviado un poco el peso de mi consciencia y mi corazón, pienso entonces que puedo iniciar mi proceso de transformación y crecimiento espiritual en la Misericordia del Señor, el día de hoy, con la primera Obra de Misericordia Espiritual, compartiendo mis conocimientos recién adquiridos sobre las Obras de Misericordia con todos aquellos que no lo sepan o quienes en algún momento lo supieron pero lo han olvidado. Me decido entonces a enviar por correo electrónico mi artículo esperando que mueva el corazón de todos quienes lo lean para iniciar cada uno su propio camino de crecimiento espiritual y sean también Misioneros de la Divina Misericordia del Señor. JESUS, YO CONFIO EN TI.

jueves, 18 de febrero de 2010

UN DIA EN EL SUPERMERCADO


Un jovenzuelo somnoliento y de cabello revuelto entra al supermercado con pesadumbre. A duras penas abre la puerta a la que maldice por no ser automática. Una vez abierto el espacio suficiente para dejar entrar su humanidad, suelta la puerta…en mis narices. Yo pienso que en Miami no hay caballeros, sólo caballos.

Un pequeño, colgado de una de las piernas de su madre, llora afligidamente mientras ella camina a duras penas al tiempo que empuja el carrito del supermercado. Ella le repite que no le comprara lo que pide y cada que lo hace, él llora con más hondo pesar, grita, carga un poco más su peso en la pierna de su madre y se deja arrastrar mientras hace el berrinche. Yo le sonrío a su madre, de manera cínica, como entendiendo su pesar, pero tan pronto como pasa le lanzo una mirada fulminante al niño para que se calle, que sus llantos me perturban. Él, después de mirarme, llora y grita más fuerte.

Quiero una galleta, me pide un niño no mayor de 5 años de edad. Yo me doblo para quedar a su altura y le repito sin que sus papas me vean: ¿Qué se dice? quiero una galleta y la palabra mágica POR FAVOR, le hago repetir haciendo hincapié en esta última palabra.

¡Dame!, me dice la señora cubana al tiempo que extiende la mano para que yo le sirva en ella. Yo sin mirarla siquiera, ni inmutarme por su falta de cortesía, le señalo con el dedo índice que puede servirse ella misma. Yo me olvido lo que significa servicio al cliente. Ella de las leyes de la cortesía y las buenas costumbres y come y come sin parar…y sin comprar. También me olvido de las leyes cristianas y espero que sea alérgica o que le haga mal, muy mal.

Un joven golpea con su carrito el tendón de Aquiles de un señor que va delante de él y se disculpa con sinceridad inmediatamente. El señor le grita molesto que disculparse no es suficiente, qué ponga atención para no volverlo a hacer. El muchacho sorprendido por la reacción del señor, le repite en vano que no fue su intención lastimarlo. Yo me sorprendo por la paciencia del joven y me pregunto por qué no mandó al viejo “andropausico” a chiflar a su madre. Yo en el fondo disfruto saber que le dolió el pie.

La adolescente que masca chicle como prostituta y habla por su celular en voz alta, como si nadie más estuviera ahí, le dice a su mama que está en la escuela terminando un proyecto. Le dice que ya no le vuelva a llamar porque la interrumpe. Cuando cuelga, le sonríe al muchacho mal vestido que carga una caja de cervezas y lo besa como si nadie más estuviera ahí.

El balsero que parece recién llegado a este país habla un español rústico, incomprensible. Lo hago repetirme tres veces lo que me dice, despacio. Después de descifrar, descubro que intenta coquetearme de manera burda y primitiva. Se levanta la camisa de manera poco disimulada para mostrarme su “six-pack”. Me pide que le consiga una novia como yo y le contesto que cuando la encuentre le mando señal de humo, que mientras vaya a aprender inglés o por lo menos, español. Con eso logro alejarlo y tan pronto lo hace mi compañero de trabajo y yo nos burlamos de él, de sus formas.

“Me cago en Dios” grita el español evidentemente enojado, sabrá el ofendido Dios por qué.

“Se me perdió mi mujer”, me dice el abuelito como si yo pudiera saber dónde está o la tuviera en mi bolsillo. Como a veces resulto amable, decido bromear con él: ¿Y busca a la misma, señor, o a una nueva? Él suelta sus risas y después, me guiña el ojo de manera seria y me dice q si no la encuentra vuelve por mí. Yo deseo que el hombre encuentre a su vieja y que, con ella o sin ella, se vaya al diablo de manera pronta. Decido no ser amable más y agradezco a Dios porque ya es hora de irme.

Alguien de la pescadería pone un letrero al estanque repleto de langostas vivas: “Take me home, I’m on sale” (Llévame a casa, estoy en oferta). Yo cierro los ojos cada que veo que sacan una para vender, le ponen una etiqueta con código de barras y la envuelven en plástico para poder transportarla con facilidad hasta la olla de agua hirviendo que será su patíbulo. Pregunto si les dan de comer y me dicen que no porque eso ensucia el agua; agua que mandan a limpiar una vez al mes ya que les cobran $150 (dólares) por tratarla para mantenerla a cierto pH para que las langostas no mueran. La última gota cae y el vaso se derrama cuando un cliente pregunta si llegara viva a la casa, ya que al morirse cambian de sabor. Me da asco el tipo, me pregunto si tiene alma, lo miro con repugnancia. Me armo de valor y cuando nadie me ve, le doy el pésame a las futuras occisas, les pido perdón por el pecado y empiezo a soltarles las malditas galletitas con mantequilla que debería darle al muchacho somnoliento, a los niños malcriados, a la cubana sin educación, al muchacho distraído, al viejo andropáusico, a la adolescente que masca chicle como prostituta y a su novio, al balsero, al español enojado y al viejito “ojo alegre”, pero que en realidad a ninguno de ellos deseo dar. Las hecho todas, que se den banquete las langostas. Yo espero salir libre de la fechoría porque nadie me ve. Nadie me ve excepto las cámaras que me graban en acción tirando galletas como una desquiciada. Alguien llama al jefe y minutos después el jefe me despide, que descontará el precio de las langostas de mi sueldo. Yo me siento una heroína libertadora y sonrío al pensar que mi cheque no dará para pagar todas las langostas.

En mi camino de salida un viejo gringo me pregunta dónde está el pan. No pasan ni 2 segundos y con poca paciencia me repite la pregunta lentamente con muecas exageradas y me pregunta de manera grosera, como regañándome, que si no hablo inglés. Como no llevo uniforme y oficialmente ya no trabajo ahí, me vengo (de vengarse), le respondo en inglés, y con mucha amabilidad, que no trabajo para la tienda, pero que el pan está en al otro extremo, en el pasillo trece y le indico para que lado seguir. Muero por ver su cara cuando descubra que la tienda solo tiene diez pasillos y mucho más cuando alguien más le diga que el pan está en la dos, un pasillo a lado donde él inicialmente se encontraba. Muero por ver su cara y gritarle “sucker”, pero no me quedo, así que sólo me la imagino. Me carcajeo, me apuro, me subo a mi carro y me voy.

Mi amiga educa a sus hijos con esmero para hacerlos en un futuro no muy lejano personas de bien, dignos ejemplos a seguir: no pegues, no insultes, baja la voz, no escuches conversaciones que no son tuyas, ayuda a tu hermanita, respeta, comparte, di por favor son algunas de las frases que escucho de su boca constantemente en su ardua y no remunerada labor de madre. A mí me basta un día en el supermercado para saber que todo lo que hace es en vano, que cuando uno está en la jungla, resulta mejor y más conveniente nadar con la corriente.

JKO

jueves, 17 de diciembre de 2009

LOS FINALES FELICES



LOS FINALES FELICES
Ayer, el sol estuvo tímido en su amanecer, la mañana timorata. Parecían las seis de la mañana, aunque eran casi las diez. No dije ni buenos días procurando el mayor silencio posible. Precisaba terminar la lectura aquella; darnos, a mí y a Bella, nuestro merecido final feliz en Luna Nueva. Yo junto con Bella me fui enamorando, desde las primeras hojas de esta historia, del enigmático y encantador vampiro Edward Cullen. Por eso, me sumí junto con ella en una honda tristeza al descubrir que Edward se había ido y nos había dejado atrás.

Era justo un final feliz, porque los cuentos así son, con finales felices. Era justo un poco de paz mental y emocional después de tantos meses de abandono, aventura y peligro que pasamos juntas: aprendimos a usar motos, nos topamos con vampiros y lobos gigantes, saltamos de un acantilado. Yo leía con desespero tratando de salir rápidamente de esta depresión en la que Bella nos había arrastrado lentamente. Este es el problema con los buenos libros: te atrapan en una realidad que no es la tuya, que no te pertenece. Pero ya era tarde, era ahora tan mía como de ella.

El silencio reinaba en el cuarto. El único ruido audible era el del paso de cada hoja mientras devoraba la lectura. Estaba decidida a acabar con el libro y con la tristeza esa misma mañana. De repente: “Toc, toc, toc.”, se oyó un súbito, aunque no leve golpe en la puerta de la casa. Envuelta todavía en mi mundo de fantasía, me vino a la mente el poema del cuervo de Edgar Allan Poe y recordé parte de su poesía:

“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo y nada más.”

“Toc, toc, toc”, me sacó de mi fantasía la insistencia. No podía ser que un maldito cuervo molestara así. Por eso me asomé por la ventana. No era un cuervo, pero lo parecía: era negro y feo. “One minute, please” grité antes que tirara mi puerta y subí al corriendo al cuarto, sabiendo que mi momento de lectura había acabado. Me acerqué a quién no quería despertar e hice de mi dedo índice un taladro en su espalda, un taladro insistente, tan insistente como el mismo que tocaba a mi puerta. Llegó el muchacho del cable, le dije con pocas ganas. Por lo menos, sabía que ese mismo día mi vida recuperaría sentido cuando tuviera cable e Internet instalados. O al menos, eso pensaba.

Me queda claro el por qué del título de Luna Nueva; Edward se llevó la luz. Luna nueva es oscuridad total. Durante la fase de luna nueva, la Luna se interpone entre el Sol y la Tierra, de manera que el hemisferio iluminado no puede ser visto desde nuestro planeta y por tanto, el lado que da a la Tierra está oscuro. Podríamos decir que las noches con luna nueva (o sin luna) son las más oscuras del mes. También, he escuchado decir que no hay momento de mayor oscuridad durante la noche que antes de que despunte el alba o el crepúsculo matutino. Bella conoció la oscuridad durante la luna nueva, pero ¿será posible que ambos momentos de oscuridad logren conjugarse al mismo tiempo?

Las señales de la vida ahí están, pero yo nunca he sido buena para captarlas, ni si quiera las obvias. La lluvia me parece hermosa y el cielo nublado sólo un cambio de tono. No me parece que el cuervo de Allan Poe sea un pájaro de mal agüero y el otro día que rompí el espejo, no se lo conté a mamá para que no se alarme. Tal vez son señales, pero yo no les presto la atención debida. Ayer no hubo sol durante todo el día. Durante la tarde, la negrura del cielo era profunda, espesa. Debía ser el presagio de que algo malo estaba por suceder. Yo en las nubes.

No era de noche aún, pero la luna nueva ya eclipsaba mi mundo. No estaba cerca el crepúsculo, pero ya había la mayor oscuridad. Se había ido. No era fantasía, el libro estaba cerrado. No sé cuánto tiempo hacía que llevaba gritando su nombre, tampoco supe en qué punto mis gritos empezaron a sonar con desespero y angustia. Tal vez también, con un toque de histeria. Subí escaleras, baje escaleras, subí escaleras, revisé cuartos, cerré cuartos. Subí, baje, subí, bajé, subí, abrí, cerré, abrí, cerré, bajé. El alboroto de mi cabello era evidente, no ocultaba el dejo de locura y trastorno en mí. Subí, abrí, cerré, bajé un par de veces más para confirmar mis más temidas sospechas: No estaba, se había ido. En qué momento había pasado todo esto que no me di cuenta.

Salí a la calle pensando que podría no estar lejos. El viento era frío, pero yo salí sin abrigo, no había tiempo que perder. La lluvia golpeaba mi rostro y empapaba mi ropa. Las calles se hacían infinitas como mi búsqueda. Yo corría, pero no sentía mis piernas, se movían de manera automática. No había dolor, aunque yo las forzaba. No, no había dolor. Sólo en mi pecho que se oprimía más y más cada que gritaba su nombre y el silencio me contestaba. Me sentí Bella buscando a Edward. Sólo que no había héroe, ni Jacob que me rescatara, que me ayudara a salir de este túnel oscuro en el que me hallaba. Le pedí a Dios que fuera un sueño y que me despertara pronto de esa pesadilla. En uno de los gritos mi voz se quebrantó, se me escaparon unas lagrimas, pero no me detuve.

Pensé que, tal vez de casualidad, pudo haber vuelto, así que yo regresé a casa. Entré, subí, grité, abrí. Me faltaba el aire, el cuarto quedó oscuro, me mareé. Respiré profundo mientras me daba terapia yo sola: si te desmayas se acaba la búsqueda. Cerré, cerré, cerré, no cerraba y entonces, le pedí perdón a la gata por machucar su cabecita. ¿Dónde está? Le pregunté con un grito. Cerré, bajé, salí no sé cuantas veces más. Ya no eran lágrimas, era un llanto desesperado, un sollozo que no me permitía gritar su nombre completo sin entrecortarlo.

Al fin le llamé hecha un mar de lágrimas: ¡La gatita…Clemen-tine…no estaaaá!, ¡Nooo!, ¡Que ya bus-qué… por to-da la ca-sa!, ¡Se esca-pooó! Mi mundo junto con mi cuerpo se derrumbaba mientras repetía aquellas palabras que no deseaba creer. El ataque de ansiedad se repetía, mientras deseaba tener una bolsa de papel cerca de mí. Ahí estaba de rodillas y con las manos apoyadas en el piso, la cabeza boca abajo tratando de respirar profundo, hecha un despojo humano cuando de repente, la vi de reojo subiendo las escaleras; relajada, cómoda, feliz, estirándose como recién acabada de despertar. Ahí estaba Clementine. Sí, ahí estaba ella parada como si nada hubiera pasado, como si fuera esta la primera vez que la llamaba. Juro que quise matarla para que todo el alboroto que armé hubiera valido la pena.

Si pensaban que Bella resultaba un imán para meterse en problemas, hagamos conmigo el recuento de los daños: perdí la cordura y sensatez ante los vecinos (consideremos que soy una recién llegada a este barrio), la puerta del ático se me vino encima después de intentarla abrir con un palo de escoba, majé a la gata con la puerta y le grité al resto de la población gatuna por no saber donde estaba Clementine, los zapatos se enlodaron cuando pisé el charco que no vi, la casa quedó sucia de tantas veces que entré y salí con tremendo aguacero, además la ropa quedó empapada y lo peor, una botella de tequila nueva sufrió los efectos de la caída libre por descuido mío, mientras realizaba la búsqueda intensa. Sí, adiós botella nueva.

Después de tomar un baño caliente y reparar todas las averías causadas, me relajé un poco y me senté a leer, con ella atrapada entre mis brazos mientras me preguntaba si aquella aventura había sido fantasía o un capítulo más del libro que leía. Al final, después de tanto alboroto, tuvimos el final feliz que esperábamos. Bella encontró a Edward, yo a Clementine. Un final feliz porque los cuentos y algunas veces, la vida real son así con finales felices.

jueves, 12 de noviembre de 2009

EL PRECIO JUSTO Y REAL DE LA CARNE


“La verdad esta ahí, para aquel que se atreva a verla”

Como mercadóloga, es bien sabido para mí: la empresa líder es aquella que sabe generar mayor valor para sus clientes. Dicho valor al cliente se basa en los beneficios que éste pueda obtener de la oferta del mercado y lo que tiene que dar a cambio para conseguirlo.

No es de dudarse que en un intento por sobrevivir a una economía vertiginosa, con sube y bajas constantes, las empresas estén poniendo mayor importancia al cliente y a sus demandas. Tampoco hace falta pensarle mucho para entender el porqué del aumento del uso de las líneas de producción industrial. Dichas líneas de producción se caracterizan por permitir a las empresas maximizar la producción y minimizar los costos. La ley resulta bastante simple: a mayor cantidad producida (llamese unidades, litros, kilogramos, etc.), menor costo por unidad. La parte del pastel que le corresponde a las industrias agropecuaria y avícola es grande y jugosa por eso, ambas industrias intentan, a cualquier costo, modernizar sus procesos para no quedarse sin su parte, pero ¿a qué costo?. Hablemos un poquito de realidades espeluznantes.

Cuando se habla de líneas de producción en productos de origen animal como son la carne, los huevos, la leche y sus derivados son pocas las personas que tienen conciencia y certeza de lo que esto implica y por lo tanto, de las exigencias reales que deberían tener como consumidores con las empresas para que éstas generen un valor genuino, no sólamente para sus clientes, si no también, para el medio ambiente en el que dichas empresas se desarrollan.

Hablemos un poco más a detalle acerca de las industrias agropecuaria y avícola modernas. La maximización de la producción de la carne, la leche y los huevos implica no sólo el amontonamiento de los animales en espacios reducidos como son jaulas de alambre, pequeños establos de metal o cajones diminutos que les permiten a los animales poca o casi nula movilidad, a fin de disminuir los requerimientos laborales humanos, si no tambien, implica la privación de ejercicio para el animal de manera que toda su energía vaya dirigida directamente a la producción para el consumo humano. Este confinamiento se da en todas las “granjas” tipo industriales (que son el tipo de granja que predomina actualmente) las cuales no cuentan con luz natural o aire fresco. Además de la privación de un ambiente natural donde crecer, algunos animales son forzados a comer de más o por el contrario, se les reduce el alimento y el agua, las horas de oscuridad e incluso, se les mantiene a ciertas temperaturas con el fin de modificar sus ciclos productivos. Los animales son modificados geneticamente y reciben hormonas para acelerar su crecimiento y así, modificar sus patrones de crecimiento normal. También, reciben grandes cantidades de antibióticos y pesticidas para prevenir enfermedades y plagas resultantes de vivir en condiciones tan estresantes y deplorables. De esta manera el animal es obligado a producir carne, leche o huevos más rápido y más barato, aunque ésto implique forzarlos más allá de sus límites.

En las granjas industrializadas los animales:
• Sufren de privación de estimulos como son caminar, pastar, vivir al aire libre y de manera natural.
• Sufren castración, marcas con hierro al rojo vivo, corte de colas y de cuernos sin anestesia, ni cura para el dolor. A las aves se les corta una parte del pico con una cuchilla caliente para evitar el canibalismo entre ellos que es provocado por el estrés en el que viven.
• Debido a los espacios tan reducidos en los que viven sus cortas vidas, sufren de enfermedades respiratorarias, deformaciones en las patas (por las jaulas), ataques al corazón y otros males.
• Sufren los efectos de los electrochoques de alto voltaje, ya que éstos son de uso generalizado: para moverlos de un lugar a otro, para aturdirlos antes de ser degollados.
• Sufren de degollaciones poco efectivas que provocan que muchas veces, que aún estando consientes, sean echados a tanques de agua hirviendo para remover sus plumas o su pelo o incluso, lo que resulta peor, sean desmembrados y/o despellejados aún estando vivos.
• Incapaces de levantarse por alguna enfermedad, herida crónica o vejez son mandados a matar para evitar tener que pagar por cuidado veterinario.

Ahora, cerremos un poco los ojos. Ignoremos el hecho de que las dietas vegetarianas son dietas seguras que pueden cumplir con todas las recomendaciones nutricionales diarias de los seres humanos. Olvidemos el hecho de que el ser vegetariano es un estilo de vida posible y de que existen productos alternativos como los frijoles, las nueces, los chícharos, la soya, el tofu y los distintos tipos de cacahuates y manís que aportan proteínas y otros nutrientes que el cuerpo necesita, sin comprometerlo a enfermedades y, lo que es muy importante, sin ocasionar sufrimiento alguno animal.

También, hagamos a un lado el hecho de dejar la carne simplemente por compasión y por el sentimiento provocado por el sufrimiento animal. Suponer y esperar tal grandeza en el alma de la mayoría, sin ánimos de ofender, creo que es pedir demasiado.

Tratando de seguir la lógica del carnívoro. Sin duda alguna, nosotros los seres humanos formamos parte de la cadena alimenticia, una cadena donde el pez grande se come al pez chico (Hablando de peces ¿Ustedes sabían que también existen granjas para criar peces para el consumo humano?). También aparentemente, como parte de la naturaleza y de nuestro instinto (matar para comer), la ley de la jungla- la del más fuerte- es la que nos predomina. Partamos desde la idea de que el instinto de alimentación carnívora no puede ser socavado de ninguna manera.

Ahora sí, hagámonos algunas preguntas:

Si es verdad que formamos parte de una cadena alimenticia que se da de manera natural, ¿Por qué el crecimiento y el desarrollo de los animales para nuestro consumo no puede darse de la misma manera natural?
¿Cuál debería ser el precio real de la carne, de los huevos y de los productos lácteos y sus derivados que consumimos?
Los animales están pagando caro para que nosotros tengamos precios de mercado ¿Es ésto justo?

Los costos de producción típicos son la materia prima, la mano de obra y los gastos de fabricación. ¿Será justo incluir dentro de los costos de producción el costo del bienestar animal?

Si no es posible un cambio en nuestro estilo de vida (de carnívoro a vegetariano), disminuyamos en lo mayor posible el consumo de carne. Se ha comprobado científicamente que las dietas dominadas por productos animales, debido a las grasas saturadas, el colesterol y las hormonas, promueven la obesidad, la diabetes y distintas formas de cáncer.

Asegurémonos, de comer huevos que provengan de gallinas libres de jaulas (son los huevos de color oscuro); que los distintos tipos de carne que consumamos provengan de animales que han sido alimentados con alimentos totalmente naturales, que han sido crecido libremente y en su ambiente natural. Si tomamos leche y comemos quesos, cremas y demás, no olvidemos verificar que estos provengan de vacas crecidas naturalmente y que no hayan sido inyectadas con hormonas de crecimiento. Consumamos pescados traídos directamente del mar. Compremos productos que sean certificados orgánicamente, que provengan de empresas que han sido certificadas como empresas humanas y que han sido reconocidas como empresas que se preocupan por el bienestar animal en todos sus procesos (desde el crecimiento del animal, transporte y métodos de matanza). Premia a esas compañías y vuélvete un cliente leal.

Sin duda alguna, las condiciones en las cuales viven los animales para nuestro consumo pueden ser empeoradas o mejoradas debido a nuestras decisiones de compra. Nuestro poder de compra es lo que obligará a las empresas a darnos lo que les pedimos. Demandemos un verdadero valor y altos estándares para el alimento que comamos: libre de hormonas, libre de antibióticos y libre de sufrimiento animal.
¿Queremos comer un bistec, o un sándwich de jamón y queso, o tomar un vaso de leche o un helado? Estemos dispuestos a pagar el precio justo y real por los productos de origen animal que consumamos, un precio que incluya un bienestar holístico para los animales y para el mismo ser humano. El que nos preocupemos y paguemos por el bienestar animal, NO debería ser una cuestión opcional.

Termino este tema regresando, una vez más, a lo mismo. Esta frase de George T. Angell me llega como caída del cielo mientras intento contestar la misma pregunta que, como a él, varios me han hecho: A veces me preguntan “¿Por qué inviertes todo ese tiempo y dinero hablando de la amabilidad para con los animales cuando existe tanta crueldad hacia el hombre?”.A lo que yo respondo: “Estoy trabajando en las raíces”.

Por un mundo compasivo. Por favor, muy pocas veces lo pido: comparte, copia, reenvía mi mensaje. Gracias y paz para todos (inclusive para los animales).

Johanna Ku-Britton

A veces las imágenes pueden decir más que mil palabras…