lunes, 22 de abril de 2013

EL SILENCIO DE EMILY


   Emily era en el fondo de su alma introvertida, tímida, un tanto temerosa. Frecuentemente, sufría de verborrea crónica por eso, nadie lo notaba. A veces, hablaba con su gente; a veces, con desconocidos. Algunas otras,  hablaba con su mascota favorita como si le hablara a un niño de cinco años. También hablaba con sus plantas, especialmente si su mascota favorita había sido descortés y las había maltratado y mordisqueado sin reparos. Si encontraba una flor nueva, le daba piropos y le mentía diciendo que no había visto ejemplar más hermoso; las respiraba una y otra vez hasta sentir que se acababa sus aromas.  La hacía muy feliz deleitarse con la naturaleza. Muchas veces, cuando no había nadie alrededor, Emily hablaba consigo misma. Algunas veces,  se recriminaba por perder el tiempo pensando en nimiedades de la vida que tontamente le causaban estrés, sobre todo si el monologo interno ocurría mientras hacía quehaceres que los adultos llamaban importantes. Otras, examinaba a profundidad la condición de su alma, sobre todo desde que aprendió que  la boca hablaba de lo que le sobraba al alma. A veces, hablaba con Dios y le pedía que no la dejara decir idioteces. Le daba miedo ser como aquellas jóvenes que sólo sabían hablar de boberías como maquillaje y zapatos de tacón. Y no es que tuviera nada en contra de los zapatos de tacón que le hacían lucir sus hermosas piernas más largas y torneadas de lo normal, aunque le dieran dolor en los dedos, los tobillos y las rodillas. Pero por si acaso, le pedía a Dios el don del silencio, especialmente cuando algún comentario malicioso o demasiado simple pasaba por su mente. Emily  no era siempre buena, pero Dios escuchaba sus súplicas; por eso, de repente callaba. Y cuando lo hacía con intención, se sentía inteligente; otras veces, no había intención alguna, simplemente callaba con aspecto distraído. Y cómo no hacerlo, con ese pensamiento suyo tan intruso que no la dejaba nunca en paz, que la distraía a cada rato. Y vaya que la distraía, especialmente cuando hablaba con él y en su mente imaginaba que le recitaba todos los poemas de amor que había escrito pensándole. No sentía nervios, ni se le olvidaban los poemas que sabía de memoria y había practicado en su mente una y otra vez, esperando el día que por fin, los recitara. Imaginaba que él llegaba con las flores más coloridas y  más hermosas que jamás hubieran existido, como si alguien les hubiera hablado afablemente desde su nacimiento y las hubieran cuidado con el mayor amor que podía existir. No entendía como podía haber gente que fuera indiferente ante las flores siendo tan delicadas y calladas, pero a la vez expresivas; tal como a veces lo era Ella. Emily hablaba con él y todos los días se juraba que se armaría de valor para gritarle que lo amaba, para robarle un beso y todo lo que él le permitiera. En su distracción total, ella soltaba un par de risitas al aire que luego tapaba con sus manos con la sola idea de este pensamiento. Le contaría que lo había estado esperando toda su vida, aunque esta fuera corta y las primaveras floridas vividas no fueran muchas. Sonaba romántico y eso le gusta a Emily.  Le haría reír, le contaría sus historias y le susurraría al oído un par de te amos y uno que otro poema más. Sabía que nunca se le acabarían, al igual que el resto de sus palabras. Emily sufría de una verborrea crónica que era difícil de parar una vez que la empezaba. Podía hablar largas horas de manera desinhibida con la gente, sus animales, sus plantas y consigo misma. Podía hacerlo excepto cuando lo veía a él en la realidad, que la hacía callar sin ayuda de Dios, la hacía olvidarse de sus poemas y la hacía sentirse especialmente introvertida, tímida y un tanto temerosa de hablar…

viernes, 22 de marzo de 2013


Nunca hay un buen pretexto para el abandono, especialmente si lo que se abandona,se ama tanto. Pero ya estoy de regreso. Con las buenas intenciones de seguir subiendo todos los viejos escritos que no han salido a la luz y todos aquellos de inspiración reciente. Espero queridos blog y lectores no abandonarlos otra vez. Eso espero, aunque saben que yo soy mentirosa, que quizá lo vuelva hacer…mientras tanto dos actualizaciones literías y una de estado…Paz
 

EL SILENCIO HABLA


 
Hoy el silencio me habla. Me habla de ti y yo le mento la madre. Porque a mí no me parece gracioso tener que recordarte.  Resultas inoportuno.  Porque recordarte es perder el tiempo, la risa, las ganas. Es recordar que el tiempo se hizo fragmentos cuando deseé  quedarme entre tus brazos y  nada quedo en los míos cuando quise abrazarte por siempre. Es recordar de nuevo que tus besos de terrón de azúcar terminaron por amargar mis labios y mi vida y que  el único recuerdo de ti que quedó en ellos fue un maldito fuego labial. Es la cruda inevitable de una borrachera de besos amargos que terminó a deshoras de una madrugada fría y desolada. Es querer cobrarle  intencionalmente a la vida y sin descanso todo el déficit de amor que a tu lado se creó en mi vida para poder estar a mano. Es morir un poco en el silencio y detestarlo. El silencio se muere y a mí me da gusto: eso le pasa por no seguir las reglas, por romper la etiqueta, por  bocón.  Mientras muere, yo le subo a lo que da a la música  deseando que esta sea la última vez que me hable de ti…

Anoche tuve un sueño…

















Anoche tuve un sueño: Soñé que yo te amaba
y que tú me amabas.
Que ante la insistencia y la provocación de tus labios
quería besarte, pero no quería y al final, cedí.
Que la cercanía de tu cuerpo me provocaba al amor
por eso dejé que tus labios hicieran su trabajo
y reconocieran mi piel y la amaran de nuevo.
Que llevaba un vestido entallado
que hacia lucir el contorno de mi cuerpo,
como si pidiera amor
y cuando sentí tu cuerpo sobre el mío
supe que era el tuyo el indicado para amarme.
Me soñé rendida ante ti:
que no me opuse cuando ataste
mis muñecas con tus manos
 y me llenaste  de besos,
y tu boca siguió un camino errante
desde  mi cuello hacia el sur.  
Soñé que traspasaste mis límites y mi piel.
Que en el amor agitaste mi cuerpo
y mi alma también.
Soñé que luego, no sabía qué hacer con ella,
ni cómo apaciguarla de nuevo.
Mi alma sólo tenía ansias de ti y
deseaba seguir siendo tuya por siempre.
Sólo tuya.
Anoche tuve un sueño: Soñé que yo te amaba
y que tú me amabas también…
 

lunes, 12 de noviembre de 2012

Diario de una chica enamorada de un vampiro Salvatore

 

El silencio no es un buen consejero. Tampoco mi conciencia que incansablemente me repetía tu nombre al punto de convertirse en obsesión. Deseaba con todas mis ansias verte hoy, mañana, todos los días de mi vida. Me gusta tu mirada.  Es perversa,  cautivadora. Sin ni siquiera pedírmelo, me ha convencido a pecar, a perderme por los caminos erróneos de la lujuria y del placer  mundano. Si la eternidad existiera, a tu lado, no habría salvación para mí, pero valdría la pena. Me gustan los chicos malos, eso lo sé desde tiempo atrás.  Contigo, me olvidé de él… Y del otro también. Pensar lo fácil que fue. Con tu maliciosa sonrisa borre de mi mente todas  las noches en que, como Bella, me debatí entre el amor de Edward y de Jacob.  Ahora todo era claro, ninguno de los dos. Le dije a mi amiga Wendy que podría quedarse con ambos. Incluso, tuve la osadía de regalarle a tu querido hermano Stefan. Ya no pelearíamos por los mismos hombres, nunca más.  Sólo te quería a ti.

El circo que llegó al pueblo era un circo de vampiros, se instalaron en la bahía de Bayside. No fue la idea de ser inmortal  lo que me llevo hacia la taquilla sin pensarlo dos veces aunque, te confieso, me atraía. Ni siquiera recuerdo haber caminado hacia ahí: fue automático, había como un imán que me jalaba sin voluntad hacia lo desconocido, lo enigmático… hacia ti. ¡Vampiros malabaristas! Dijo con poco entusiasmo, como obligado, el vendedor de aspecto cansino y ojeroso. Era joven, pero no era nada agraciado, por eso, descarte la idea de que pudiera ser vampiro. Eso me desanimo: lucía tan humano… Por un momento al verlo, hasta dudé de la existencia de seres como tú, pero yo me aferraba a ti, a tu belleza eterna, a la franqueza de tu alma con sus intenciones un tanto malévolas. Le pregunté al vendedor sonriendo,  si el costo de mi ticket incluía una mordida en mi cuello hacia la eternidad, pero mi chiste pareció  no le hacerle la misma gracia que  a mí. Pensé en ti de nuevo, pero resultaba poco probable encontrarte ahí.  Buscarte sería en vano, no había indicio de que en ese circo los vampiros fueran de verdad. El vendedor pareció sorprendido, pero se alegro de que no comprara ningún boleto para la función de aquella noche.

Esta mañana pensé estar a punto de encontrar la verdad; aquel automóvil llevaba en sus placas la respuesta. Mi vista miope sólo me permitió ver las letras grandes que en rojo decían “AMOR ES”.  Por un momento, pensé que diría tu nombre y me sentí estúpida. De pronto, me pregunté si no sería en vano tener tantas fotos tuyas en mi celular. Tuve una urgencia de verte, me encontraba capturada por tu belleza, hipnotizada por tu mirada, sin voluntad propia para volver a mi realidad. Me gustaba estar así, pensando el día entero en ti. Me sacó de mi ensimismamiento la velocidad con  la que pasó a mi lado el automóvil emisario y me temí del mensaje que dicha analogía me pintaba: el amor es…fugaz.  ¡Nooo! Sacudí mi cabeza intempestivamente. Me negué a pensar que ese mensaje era para mí,  que  lo nuestro (lo que sea que lo nuestro fuera) era efímero, caduco, pasajero. Yo más bien, contigo, pensaba en la eternidad. No dudaba de la existencia de tu alma, pero estaba dispuesta a entregarte la mía por si acaso te faltara una.  Mi alma sólo tenía avidez de ti.  Por eso aceleré.  Si acaso algo era el amor, era locura y yo estaba dispuesta a demostrarlo. Por eso, decidí perseguir al amor de manera desquiciada por una de las arterias principales de Miami: el Turnpike. Por muy sesgada que fuera, tenía que hallar una respuesta  al amor,  una que no arruinara mis fantasías contigo, que no hiciera polvo al viento mis ilusiones de ti. Quise alcanzarlo, entenderlo o por lo  menos, leerlo completo. Sería como alcanzarte, entenderte o leerte a ti.  Alcanzar al amor me pareció una causa intensa, pero noble. No fue justo que el carro patrulla me haya detenido sólo a mí. El amor resultó una incógnita… y una multa de 179.00 dólares por andar a alta velocidad. Mientras esperaba a que el policía me dejara ir, sentada en mi carro con las manos y la cabeza apoyadas al volante, suspiré pensando en  nuestro próximo encuentro nocturno. La cita era cada jueves, misma hora, mismo canal. No fue mi alma, si no mi espera la que se volvió eterna. Una espera que ahora aguardaba  por ti y no por Edward. A veces, cuando cierro mis ojos, pienso ver vislumbres de ti. Yo mientras tanto te busco sin cansancio, Damon,  pero sigo sin hallarte aquí en mi realidad…

EN EL SILENCIO DE MIS DIAS



 
En el silencio de mis días, Señor, te busco.

En mi ajetreado camino te recuerdo y me aferro a ti.

Oh Señor, en ti confío, me repito una y otra vez.

En estos días confusos en que preciso Tú calma, 

trato a toda fuerza  de atenerme a ti.

Ten mi nombre siempre presente. 

No me abandones, te lo ruego, no te alejes de mí.

Si me piensas, envíame una mañana bella

para recordarme que estas aquí.

Si sonríes, invítame a sonreír igual.

Déjame respirarte profundamente.  

Si estoy perdida, encuéntrame.

En tus sutiles formas, háblame, Señor

e indícame los pasos que me lleven hacia ti.

No dejes que me pierda las maravillas de ti.

Cuéntame los secretos de tu mundo

aunque no los entienda, yo te creeré.

Oh Señor, en ti confío, me repito.

Háblame quedito… yo te escucharé.  

 
  

 

 
 

miércoles, 5 de septiembre de 2012

martes, 8 de mayo de 2012

EL CUMPLEAÑOS



Esta mañana me miré en el espejo detenidamente. Vislumbré un par de arrugas que no había antes debajo de mis ojos; deslicé mis dedos una y otra vez para ver si lograba aplanarlas, pero no tuve éxito alguno. Me atiborré el semblante de crema anti-edad y deseé que nadie me viera hasta que mi piel hubiera absorbido toda la crema y mis arrugas hubieran desaparecido. No me hizo ninguna gracia que mi marido me llamara su “Cougar” cuando me miró parada frente al espejo; mi humor se amargó. Luego miré mis ojos castaños y me pregunté si realmente son ellos el reflejo de mi alma; igual sí con el paso de los años el alma se arruga también. Me levanté dubitante y reflexiva. 

Me canté las mañanitas yo misma porque nadie me las había cantado aún. Cuando bajé, abrí la ventana del patio y le pedí a Chente que me cantara con su hermosa voz, porque no hay nadie que entone las mañanitas mejor que él. Lo puse en repeat-mode y a todo volumen, hasta que me harté de él; por lo menos me canto unas diez veces. Después, puse a La Original Banda el limón en Pandora para que me consintiera por el resto del día. Mis vecinos debieron odiarme, pero fue mi manera sutil de vengarme de ellos por hacer sus fiestecitas a deshoras constantemente o por dejar que el reggaetón que escuchan sus hijos adolescentes (los vecinos de un lado)  o su música de negros (los vecinos del otro) retumbe en mis paredes esos días en los que trato de concentrarme y estudiar para mis exámenes.

Me recosté en el sofá y observé los rayos de sol que traspasaban el ventanal de mi pequeño patio. No todos los días se cumplen tres décadas, me pensé, sintiéndome un poco nostálgica y triste por la inminente perdida de mis veintes. Pensé en el gemelo y lo extrañé; lo imagine soplando las velitas de su pastel sin mí y a mí, soplando las velitas de mi pastel sin él. Recordé aquellos días en los que competíamos para ver quien apagaba el mayor número de velitas. Extrañé a mi familia y deseé que nos canten las mañanitas; extrañé también los pasteles de Bety Casellas de tres leches o de fresas hechos con merengue real y no con chantillí.

Después de un rato echada sin hacer más nada que mirar el techo y pensar en las diferentes posibilidades para convertirme en cangrejo o vampiro y así lograr la inmortalidad, resolví no pasar la mañana de mi treintavo cumpleaños pensando pendejadas y sintiéndome aislada del mundo cual monje ermitaño. Por eso me armé de valor para hacer mi aparición mágica por el mundo cibernético y enchufé mi vida al ordenador y al celular: me conecte al Facebook, al Messenger y al WhatsApp. Socialicé cuan largo fue el día; contesté todas las llamadas y mensajes con prontitud. Me pareció que era más divertido perder el tiempo en el ciberespacio. Aproveché la falta de responsabilidades y el exceso de tiempo este viernes para reanudar mi escritura que por meses había estado en el olvido. Mi humor cambió, aunque las arrugas de mi cara no desaparecieron.

Me deseé un feliz cumpleaños. Decidí que ya no cumpliría 25 años más, que ya era justo subir dignamente el escalón. Pensé que tal vez era mejor no luchar contra el tiempo, que tal vez, había que abrazarlo y dejarse llevar por él. No podía ser tan malo llegar a ese tercer nivel. Después de todo siempre es mejor acumular años y arrugarse como pasitas, a no llegar a viejo jamás.

Subiendo los peldaños juntos: ¡Feliz cumpleaños a ti, querido hermano, y también feliz cumpleaños a mí!

lunes, 20 de febrero de 2012

¿PODRÁS ENTENDER ESTE QUERER?

¿Cómo traspasar los límites de mi intimidad para desnudar mi alma ante ti y contarte sus secretos? ¿Cómo decirte que te quiero una y otra vez sin que mi cuerpo se pierda en el tuyo? ¿Cómo te cuento que quiero ser yo quien emocione a tu corazón y también quien lo apacigüe en sus días malos? ¿Cómo confieso que quiero hundirme eternamente en tu piel sin tocar fondo nunca; que quiero encallar en ti para siempre porque no hay otro sitio mejor donde yo quiera estar que contigo? ¿Cómo te explico que deseo anidar en tus protectores brazos que cobijan y suavemente acarician mi alma y la hacen feliz y le dan los motivos necesarios para vencer cualquier obstáculo que esta vida me presente? ¿Cómo hacerte saber que cuando aterrizo en tu cuerpo, no deseo despegar de él; que si acaso es necesario alzar el vuelo, que sólo lo haría si volamos juntos? ¡Qué no son tus labios, ni tu cuerpo, si no tu alma lo que me hace perderme en el abismo de tu mirada! ¿Cómo te digo que te amo? ¿Si te lo digo quedito en el oído o por un mensaje al celular o si lo subo a mi blog por Internet o lo publico en tu Facebook…podrás de algún modo entonces entender este querer?

miércoles, 11 de enero de 2012

EL MAYOR


Probablemente, seas tú el más curioso y el más atento al preguntarme por qué he llegado con las manos y la ropa llenas de manchas azules y después de que te cuente, te rías con esa risa burlona que sueles tener. Te respondo incluso antes de que nos veamos porque hay algo que quiero contarte y tarde o temprano, sé que estas letras llegarán a ti.

La voz poco entendible de una aeromoza a través de las bocinas del avión me obligó a apagar todo artículo electrónico porque el aterrizaje ya estaba próximo. No dudé en sacar un pedazo de papel y una pluma que robé de un mostrador de la aerolínea para contarte lo que había estado pensando acerca de ti. Sorpresa fue la mía cuando, no sé si por la desesperación o la emoción de las ideas que últimamente habían escaseado, la tinta salió intempestivamente, como una eyaculación precoz, antes de que me dé tiempo de plasmarla en palabras y con algo de coherencia en mi papel. Es así como me vi amarrada a una silla de avión, con un cinturón de seguridad que resultaría inútil en dado caso de necesitarse y quepoco podría hacer por mí si el avión llegase a estrellarse, y con tinta azul por todos lados; en las manos, la ropa y la mesita del avión. En todos lados menos en las hojas donde aquella tinta estaba destinada a escribir de ti.

Durante aquel siniestro aterrizaje, medité acerca de dos cosas importantes de esta vida que quiero compartirte y una anotación de la que más adelante encontrarás relación con todo esto que quiero decirte. Punto número uno: en este mundo, ya no se puede confiar en nada ni en nadie. ¡No es posible que hasta las cosas robadas vengan malas! Punto número dos: cuando viajes en un avión a 35 000 pies de altura, evita usar de esas plumas “baratonas”, se estallan. Mi fatídica anotación es que soy un desastre total o al menos, ejerzo una atracción fatal hacia el desastre, aunque eso no resulta ser un gran descubrimiento, y creo que especialmente tú siempre lo has sabido bien.

Volviendo al tema del que se trata todo este asunto: tu. Partamos del hecho que tú de niño fuiste medio bribón, bandido y pillo. Nunca fuiste buscapleitos pero sin duda alguna, no fuiste tampoco mediador y mucho menos, pacifista. No le tenías miedo a los pleitos, sigues sin tenerlo. Siempre elevaste con orgullo tu puño derecho a quien te provocaba, aunque algunas veces por tu corta estatura llevaras las de perder. Aún así, no recuerdo haberte visto nunca mal herido por un pleito callejero o estudiantil.

No está bien que lo diga, pero debo confesar que tu carácter peleonero, aunque hizo que en muchas ocasiones tú y yo peleáramos, me satisfizo en algunas otras, me dio calma, seguridad. Nunca te he dicho que resultó fascinantemente conveniente tener un hermano mayor con esas características, en las épocas de adolescencia cuando, probablemente y precisamente por la edad, el imán para meterme en problemas ejercía su mayor atracción. Yo era atrevida, imprudente, impulsiva, irrespetuosa; una muy mala combinación con el kilo de hormonas inquietas que la pubertad trajo consigo.

Yo me sentía orgullosa de tener un hermano mayor que estaba ahí para protegerme, de saberme segura que nadie me haría nada porque tú estabas ahí. Siempre que estoy contigo me siento así. Mis queridos amigos Andrés Broca y Janer Cobián, los chicos más altos de la escuela a los que recuerdo con tanto cariño fraternal, fueron la altura que a ti te hacía falta para encargarte de que
tu hermana, la revoltosa, estuviera siempre a salvo.Dios sabe bien y yo fui testigo que aquel instinto protector que ustedes tuvieron conmigo fue un perro rabioso que muchas veces ladró, pero que nunca tuvo que morder, o por lo menos morder fuerte, para mantenerme integra.

Quizá he madurado lo justo porque ahora no espero, ni deseo que le rompas a nadie la cara, ni amenaces en mi nombre, ni tenerte como guardaespaldas cada que esté en problemas, al menos…que fuera realmente y extremadamente necesario.

Necesario, como el otro día que me metí en aprietos por gritarle a unos niños negritos y decirles que les rompería la madre si no dejaban de patear a los patos del lago y de pegarles con un palo. Quiero que sepas que ese día cuando la imprudencia reinó de nuevo en mí como antaño, día del que quizá te cuente con más detalles en otro escrito, en otro tiempo, en otras circunstancias o en otro vuelo menos adverso, deseé que hubieras estado ahí conmigo, que todavía viviéramos en la misma ciudad, que vivieras cerca de mí para haber podido llamarte y que fueras a salvarme. Ese día descubrí que, sin importar cuántos años pasen o el grado de mi madurez, siempre seguiré metiéndome en problemas (¡Es mi naturaleza!) y cuando este en ellos, pensare en ti y añoraré al hermano mayor de aquellos tiempos cuando éramos chamacos, que siempre acudió a mi rescate y que estuvo ahí para defenderme a capa y espada de lo que fuera, sin dudarlo tan siquiera un solo instante.

Finalmente, después de dos largos vuelos (el segundo menos desastroso y más prolífero que el primero) estoy de nuevo aquí. Espero que se te haya quitado ese mal vicio de llegar tarde a todos
lados porque a mí no se me ha quitado el mío de meterme en problemas cuando no tengo nada que hacer. Te veo pronto.

Con amor,

Tú hermana la revoltosa.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

CORAZON DE POLLO

El aguacate esta de promoción. Esa es una razón suficiente y poderosa para que yo parase en el Subway que está camino a casa. Pedí un sandwichito de atún, con mucho aguacate. ¡Uno grande, por favor, one foot long!, le dije. Extrañamente ese día no tenía prisa alguna, por eso lo saboreé lentamente, mientras miraba sentada el tráfico amenazante que me esperaba al salir de ahí. Es tan fácil ser feliz cuando uno come: ¡Barriga llena, corazón super contento!



Alcancé a comer la mitad de aquel emparedado, lo que me obligo a permanecer más tiempo sentada de lo que había planeado. Había un misterio que yo no conocía, un misterio estaba a punto de develarse. Un hombre de mediana edad, de aspecto enfermizo y ojos desorbitados cruzo la puerta. Pregunto si alguien hablaba español, pero el dependiente de la tienda, de acento árabe, dijo que no. Yo, no dude en entrometerme, por lo que le ofrecí mi ayuda para que pudiera ordenar.



En dos minutos me contó su historia: que acababa de salir del hospital, que llevaba rato caminado, que tenía mucha hambre y sed y no tenía dinero para pagar. Toda la felicidad de mi corazón se vio ennegrecida y opacada cuando lo vi llorar. Brotaron lágrimas de sus ojos que lucieron aún más desorbitados que al principio. Me hablaba con desespero y angustia. Mi corazón se compungió, me sentía llorar junto con él: ¿Cómo podía yo estar tan feliz y tan llena, mientras alguien era tan miserable por tener el estómago vacío? Por momentos mientras me hablaba, sentí un ligero aliento alcohólico. Pero eso no me detuvo a ordenar otro sándwich grande para él. Me partió el alma verlo beber la soda con tanta rapidez. Presiento que aquél hombre mintió en parte de su historia, pero de una cosa pude estar segura: el pobre tenía hambre y estaba desesperado, su llanto le salió del alma. Y yo tengo el corazón de suficientemente de pollo, para que no me importe si su historia era inventada o no. 



Sentí que no sólo era hambre en el estomago lo que él tenía,  sino también hambre en el corazón. Recordé el versículo cuatro, del capítulo cuatro de Mateo: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". Por eso le conté un poquito de Dios cuando me preguntó porque hacía todo eso por él;  le pedí que nunca desconfiara de la providencia del Señor.  Deseó que sus hijas fueran como yo y el corazón se me hizo mierda un poco más. Sentí pena por él y por sus hijas. Nunca nadie debería de penar así, mucho menos sí se tiene hijos. Pensé en mis padres y pedí porque ellos nunca tuvieran que pasar por una situación así. No es tan difícil lo que Dios espera de nosotros, creo yo. El cuarto mandamiento es claro: “Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar” (Ex 20, 12). El hombre nunca debería abandonar a sus padres.



“Ser hombre, significa ser con los demás” y de acuerdo a Joseph Gevaert “en su significado más profundo y genuino, significa que el hombre no está nunca solo”. Es verdad que la definición del hombre debe basarse en cuanto a su relación con otros hombres, pero no en el sentido físico de estar acompañado o no, si no en cuanto a su capacidad de darse a los demás para dar y recibir amor. Dar amor nos dignifica como seres humanos y al mismo tiempo nos hace dignificar a los que nos rodean al recibir recíprocamente de ellos el amor que nosotros mismos les entregamos.



Aquél hombre zigzagueante siguió su camino con su sándwich en la mano. Yo seguí el mío, mientras lo veía hacerse chiquito por el espejo retrovisor. Yo sabía que tal vez al día siguiente él no se acordaría de mí, aun así yo esa noche recé por él. Lloré un poco su tristeza. Esperé que al menos se acordara del mensaje de Dios y se aferrara a Él. Al día siguiente me comí el sándwich con aguacate que me había sobrado el día anterior. Me supo mucho mejor.  Poco después decidí contar la historia que me hizo aceptar que soy una buena samaritana con corazón de pollo y confirmar la frase con la que firmo todos mis e-mails: La grandeza del alma radica en el amor que procuramos a las criaturas de Dios. Decidí contar la historia  de aquel hombre de ojos desorbitados y tristeza en el alma que me permitió entender lo que significa ser con los demás.

martes, 12 de julio de 2011

ALABANZAS AL SEÑOR

Breath es la nueva serie de Christ Fellowship. Yo me emociono, por eso comparto.

Presta un minuto atención a tu respirar. ¡Respira profundo! Llena tu cuerpo de oxigeno. ¡Exhala! Repite la operación.

Ahora piensa en un momento en tu alma. ¿El alma necesita respirar? ¿Cómo se le mantiene en buen estado? Las alabanzas a Dios oxigenan tu espíritu, como el aire a tu cuerpo. Respira profundo de nuevo e inhala las bendiciones que Dios tiene para ti. Exhala alabanzas en su nombre. Oxigena tu espíritu con su amor y demuestra todo este amor de regreso. Las alabanzas son una expresión de amor hacia Dios, es como lanzarle besos. No dejes que tu alma se llene de apatía.

¿Tienes dos minutos más para cantar conmigo? Cántale y contagia a alguien más.

http://www.youtube.com/watch?v=rGgX_oqdib4



PD: Déjalo entrar en tu corazón, Él es pequeño como brisa suave, sencillo como una sonrisa, niña...

lunes, 13 de junio de 2011

LA OCIOSIDAD ES LA MADRE DE TODOS LOS VICIOS…



¿Cómo no se me ocurrió eso a mí? Creo que a todos, alguna vez nos ha pasado ese pensamiento por la mente, mientras odiamos al maldito o maldita que se le ocurrió fascinante idea antes que a nosotros. Suele pasar. Es indiscutible, que hay gente con una tendencia mayor que otros a generar ideas brillantes. Pero ¿A qué se debe esto?

Hablemos un poco acerca de la creatividad. Ser creativo significa ser original, hacer las cosas de manera diferente, novedosa, única y yo diría que hasta cierto punto, un poco atrevida. Creatividad es la capacidad de dar origen a cosas nuevas y valiosas y la capacidad de encontrar nuevos y mejores modos de hacer las cosas, de acuerdo a la definición de Mauro Rodríguez Estrada.

Cierto es que la creatividad no debe ser exclusiva de artistas o inventores; por el contrario, aprendiendo a ser creativos podemos resolver, no sólo los grandes problemas y enigmas de nuestras vidas, sino también los pequeños (pero que a veces dan tantos dolores de cabeza como los grandes) problemas del día a día.

Mucha gente piensa que la creatividad es algo innato o heredado que algunas personas traen consigo al nacer y otras no; que es cuestión de suerte tenerla; que sólo se tiene cuando las musas y las hadas de la inspiración te visitan.

Mi maestro preferido de la universidad, el maestro de creatividad Germán León Lara no se cansaba de repetirnos las palabras sabias de Tomás Alba Edison: “El genio es un uno por ciento de inspiración y un noventa y nueve por ciento de sudor”. Es verdad que no hay hadas, ni musas (más que en los cuentos de fantasías) que traigan la respuesta perfecta o la fórmula mágica solucionadora de problemas. Tampoco es cuestión de suerte o echarse un volado la respuesta para ser creativos. Es cuestión de sudor, de trabajo duro y constante.

Pero es necesario mencionar otro factor en la fórmula: el refuerzo a la creatividad. Haciendo un análisis de la creatividad en términos de aprendizaje operante, resulta más sencillo entender la relación que hay entre el refuerzo y el aumento de la creatividad. El trabajo duro, per se, no va a crear soluciones creativas. La creatividad, como cualquier otro comportamiento que se desea que ocurra y repita, necesita reforzarse. Si lo que se quiere es aumentar la creatividad en la gente, es importante que lo que se refuerce sean los comportamientos creativos y no en sí la mera realización del trabajo o actividad. Es necesario crear una contingencia o dependencia entre las recompensas y el comportamiento creativo; entendiéndose que no hay “premio o alabanza”, si los resultados, tareas, comportamientos, etc. resultan ser convencionales, poco innovadores, faltos de ingenio, etc.

El pensamiento divergente, suave, lateral no es difícil de alcanzar; pero hay que procurarlo, hasta llegar al punto de hacerlo vicio. La creatividad puede ser un vicio, cuando la usamos frecuentemente y en exceso, sobre todo, si ofrece recompensas positivas. No hay nada de malo en volverse un vicioso, si entendemos que vicio, de acuerdo a la RAE, es todo gusto especial o demasiado apetito de algo, que incita a usarlo frecuentemente y con exceso. La ociosidad es la madre de todos los vicios, dice el dicho popular. Pero siendo un poquito viciosos y divergentes en pensamiento, podríamos decir que la ociosidad es la madre de todos los vicios, incluida la creatividad. Aplicando las técnicas de reforzamiento recién adquiridas (Nunca pensé que yo diría esto) me atrevo a decir: ¡Viva los vicios y los viciosos! y corrigiéndome un poquito para que esto no suene tan mal, ¡Viva la creatividad y los viciosos creativos!

miércoles, 25 de mayo de 2011

VIRGEN MORENA



Ella es pequeña y delicada de porte. Con algunos rasgos indios: Su cabellera es tan oscura como su piel morena, aunque su semblante luce dulce, fresco, suave. Su cabello está lleno de estrellas y constelaciones, brilla tanto que su resplandor se refleja en su manto de cielo. Un color de cielo nunca antes visto; un poco azul, un poco verde, un poco aguamarina. Su túnica color de tierra cela un precioso secreto que para las reglas sociales de la época sólo puede revelarse con la cinta morada oscura amarrada al vientre: está embarazada, “en cinta”. Ella es la luna y el fruto de su vientre, es el sol que destella rayos luminosos para ella, formando un halo a su alrededor.

Se llama Coatlaxopeuh (se pronuncia Quatlasupe). En español significa: “la que aplasta la serpiente” (Coa significando serpiente, tla el artículo "la", mientras xopeuh significa aplastar). De nombre náhuatl como su lengua, como su piel. Aunque su nombre más conocido en la actualidad, se debe precisamente a los frailes españoles de la época prehispánica, quienes a sus oídos escucharon en el vocablo Náhuatl Coatlaxopeuh (Quatlasupe), el nombre de la virgen española de Extremadura: Guadalupe.

Esta es su historia: Ella se le aparece a Juan Diego varias veces y le habla en Náhuatl con palabras amables y bondadosas.

1) Desea un templo en ese cerro por lo que lo manda con el obispo de México: "Juanito, el más pequeño de mis hijos, ¿a dónde vas?... sabe y ten entendido, tú el más pequeño de mis hijos, que yo soy la siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive; del Creador cabe quien está todo; Señor del cielo y de la tierra. Deseo vivamente que se me erija aquí un templo, para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa pues yo soy vuestra piadosa madre.”

2) El obispo no le cree a Juanito. Él siente que es demasiado poco para ser escuchado (“Yo soy un hombrecillo, soy un cordel, soy una escalerilla de tablas, soy cola, soy hoja, soy gente menuda”). La virgen se le aparece de nuevo.

"Oye, hijo mío el más pequeño, ten entendido que son muchos mis servidores y mensajeros, a quienes puedo encargar que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad; pero es de todo punto preciso que tú mismo solicites y ayudes y que con tu mediación se cumpla mi voluntad. Mucho te ruego, hijo mío el más pequeño, y con rigor te mando, que otra vez vayas mañana a ver al obispo. Dale parte en mi nombre y hazle saber por enero mi voluntad, que tiene que poner por obra el templo que le pido."
3) Por segunda vez, el Obispo no le cree a Juan y le pide una señal. Juan Diego se entera que su tío Bernardino está muy grave y le pide le lleve un sacerdote para confesarse. Al día siguiente, Juan Diego toma otro camino para que no lo detuviera la virgen. Pero ella, se le aparece en el camino.

“Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige, no se turbe tu corazón, no temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad y angustia. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo? ¿Qué más has menester? No te apene ni te inquiete otra cosa; no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella: está seguro que ya sanó... Sube, hijo mío el más pequeño, a la cumbre del cerrillo, allí donde me viste y te di órdenes, hallarás que hay diferentes flores; córtalas, júntalas, recógelas; en seguida baja y tráelas a mi presencia.”
“Hijo mío el más pequeño, esta diversidad de rosas es la prueba y señal que llevarás al obispo.”

El resto de la historia es bien conocida; al desenvolver Juan Diego su manta, se esparcieron por el suelo todas las diferentes rosas de Castilla y apareció dibujada en la manta la imagen de la Virgen de Guadalupe como la conocemos en la actualidad.

En algún momento de mi vida, la historia fue contada de manera diferente. En un salón de clases de psicología del mexicano, se nos hizo creer a muchos que la virgen de Guadalupe era un ejemplo de antropomorfismo y un buen invento para ayudar a los misioneros españoles en la evangelización del nuevo continente.

Quizá es un poco tarde y quizá el medio el incorrecto para externarle a la maestra Paty Ancona algunos de mis pensamientos contradictorios acerca de sus enseñanzas. Quizá, a este punto, ni siquiera le interese saber lo que una de sus ex-alumnas piensa. Aún así, creo después de todo, que no estoy tan tarde para defender los dogmas de mi fe.

En principio, entendiendo que una enseñanza laica, como la de las escuelas públicas (incluida la de la Facultad De Contaduría y Administración de la UADY), debe no sólo mantener una independencia con respecto a cualquier creencia o práctica religiosas, lo que incluye opiniones a favor o en contra de ciertos íconos e ideas religiosos, sino que además debe procurar y mantener un respeto para dichas creencias y prácticas religiosas. La laicidad de la educación no debe crear hostilidad o indiferencia contra ninguna religión o iglesia.

En segundo, aunque creo que la mayoría de las ideas pueden ser evaluadas bajo las reglas de la lógica, evidencia y el método científico, también creo, que muy pocas son aquellas ideas que no necesitan una prueba empírica tales como son las creencias religiosas y los valores personales que, se sostienen en la fe.

Basada en mis ideas refutables por el método científico, creo en Dios. Creo que Él nos habla de distintas maneras, en distintas formas, lenguas y en distintos tiempos y lugares para que le entendamos. Que sus maneras de manifestarse son incontables. Creo que Dios no tiene color de piel, ni lengua oficial alguna más que la lengua del amor. También creo que a Dios no le interesa ser aprobado en una hipótesis, ni convertirse en teoría porque hace falta no inteligencia sino, mucha humildad en el corazón para escucharle y entenderle cuando nos habla. Creo que nunca es tarde para encontrar a Dios. Creo también, en la Virgen María de Guadalupe. Que el mensaje que nos trae, viene de parte de Dios. Creo que como cualquier madre, ella intercede, ayuda y defiende a cualquiera de sus hijos. También creo que la primavera es un buen pretexto para creer en ella y así, celebrarla junto a sus rosas de Castilla que hizo aparecer en el cerro de Tepeyac.

AMEN.

jueves, 14 de abril de 2011

DEL AMOR Y SUS FACETAS

“El amor es un arte que nunca se aprende y siempre se sabe” Benito Pérez Galdós

Nunca ha sido fácil hablar del amor. Hacerlo implicaría entenderlo, por lo menos un poco. Yo no lo entiendo nada, pero me lo imagino como un poliedro; sí de esas figuritas geométricas que tienen muchas caras. Así es el amor, con muchas facetas.

Quizá todos debiéramos saber que el amor es un niño caprichoso y desnudo que corre armado y apunta aquí y apunta allá y dispara al azar. Que venda tus ojos y te gira mil veces y te marea porque siente ganas de jugar a ponerle la cola al burro.

A veces, el amor es un monstruillo que atrapa con sus garras tentadoras y una vez que te tiene, no libera. Hace la finta una y otra vez porque le entretiene, pero no quiere dejarte ir. Nunca lo hará. Es en ocasiones, un joven lanza piedritas de la ventana sin balcón. Quiere entrar y cuando lo hace, canta una canción romántica al oído y te hace bailar y así, caer y caer en sus redes llenas de deseos seductores y ganas impropias de hacer el amor.

El amor es un loco que ríe a carcajadas, que brinca y baila y contagia y te hace creer que no hay, ni habrá espacio nunca para la tristeza: ¡qué se vaya al diablo!, te dice en secreto y toma tu mano y te hace reír y creer que todo es verdad; que la felicidad es para siempre y que eres tú el personaje protagónico del cuento que no es de hadas.

Es acaso, un ladrón que al pasar junto a ti, roba tu alma y juega con ella, la tira al aire repetidas veces, la vuela como papalote, la enamora y le hace caricias suaves, la besa hasta el cansancio. Luego, la guarda en su bolsillo para mantenerla a salvo. ¡Devuélveme mi alma, por favor! Yo le grito, pero se niega rotundamente.

Me sonríe. Le parece divertido tenerme así: en ascuas, desalmada, sin aliento. El amor te roba el aliento y si puede, mil suspiros. Nunca pregunta, ni pide permiso, es maleducado.

Es un brujo, un hechicero que hace conjuros y embelesos y un poco de brujería cuando es necesario. Los amarres son sus preferidos y cuando los hace, te deja sin voluntad alguna, más que para amalo; hace que sólo tengas ojos para él. En uno de sus embelesos te obliga a cambiarle revuelcos por tickets al cielo. ¡Garantizado o le devolveremos el revuelco!, se ufana el desgraciado.

El amor es también un mal que da mucha calentura y ganas de quedarse en cama. De nada han servido los trapitos húmedos, ni las aspirinas. Es como un cáncer en el alma: crece de manera exponencial y sin control. ¿Cómo se cura uno de estar enamorado? No se cura, tampoco mata, dice el especialista. El amor es un mal, es un mal necesario.

Así es el amor: un niño juguetón, un monstruo que atrapa, un joven seductor, un loco sin razón, un ladrón de almas, un brujo hechicero, un mal deseable e incurable. De múltiples facetas, difícil de entender. Pero a veces es mejor así…

domingo, 23 de enero de 2011

LOS TRES HOMBRES SABIOS: LOS REYES MAGOS



Este año traicioné a Santa. No hubo carta para el botijón, ni si quiera pasa saludarlo. Aunque dejé por si acaso un par de galletas simplonas; sin azúcar, ni chispas de chocolate, y un vaso de leche de soya sabor vainilla. Me tomé esa libertad porque me preocupa su sobrepeso y sobre todo, aquí entre nos, porque no quería a nadie pedorreandose en mi casa. A los renos les dejé un poco de hierba de gato seca, esperando que pierdan cordura y sean felices como los son mis mininos cuando les doy.

El día de la víspera de navidad, manejando de regreso del trabajo, una luz brillante apareció en el cielo; parecía una estrella fugaz, sólo que se movía lentamente. Me pregunté si pudiera haber sido un helicóptero policiaco buscando a un niño perdido, pero entonces, me di cuenta que Él no estaba perdido, sólo no había nacido. Esperábamos por Él. Pensé que en vez de reyes magos, agentes del FBI lo buscarían. Yo no seguí esa luz de mi camino, nunca he sido sabia y mucho menos, atenta de las señales

En la bolsa de mi última compra navideña, en su empaque original y a mitad de precio, un pequeño de ojos hermosos llenos de esperanza y amor, aguardaba su momento de brillar. Fue bienvenido a mi hogar con la mayor alegría. La almohada (incluida) de tela fina y detalles dorados no lograba representar la verdadera realidad de un nacimiento que fue en extrema pobreza y humildad, en un pesebre sobre una cama de paja improvisada. Empero, representaba grandeza, era la almohada digna de un rey: el rey de los judíos, el hijo de Dios, por eso se la dejé.

Alguien me dijo que los reyes magos llegan en enero a conocer al niño Jesús. Que también vienen a traer regalos. Yo planeo la mejor forma de congraciarme con ellos. Melchor, Gaspar y Baltasar. Tres son multitud, pero bienvenidos a mi hogar. ¿Me pregunto si traerán más regalos que Santa? ¿Si les gustarán las galletitas con chispas de chocolate? ¿Qué comerán sus camellos?

El chocolate caliente hace espuma y se reboza de la lechera de estaño. Una rosca de reyes espera en la mesa de la cocina. Quien saque muñequito (niño Dios) será su padrino para presentarlo a la iglesia el día de la candelaria (2 de febrero), luego dará los tamales. Deseo que sean estilo México; también, no ser yo la que tenga que pagar por ellos. De ser necesario me comeré el muñequito.

Mientras doy grandes bocados de pan, recojo poco a poco los adornos navideños con forma de santa, renos, muñecos de nieve. Cuando recojo el nacimiento, miro a la sagrada familia y luego con detenimiento, a los reyes magos. Bebo un poco más de chocolate y brindo por esos hombres que en realidad no fueron ni reyes, ni magos, si no más bien sacerdotes de la casta medo-persa. Brindo por ellos porque fueron, por sobre todo, hombres sabios (three wise man) capaces de reconocer que en una tierra lejana, en condiciones económicas muy distintas a las de ellos y en una religión diferente a la suya, el mesías había por fin llegado y supieron aceptar sin dudas, ni escepticismos a Jesucristo como el hijo Dios.

APARTADO DE LA AZAÑA PARA CONSEGUIR ROSCA DE REYES

El año comienza con un par de libras de más por los excesos navideños. Un par de libras que ignoro porque espero pronto regresar a mi rutina de correr. También porque la rosca de reyes traída de Homestead (una ciudad cerca de Miami, donde se presume viven muchos Mexicanos) me invita a saborear sin penas aquel tesoro que con tanto trabajo y penas conseguí. Con cada milla que recorría al sur, el sol se escondía más en el horizonte. El barrio no era el más fino. No hubiera llegado nunca sin el GPS. Yo, como algunas otras veces, imprudente, ignorante, atrevida.

La panadería era un lugar pequeño y no muy iluminado, pero estaba llena de panes diferentes y roscas de varios tamaños que me emocionaban. Olía a México. Por eso tome mi bandeja y la llene de panes (conchitas, orejas, polvorones) que me recordaron a los de “La Perlita”. La panadería estaba llena de mexicanitos: tuve que hacer cola para pagar. Cuando llegó mi turno, el muchacho que atendía se sorprendió al ver el tumulto de mi bandeja, pero respondió amablemente a mi sonrisa dándome la rosca más grande que había. ¡Dos!, señalé con mis deditos, pero él ya no parecía sorprendido. Mucho menos después de mirar de soslayo mi panza prominente.

Al salir, también me sentí como en México. Caminaba hacia mi carro como un pavo de doble pechuga, y no era precisamente mi sostén nuevo de Victoria’s Secrete que a duras penas alcanza una talla “B” lo que me hacía sentirme así. Eran las dos cajas y la bolsa llena de carbohidratos y azúcar que mis cortos brazos apenas podían cargar y me hacían sentir, no sólo que si no me apuraba a llegar al carro algo caería al suelo, sino también, orgullosa de mi compra y especialmente, de mi misma por haber llegado hasta ese lujar lejano sin ninguna compañía. Fue cerca del carro cuando pasó lo inesperado: El “naquete” de la camioneta me echó un silbido y su compañero “sombrerudo”, un par de besitos. No me atreví a mentarles la madre: me sentí en terrenos peligrosos, pero les hice mueca de asco y me metí rápidamente a mi carro, lanzando las roscas y el pan en el asiento del copiloto y deseando que prendiera mi cacharro a la primera, por si tenía que salir huyendo como alma que lleva el diablo. Puse los seguros al instante. Debí pasarle mi adrenalina porque encendió sin contratiempos. Al prender las luces, vislumbre a un par de hombres que caminaban erráticamente hacia mí. Coño, deseé no haber ido sola a ese lugar. Casi me los llevo al retroceder. Uno de ellos en un inglés mal hablado se disculpó por haberse atravesado así. Yo ignoré sus disculpas. Juré no volver más a ese lugar feo y lleno de…Paisanos. Me fui de ahí con un acelerón que me hizo pensar que si algún borracho más se me cruzaba, no sería tan prudente de frenar. Total, la prudencia nunca ha sido mi mejor aliada y yo sentía que debía huir, correr, no mirar atrás; me sentía como un animal salvaje que acababa de liberarse, por algún hecho favorable del destino, de su presa cazadora.

En el camino de regreso comí un pan y luego, otro. Luego robé parte de los adornos de la rosca de reyes sin importar las represalias futuras. El pan todavía calientito, me supo a gloria y el olor que emanó en mi carro me hizo olvidar lo sucedido. Pensé: tal vez vuelva pronto a ese lugar después de todo.

viernes, 31 de diciembre de 2010

MIS MEJORES DESEOS PARA TI

Que no falte nada importante. Que si sobra, sea amor. Que pocas sean las pruebas de Dios para ti y muchas sus bendiciones. Que entiendas que Dios da, pero también quita: que aprendas a decir gracias y amén. Que en tus mejores y peores momentos te des cuenta que lo único que necesitas es a Dios. Que tu corazón nunca sea indiferente a las injusticias. Que mi amor por los animales te contagie un poquito, tan sólo un poquito. Que te deje de gustar la carne. Que alguien siempre rece y pida por ti. Que te enteres que la oración es la debilidad de Dios (si puedes reza por mí). Que descubras que la felicidad es más fácil de alcanzar de lo que creías. Que no olvides que te llevo siempre en mi corazón.

Esos son mis mejores deseos para ti. Con mucho cariño.

Jo

jueves, 11 de noviembre de 2010

AL VOLANTE


Espinoza-Paz empieza a hablarme con voz queda, con un dejo de enfado, con lentitud; cuando la música comienza, me manda al diablo con la calma que no amerita el caso, dice que ya no soy su otra mitad. Luego, El chapo de Sinaloa, con esa voz extraña que lo caracteriza, canta en mis oídos palabras lascivas e impropias que en un momento dado me hubieren hecho sonrojar. Yo hago coro con el volumen al máximo para que mi voz se funda, o debo decir más bien se confunda, entre esas voces masculinas que pienso, me cantan a mí. Llevo las ventanas abiertas para que mis berridos se pierdan al aire y porque en cierto modo malicioso, disfruto mostrarle al mundo que me importa un bledo si mi música les parece displicente. Mi pie, sobre el acelerador, lleva la batuta al ritmo de las canciones norteñas.

Me considero una buena persona, excepto cuando manejo. De algo tengo la certeza en este mundo: Si cuando muera voy al infierno, será por mi manera de conducir. Es impensable, no hay cabida para la bondad en mí mientras conduzco. Cómo sería eso posible si todos los días hay algún idiota al que se le ocurre chocar y alentar el tráfico para los que venimos detrás o hay algún zopenco que por estar “chateando” en su celular o distraído con alguna otra cosa, nos hace perder la luz verde, o peor aún, cambia de carril sin intención. Cómo imponer la inalterabilidad de las emociones, si nunca falta el imbécil que decide manejar despacio en la vía de alta velocidad o que decide doblar, sin avisar. “El problema de los pendejos es que son muchos”, me decía confiadamente el maestro Germán, sin pensar que algún día citaría sus sabias palabras entre comillas y a él como el autor.

No es paciencia lo que falta en la vía que considero mi pista de carreras, es que sobra la estupidez en sus calles; es que el tiempo resulta invariablemente medido, por no decir exacto, mientras manejo a una velocidad constante que necesita ser rápida para llegar a tiempo. Es el demonio que pareciera apoderarse de mí al momento que mis manos se posan en el precioso y brillante volante del automóvil: un demonio que no me deja ceder nunca el paso; que me obliga a rebasar con zigzagueos constantes; que me hace recordar la vasta lista de palabrotas ordinarias, impúdicas y pendencieras que me sé; que me hace olvidar a la buena cristiana, que cuando estoy fuera del automóvil, intento ser. Un demonio que la colgante crucecita de San Benedicto de mi moderno celular bebería exorcizar, a como dé lugar.

Creo que Bart Simpson, aunque de filosofía poco profunda, siempre resultó un personaje sensato: “La última esperanza de un bribón, es la fe”. Puede que Bart tuviera razón. Por eso, pienso que debería tomar algunas precauciones como usar un escapulario ya que promete al devoto mariano corta estadía en el purgatorio después de morir; pienso que debería encomendarme a San Cristóbal porque aunque no soy camionera, manejo como tal; sobre todo, pienso que debería no sólo rezar de vez en vez el rosario que cuelga en mi espejo retrovisor, si no entender que no está ahí nada más para adornar.

No soy una buena persona mientras manejo, excepto en los meses de noviembre. Noviembre con su clima benévolo que no da ni frío, ni calor si no sólo una brisa suave y apacible que relaja y acaricia hasta mi alma, me hace sentir una mujer diferente; me hace sentir que puedo ser una buena ciudadana, ejemplo de una conductora modelo. No es el oficial con su pistola de radar, si no el céfiro de noviembre lo que me hace bajar la velocidad, lo que me hace no sentir esa prisa por llegar de primero o de estar tarde. Es el mes de noviembre cuando me lleno de calma que le doy un respiro a mis pobres compañeros de ruta; cuando deseo que todos los meses fueran como éste para no ser más un producto del ímpetu y la adicción a la adrenalina y la velocidad.

En noviembre cuando manejo sin prisas, cuando canto desentonada y mi pie no sigue el ritmo acelerado de las bandas musicales norteñas, agradezco a mi ángel de la guarda que siempre vuela a mi paso presuroso y se excede, junto conmigo, los límites de velocidad para no desampararme. Toco madera tres veces y doy gracias de estar siempre protegida sea el mes que fuera, sin importar lo atrevido de mis actos al volante y sobre todo, sin importar que a veces resulto no ser siempre la buena persona que debiera.

domingo, 12 de septiembre de 2010

COME, REZA, AMA...DUERME



Yo a ella le creo siempre, como si todo lo que me dice fuera verdad. No sé si es la elocuencia de sus palabras o simplemente su carcajada sincera que me invita a reír tanto cuando la escucho. No sé si dice la verdad o no. Aunque eso no importa: yo me lo trago todo. La autora del libro, Elizabeth Gilbert, no se equivoco con sus inteligentes y profundas palabras. Los productores de la película, Brad Pitt y Dede Gardner, tampoco lo hicieron con la actriz que escogieron para hacer el papel de Liz: Julia Roberts. Hoy, en esta película, ella me habla con filosofía: come, reza, ama. Le creo cuando me muestra que un lugar placentero para comer y tener una relación amorosa con tu comida, sin duda es Italia. Que la oración es poderosa y la India es un lugar propicio para hablar con Dios. También, que en Bali se puede no sólo encontrar paz interior, sino que también se puede encontrar de ese amor verdadero, puro y ciego, aunque sea feo…muy feo.

Para mí uno de los grandes placeres de la vida es comer. Por lo general, suelo ser bastante compasiva con los animales. Por eso, cuando de alimentación se trata, resulto ser irritablemente meticulosa: trato de evitar las carnes lo mayor posible y cuando las compro, me aseguro que sean orgánicas. Pero creo que las carnes no son la única fuente de placer alimenticia. A mí, me causa placer morder una pera dulce y sentir sus aromas mientras se hace agua en mi boca, me fascina el sabor de las moras azules y las cerezas congeladas mientras se descongelan en mi lengua. Tomar leche de soya con guayaba (¡Ese olor enervante de la guayaba!) o licuado de mamey. Comer queso con ajo horneado y pan. Calabaza entomatada con frijoles refritos o la variedad de tubérculos en sus diferentes tamaños y formas. ¡Uy, creo que ya me emocioné! ¿A quién no se le antoja un cheescake con mermelada de naranja o zarzamora encima o una barra de chocolate con almendras, pasas y arándano? No se diga nada de los camarones a la plancha o de empanizado con coco. Con estos últimos, no puedo negar que al comerlos, me siento como Ursula (el personaje malévolo y perverso de la Sirenita) comiéndome esas almas en desgracia: sin remordimientos, ni culpas y a montón. Claro, la frase que viene a mi mente en ningún caso podría aplicar sin consecuencias catastróficas: come como si fuera el último día de tu vida. En la película se sugiere la idea de comer sin culpas, ni preocupaciones. Yo creo que la clave del placer de la comida sin que la báscula vaya en aumento en cifras galopantes reside en alimentarse sin culpas, con variedad y sobretodo, con moderación.

Pero sin duda el mensaje importante de la autora no radica en que te debatas entre embutirte de comida o no. Es el vacío existencial que acongoja a nuestra sociedad moderna, el detalle más apremiante. ¿Qué puede llevar a una mujer que aparentemente no le hace falta nada (tiene marido que la ama, casa, carrera exitosa) a tirar todo por la borda? Ejemplos de este tipo hay de sobra: el esposo que se aburre de su mujer y su familia aparentemente perfectas y se busca una amante 20 años menor, el estudiante “modelo” de la escuela privada que decide drogarse, la ama de casa millonaria que cree que comprando y operándose el cuerpo para estar más bella va a encontrar la felicidad y cuando llega a casa llena de bolsas y con la cara restirada, se da cuenta que sigue tan vacía o peor…etc. Es la falta de Dios, la falta de contacto con él. Es tener el alma hueca. En realidad lo que nos diferencia de los animales no es la inteligencia (¡Me consta! Yo he conocido seres humanos que actúan como bestias y animales mucho más inteligentes que ellos). Lo es la capacidad de alabanza a Dios. Ningún animal tiene conciencia de Dios y mucho menos, de su alabanza. Hace falta acercarse más a Él. Hablarle, rezar. Pero hacerlo no como tarados canta-comerciales o loros que repiten sin tener idea de lo que se dice, incapaces de hallarle sentido alguno a la oración. El poder de la oración es fuerte, pero hay que tener a Dios en la conciencia y en el corazón para poder hablarle con verdadera intención. Dios no entra a la fuerza: Él todos los días, de mil maneras distintas nos habla, nos toca la puerta; nosotros somos los que lo ignoramos o peor aún, los que nos huimos de Él. Como bien se dice: no hay que correr de Dios, hay que correr hacia Él. Hace falta abrir las puertas de nuestra alma para dejarlo entrar. Con Él, el vacío se llena y se halla el sentido existencial que se nos ha perdido.

Por último y no de menor importancia esta amar. Si Dios cura el alma; un buen amor, es capaz de curar y dejar como nuevo el corazón. Hay amar sin medidas, sin reservas, ni avaricias. Sin reproches, ni quejas. Sin condiciones. Como si fuera la primera y la última vez. Amar como si nunca te hubieran lastimado, entregando el corazón en las manos del ser amado, sin pensar que este pueda dañarlo o peor aún, romperlo en añicos. Combínalo con un poco de placer mundano (que a nadie le cae mal) y la formula está casi lista. Yo creo que la autora olvido en la sección de amar, añadir el amor de familia y de amigos. No sólo hay que demostrar amor a la pareja, hay que hacerlo también con los hijos, con los padres, con los hermanos, con el prójimo. Todo esto crea un equilibrio perfecto en el apartado amar. Una de las cosas más maravillosas de este mundo es amar. No hay porque reprimir este sentimiento tan sublime bajo ninguna circunstancia o razón.

Yo incluiría una coma y un verbo más al título sin mayor explicación: dormir. Tengo la teoría de que la gente que duerme bien es más feliz. Por lo menos, yo lo soy.

Yo no creo que Julia, ni Elizabeth mientan. Hay que estar en paz con el cuerpo, en paz con tu alma y en paz con tu corazón. Ahí radica el secreto de la verdadera felicidad.

sábado, 10 de julio de 2010

LA FUSIÓN DE MUNDOS



¡Soy un peligro para las criaturas de Dios!

Yo creo que de las diferentes perspectivas que hay para conocer el alma humana, los actos de bondad no resultan ser tan definitorios como lo son los actos y las reacciones provocados por situaciones de alto estrés, donde el alma se queda sin defensas y afloran, de manera genuina, los verdaderos colores del alma.

Aquella noche, la lluvia azotaba fuerte mis cristales. Parecía tormenta, pero no estaba segura si lo era. Nunca veo el pronóstico del tiempo. Aún si lo viera, el de Miami, resulta siempre incierto, improbable, astuto. Estaba agotada por eso me volé un par de altos antes de la lluvia. Mi único fin era llegar a casa lo más pronto posible, a como diera lugar. La lluvia no sería impedimento. Mi visibilidad era nula, pero no detuve el carro. Debí. Todo pasó como en cámara lenta. ¡Qué inconsciente, el pobre!, ¡salirse así! Lo vi a lo lejos cruzarse en mi camino. Bueno, en realidad, no era tan lejos. El carro patinó, con cierto encanto yo bien diría, como una patinadora profesional de hielo. Viéndolo desde ese punto, el chillido de las llantas fue como un fondo musical aterrador. El incidente fue inevitable. El carro lo golpeo, le pasó encima, lo dejó tirado ahí. Yo pegué un grito ahogado, los ojos y el rostro se me llenaron de lágrimas al instante, mi mente quedó en blanco. Pero no detuve el automóvil. Del susto y ya sin intenciones, me volé un alto más. Llegué a casa antes de lo imaginado, hecha un mar de tormentos.

Ella, de niñas, nos llamaba princesas. No nos contaba cuentos, pero nos llenaba de libros, muchos de ellos. Él tampoco nos contaba nada, pero llenaba nuestros anaqueles de caricaturas de Walt-Disney, de todas las que salían. Libros y caricaturas: de princesas, doncellas y damiselas; de dragones furiosos que arrojaban fuego por sus fauces o brujas perversas que hacían maleficios; de príncipes buenmozo o encantados, magos, caballeros valientes, plebeyos o lacayos que pasaban mil aventuras en bosques floridos, desiertos áridos o mares coléricos; de historias de castillos de cristal, hielo o arena, de castillos mágicos que flotaban en el aire o se erguían en la cima de una colina hermosa. Nadie nos dijo que los cuentos aquellos, no eran realidad.

Ella, de niñas, nos llamaba princesas, pero nos crió de manera que supiéramos hacer de todo…no cómo las princesas. Desde muy pequeñas ella nos inculcó a la idea de ser independientes: aprendimos a preparar nuestros propios alimentos; a hacer lo necesario para que siempre tuviéramos ropa limpia (lavar, tender, doblar, planchar); a saber cómo mantener limpio un hogar ( y créanme cuando les digo que con cuatro mascotas nunca fue fácil); a pegar botones o meter dobladillos (que por cierto, odié y hasta la fecha sigo odiando hacer); a mantener un jardín hermoso y en general, yo diría que a trabajar duro para conseguir lo que queríamos y hasta para lo que no. Él nos ensenó actividades un poco más masculinas: a cambiar lámparas fundidas; a arreglar una llave que gotea; a cambiar tanques de gas o a prender el calentador; a cambiar los fusibles cuando se iba la luz; a matar (o sacar) esos animalejos (serpientes, iguanas) que buscaban refugio del maldito sol raja-piedras de nuestra calurosa tierra Yucateca y que se colaban cuando, por error, dejábamos la puerta de nuestro patio frondoso abierta.

Entre libros y caricaturas de fantasías y actividades prontas a nuestra edad, creo,
crecimos con dos realidades paralelas. Y en este mundo real donde, atiborrados de trabajo, no hay tiempo de nada más que correr, las series de libros del mundo de la fantasía como Harry Potter, Narnia, El señor de los anillos y recientemente Crepúsculo (Twilight), no sólo permiten momentos de escape fascinantes y mágicos, sino que, también, se han convertido en grandes obsesiones. Tantísimo como sus películas.

De acuerdo a la concepción freudiana la fantasía representa la realización de un deseo, sea este consciente o inconsciente. El grado de fascinación que me provocan ese mundo de fantasía y de magia es tal, que he llegado a preguntarme si la simpleza con la que se desarrolla el mundo real pueda provocar en mí el deseo inconsciente de vivir en un mundo que no existe más que en la imaginación, los libros y las películas. Viéndolo desde el punto de vista positivo, ignorando por completo cualquier patología psicológica, tomemos como cierta la teoría de que las fantasías son un ingrediente esencial y básico puesto en la mente del ser humano, como una meta a conquistar en su vida real.

La pregunta del millón es sí al hacer de la fantasía (algo que por naturaleza propia es irreal) una meta a seguir, resulta obvio entender que la meta será inalcanzable, al menos en el mundo real. Me pregunto si al involucrarnos por horas en la lectura o en el cine, nuestro subconsciente entiende que siempre el mundo real y el de la fantasía serán mundos paralelos porque los esquemas que definen a cada mundo no sólo no pueden conjugarse y confundirse, sino lo que resulta peor, chocan entre ellos.

Sin duda alguna y con pena ajena reconozco que la imagen del Facebook de mi amiga, donde aparece mi nombre “tagueado” es un ejemplo claro de lo que resultaría una catastrófica fusión de estos mundos tan distintos. En primer plano, en la mesa, Jazmín, Ariel (la sirenita), Cenicienta y Bella fuman y beben en excesos. Mulán duerme sobre la mesa con varias botellas tiradas junto a ella. Las ratoncitas fuman, toman y juegan póker en medio de la mesa. Una princesa, de la cual desconozco su identidad, aparece con una botella empinada en la boca y a su lado, la zapatilla de Cenicienta. En un segundo plano, se alcanza a ver a Pocahontas y Blancanieves aprendiendo a bailar el “tubo”. “Ladies Night” es titulada la sátira de las princesas. Mi amiga Sabrina responde riendo que es nuestro futuro. Yo también me rio al pensar que así serían los cuentos de princesas si la fusión de los mundos llegara a existir. Las princesas modernas, me burlo y me rio más.

Aquella noche de lluvia inquieta, bajo el estrés constante de mi corre-corre habitual conocí la parte oscura de mi alma en el momento que, cuando se requería de valentía, me ganó la cobardía y salí huyendo de la escena del crimen. Dejé aquel cuerpo inválido, inerte. Ni siquiera miré el retrovisor. El peor de mis temores fue que mis mundos se hubieran fusionado. Me aterroricé, ese pensamiento me volvió loca. Destino despiadado y acerbo que al beberlo de golpe me hizo desear que el mundo de la fantasía, que tanto adoraba y en el que había creído toda mi vida, no existiera más. Papá hubiera aplaudido, pero yo sabía que mamá y nené (mi hermana menor) nunca entenderían que el día en el que mi príncipe azul, mi príncipe encantando (en forma de sapo) saltó a mí para besarme y conquistar mi amor, yo lo dejé hecho mierda sobre el asfalto y salí huyendo de él como alma que llevaba el diablo.

La Fusion de los Mundos Paralelos (cont..)
Por Elizabeth Ojeda


Mientra esto sucedia, en la otra dimension, la del mundo paralelo, la lluvia habia arreciado tanto que le impedia totalmente la visibilidad a los conductores de los vehiculos y poco a poco los iba obligando a bajar la velocidad y a avanzar a paso de rueda, hasta llegar el momento de detenerlos totalmente.

De pronto, justo ahi, frente al semaforo cuyas luces difusas apenas se distiguian en el torrencial aguacero, un resplandor ilumino totalmente el area, como si hubiera caido un rayo, y la luz de mil bombillas iridiscentes iluminaron la escena trajica de la pbre criatura que acababa de ser atropellada y barrida sobre el pavimento, ciertamente, la del pobre sapo que se lanzara en salto suicida buscando romper el hechico que sobre el pesaba y le devolviera a su condicion real.

La luz era cegadora y deslumbrante y tintilaba como si miles de diamantes giraran en torbellino y lanzaran destellos de tonos multicolores, por momentos azulados, otros violaceos o carmesi, en ocasiones, dorados y esmaldinos, pero siempre en una danza fantastica que se extendia al universo entero. El silencio era imponente y magestuoso. Hasta las mismas gotas de la lluvia que caian lentamente, tambien habian enmudecido para no profonar la solemnidad de aquel momento y ahora se habian detenido en el aire y quedaron como flotando en una atmosfera congelada en el tiempo.

De pronto, comenzo todo a girar, como en un remolino, en torno a los restos de aquella pobre criatura y las mil chispas de colores iridiscentes comenzaron a tomar la forma de una escencia angelical de belleza indescriptible y unica, en tanto que una voz, mas dulce que cualquier voz que jamas pudiera escucharse, como si fuera el tanido de campanas celestiales, traspasaba el silencio de aquel instante eterno en que los dos universos paralelos, en el infinito, habian tenido un punto de interseccion:

"Criatura de la Luz, tu hechizo se ha roto y has recuperado tu alma por cuanto tu sacrificio ha salvado la vida de una mortal, de una de esas criaturas tan amadas por el Senor que fue capaz de ofrecer por ellas, su propia vida en la Cruz, que si tu no te hubieras lanzado bajo las llantas de su vehiculo, asi como venia manejando, como loca, hubiera sido ella la que hubiera terminado barrida en el asfalto de algun boulevard, y tu sabes Angel guardian, como se hubiera desgarrado de dolor, el Corazon de Nuestro Amado Señor"

Un instante y todo recobro su anterior velocidad, tiempo, espacio, forma y dimension y los mundos paralelos que por un instante se habian unido en un punto del infinito volvieron de nuevo a ser dos mundos paralelos en la inmensidad.

La lluvia siguio cayendo con estruendo, los rayos siguieron hendiendo la voluta celestial, los vehiculos siguieron circulando en el atestado carrefour y los conductores siguieron pisando el pedal del acelerador sin mirar atras.