lunes, 28 de enero de 2008

MI ENCUENTRO CON UN HADA MADRINA

Durante la carrera, mi producción literaria se vio, si no truncada, considerablemente disminuida, por la falta de tiempo debida a la exageración de las cargas de trabajo en equipo; los ensayos que en su mayoría terminaron siendo plagios de Internet que, estoy segura, los profesores nunca leían y por eso, no dijeron jamás nada al respecto; y las múltiples exposiciones a lo largo de los cursos, que fueron utilizadas como pretexto por los profesores, para no preparar su clase y que me permitieron, al final de mi carrera poder pararme frente a un grupo de cincuenta personas sin intimidarme ni un poquito, aun si no tenia ni la menor idea de qué diablos estaba hablando.

Tuve la mala suerte de no coincidir con una de las mejores maestras de comunicación que esa facultad tenía. En cambio, me toco el maestro más “barco” que me pudo tocar. Aprendí, a pesar del maestro. Pero algo aprendí. Si lo pienso bien, fueron dos cosas específicamente: la primera, que si hacías las tareas podías lucrar con ellas y vendérselas a tus compañeros simplemente con cambiar el orden de los párrafos; y la más importante, que la imaginación la podíamos dejar volar sin límites, hasta donde quisiéramos: así es como surgió esta historia.

Mi encuentro con un Hada Madrina

Todo empezó un sábado por la mañana cuando mis amigos de la facultad y yo, nos disponíamos a tomar el autobús, para ir al congreso internacional de emprendedores, en Cocoyoc, Morelos. Había mucho alboroto por la emoción de partir hacia la nueva aventura y todos los muchachos estábamos ansiosos ya, por aventar nuestras maletas y subirnos por fin al autobús. Todos formábamos una larga fila y entre los empujones, los golpazos, los gritos, las sonrisas, los abrazos y las despedidas, llamo mi atención una señora robusta, pomposa y de mirada acogedora, que observaba detenidamente como si buscara algo.

Su expresión cambio repentinamente, cuando sus ojos toparon con los míos: como si por fin hubiese hallado aquello que buscaba. Ella se acercó a mí y con tono cálido y sonriente me saludo: “¡Hola, niña Jo!”

¿Hola niña Jo?, me pregunté, sorprendida, al momento que le devolvía el saludo: “Buen día, señora, ¿Cómo le va? Disculpe, pero me pregunto cómo es que sabe usted mi nombre”.
Ella riendo y de una manera juguetona, señaló mi gafete.

-Je je je, que tonta soy, olvidé que lo traía puesto. A ver, dígame ¿Usted como se llama? Y ella, de una manera orgullosa, me contestó: “Pues, la gente suele llamarme Hada Madrina. Rápidamente, apreté los labios fuerte con mis dientes, para disimular la sonrisa burlona que iba a soltarme, debido a la respuesta inesperada. En esos momentos, lo único que puede pensar, era que quizá, se había olido algún “polvito mágico” o peor aun, que era alguna paciente de mi mamá, que se había escapado del hospital psiquiátrico.

Y con una risa que disimulaba burla e incredulidad, le respondí:

-Disculpe usted, pero las “Hadas Madrinas” (mientras decía estas palabras, levante las dos manos como haciendo la promesa scout y moví de arriba abajo los dedos índices y medios un par de veces) sólo existen en los cuentos de fantasías y, me temo decirle que, nosotros nos encontramos en la realidad. ¡Vamos, pellízquese un par de veces para que vea! O si quiere, yo le ayudo con eso. ¡Ah, ya sé! Seguramente es usted amiga de alguno de mis padres y me juega una bromita. ¡Dígame su nombre y con gusto, los saludaré de su parte!

-Mira niña, en verdad soy un Hada Madrina y he sido enviada para cuidar de ti- dijo insistente-. Es más, para probártelo te concederé tres deseos.

-Je je je, la broma es buena, pero creo que ha confundido los cuentos. Los genios son los que conceden tres deseos; las hadas madrinas, sólo uno. ¿Qué nunca vio Aladín y la lámpara maravillosa?

Y ella entusiasta y animosa, me insistió de nuevo:

-Bueno chiquilla, ¡que necia eres!, ¿a quién le dan pan, que llore? Tú no pierdes nada, escoge tus deseos y ya veras...

-Buen punto. No pierdo nada. ¿Tres deseos, dijo?

Y después de analizar un rato le dije:

-¡Mmm!, mis tres deseos serán: riqueza, amor y larga vida.

Ella por unos instantes pareció pensativa: “Has escogido tres deseos. De ellos uno es el más importante; ese, ese es el que te concederé”. Con un fuerte abrazo y una caricia en mi cabello se despidió de mí.

Yo, por un instante, sentí cierta desilusión por mis dos deseos robados, pero le devolví aquel afable abrazó al pensar en la agradable sensación que me dejó el hablar con ella. Y me quedé meditando mientras la veía alejarse de mí.

No llegué a saber su verdadero nombre, pero pensé en aquel momento tan curioso que acababa de vivir, en la plática, en los deseos... ¿El más importante? Y entonces, me los repetí uno por uno en voz baja, mientras los analizaba.

Riqueza. Qué gracioso, pero nunca especifiqué que tipo de ella: ¿Riqueza material?, ¿Financiera?, ¿Espiritual? Supongo que todas, pero para esas no necesito un Hada, pues las puedo lograr yo misma, con esfuerzo, empeño y dedicación.

Amor. ¿Importante? Ciertamente, pero, más que un deseo, debe ser una realidad. El amor, sólo se gana con amor.

¿Qué me queda? ¡Ah si! Larga vida. ¿Mas acaso, la vida, es un deseo qué un Hada Madrina pudiera conceder? Realmente lo dudo mucho, eso es un deseo concedido seguramente, por una fuerza mayor.

¿Deseos?, ¿hada Madrina?, ¿una más de los tantos locos que en este mundo hay? Supongo que nunca lo sabré, pero creo que siempre recordaré a aquella señora, porque me permitió darme cuenta, que aunque no era rica, no me hacía falta nada; que amaba y era amada; y sobre todo, que me encontraba viva y feliz. No estaba segura cuánto tiempo más se me permitiría vivir, ni ser amada, pero algo que si sabía y estaba segura, era que podía unir mis manos y así, entrelazadas, podía elevar una oración al cielo, dándole gracias al señor porque aún me permitía respirar y porque me había concedido una mañana más en la que pude, sin problemas, despertar.

Con esos pensamientos, me subí al autobús y sonreí al ver a mis amigos separándome un lugar, mientras las puertas se cerraban y avanzábamos hacia una nueva aventura más.

JKO

2 comentarios:

kjfl dijo...

uau interesante historia parecida a la mia todos dicen que fue un sueño pero yo no lo creo mi angel me visito y fue muy especial me dio a entender que no estoy sola que hay alguien que esta contigo y lo se jamas me ha pasado algo malo en la vida siempre protegida si te contara todo lo que he vivido yo salgo tranquila de mi casa porque se que el me cuida y sabre cuando sera mi hora quedo de venir por mi lo unico malo que no puedo recordar su nombre solo se que empiesa con d me lo dijo pero no escuche bien siempre me visita de alguna u otra forma cuando esperaba a mi bebe el estubo con migo a pesar que no lo vi fisicamente el estaba hay lo sentia caminar y sentarse en mi cama sentia sus cariños en mi pelo lamento no verlo ya no soy pura como antes solo lo siemto y aveces me juega alguna broma como esconderme mis cosas pero luego aparecen mi nena lo ve todos los dias y comversa con el yo la veo y me pongo feliz porque la cuida a ella tambien me gustaria verlo pero solo lo hare como el dijo la ultima vez cuando mi hora llegue

JOHANNA dijo...

kjfl

Gracias por tu comentario. Interesante lo que me cuentas. Mi maldita ada madrina no volvio jajaja.
Muchos saludo y gracias por visitarme =)