domingo, 17 de agosto de 2008

YO SÓLO QUIERO DORMIR

Mi vida es un libro abierto. El capitulo que vivo, el tres, segunda parte: Yo solo quiero dormir.

4:30 a.m. la hora de mayor odio del día: la alarma suena, se la “mento”. La apago. Un ratito más, le ruego; pero no escucha mis suplicas, se vuelve a prender. Me canta canciones de moda, le grito que se calle, pero no hace caso. Quisiera apretar el botón de dormir (para siempre). No me atrevo. ¡Mama, hoy no quiero ir a la escuela! Recuerdo el chiste aquel del joven que no tenía ganas de levantarse. Idiota, pero si tu eres el profesor, le contesta en replica su mamá. Yo sólo quiero dormir.

Hoy me decido hablar con mi jefa de la farmacia. Le pido mi renuncia temporal mientras están las olimpiadas. No me toma en serio. Me manda a trabajar. Le prometo contar mal en el inventario, seré la peor auditora. Tampoco me cree. ¡Que me vaya a trabajar! Recuerdo una frase: “Si el trabajo es salud, que sólo trabajen los enfermos”. A favor. Yo sólo quiero dormir.

Se avecina huracán. Deseo si llegase que se lleve con su paso al esposo de mi jefa. Molesta mucho. Tuvo suerte con el tornado que paso cerca de su casa. Salió ileso. Yo hubiera deseado que volara lejos, como Dorothy en el “Mago de Oz”, pero que no encontrara nunca el camino de regreso a casa. Maldigo su suerte. Yo, en el súper por jamón y queso porque no hay nada para desayunar. La gente hace compras de pánico. Me pregunto si debería preocuparme, pero no lo hago. Yo sólo quiero dormir.

El teléfono suena. No contesto, duermo. Suena el celular. Despierto con cuatro en la cama. Pateo a uno sin querer. Me maúlla, me muerde el pie. Encuentro el celular, lo maldigo. ¿“Allo”? (es la jefa). No, no quiero horas extras. Deseo que venga el huracán. Mi novio quiere hacer cosas. Le digo que no. Me incita al amor, insiste. ¡Que no!, grito enojada. Se enoja él igual. Trata de vengarse. Me hace “wedgie” (calzón chino). A mí no me importa nada. Yo sólo quiero dormir.

JKO

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